comandado por el capitán E. J. Smith, un experimentado marino con una larga carrera a sus espaldas y que había navegado más de dos millones de millas para la White Star Line. Era su último viaje antes de jubilarse, así que tomó especiales precauciones para asegurarse de que todo se desarrollaba normalmente.
Los precios de los billetes variaban ostensiblemente, desde las 870 libras esterlinas para un billete en primera clase, hasta las dos libras esterlinas para un billete en tercera clase. Por supuesto, la mayoría de pasajeros viajaban en tercera clase.
Tenía 29 calderas que alimentaban a dos motores de vapor de 30.000 HP y a una turbina de 16.000 HP. Combinados, propulsaban el navío a una velocidad de unos 22 nudos.