Sábado 2 de Febrero de 2008. 22 días antes del asesinato.
Nos pasamos todo el día de compras. Con la excusa del crucero íbamos a renovar un poco el armario. No me gusta comprar, a Marga le encanta. Cuando necesito algo entro en una tienda, lo pido y si me gusta y me satisface el precio, lo compro y me olvido del tema. Marga tiene otro estilo, le encanta mirar y preguntar. Siempre la acompaño y siempre termino aburrido. Entra en una tienda, mira, busca y pregunta, sigue mirando y sigue preguntando y cuando la persona que la atiende está convencida de que la venta está realizada, Marga dice que vale, que ya se lo pensara y si acaso ya volverá. Luego se inicia el mismo ritual en otra tienda y en una tercera,... Cuando ya estoy al borde de un ataque de nervios, regresa a una de las tiendas y se lleva lo que estaba buscando. Lo bueno de las grandes superficies comerciales es que las tiendas están juntas y no hay que caminar mucho para recorrerlas todas.
Otra de las peculiaridades de Marga es pedirme siempre opinión antes de elegir. Me muestra dos blusas y me pregunta cual me gusta más, si elijo la que ella prefiere no hay problema, pero si elijo la otra le va dando vueltas hasta que me hace cambiar de opinión y si sigo en mis trece entonces no me hace caso y compra la que en principio prefería. Muchas veces le he dicho que pedir mi opinión para terminar haciendo lo que le place es una tontería y una perdida absoluta de tiempo, pero ella sigue con su sistema ajena a mis comentarios.
Pasé el día más ensimismado en mis cavilaciones que haciendo caso a las preguntas de Marga, me limitaba a decir “este me gusta más”, “te favorece más ese”, “no te queda bien”,... y cosas por el estilo. Pero mi mente no estaba de compras,... a media mañana una posibilidad empezó a inquietarme: ¿y si todo era un montaje? ¿y si no había victima amenazada ni potencial asesino?
¿Era posible que alguien hubiera inventado tan maquiavélica historia solo para conseguir que nos embarcáramos en un crucero? Si la respuesta era afirmativa, ¿quién? y ¿por qué?. Si aceptaba que la nota era falsa cabían dos opciones: que las motivaciones del que estuviera urdiendo el montaje fueran buenas o malas.
En el primer caso ¿quién podría querer hacernos un regalo de esa índole y con tan peregrino sistema? Me vino a la mente la mentira que dije en la agencia de viajes; en ese momento lo dije para obtener información, pero ahora me inquietaba el hecho de que pudiera ser realmente alguna de ellas o incluso Marga, mi propia mujer, la que hubiera maquinado ese montaje. ¿las creía capaces de ello? El resto de mujeres de mediana edad de la familia residían en Burgos y Granada y eso las descartaba por completo. En cuanto a los amigos, lógicamente, era más fácil hacer pasar un camello por el ojo de una aguja a que alguno de ellos nos invitara a un viaje de ese tipo. En resumen, con buenas intenciones, solo podían quedar tres mujeres.
Estaba seguro que ni mi hermana ni mi suegra se atreverían a hacer algo así. Por lo menos no solas, pero si se ponían de acuerdo las cosas podían ser distintas. Claro que no era lógico que lo hicieran, por lo menos no en este momento. En una celebración especial, como fueron las bodas de plata, pudiera haber sido, pero ahora no había motivo alguno para un regalo y menos de ese tipo. A no ser que, además, hubiera intervenido Marga. Cuando finalizó el crucero del 2005 comentó que el barco le había sabido a poco, que, al dedicar casi todo el tiempo a las excursiones en las escalas, solo había podido pasar un día completo, el de navegación, a bordo y que se quedaba con ganas de barco. Entonces, quizás, sabiendo que el Holiday Dream dejaba de ser destinado al público hispano, quisiera despedirse del barco pasando otra semana en él. De hecho hubiera sido más sencillo que me lo hubiera dicho, porque yo no hubiera puesto ningún impedimento al crucero, pero, de nuevo quizás, lo había hablado con la familia y habían decidido darme esta enigmática sorpresa.
- El rojo me gusta más.- Respondí a su pregunta cuando abrió la cortina del probador y me preguntó que bikini le quedaba mejor.
Mirándola mientras comprobaba en el espejo si era mejor este bikini o el azul quise preguntarle si el crucero era también una sorpresa para ella o solo lo era para mí, pero decidí no hacerlo. Si no había intervenido no conseguiría más que preocuparla y si era cómplice ya lo sabía todo y me diría la verdad cuando considerara que en el juego había llegado hasta el punto donde quería tenerme.
La hipótesis no me convencía en absoluto y el dinero que acompañaba a la reserva me parecía completamente fuera de lugar. Es más todo estaba fuera de lugar si quería pensar que alguien de la familia estaba detrás del viaje.
Por otro lado si el que nos enviaba al Caribe tenía malas intenciones era como para preocuparse de verdad. Pero en ese caso ¿quien nos quería tan mal que podía dedicar tanto dinero y esfuerzos a la hipotética posibilidad de que embarcáramos en el crucero? Porque estaba claro que garantías de que aceptáramos el viaje no había ninguna y el dinero ya estaba en mis bolsillos.
Suponiendo que fuera una artimaña de alguien que quisiera que la victima fuera yo, no hacía falta mandarnos al otro lado del Atlántico, bastaba con controlar un poco la oficina para saber de mis esporádicas estancias los sábados por la mañana. Luego resultaría muy fácil sorprenderme en ese edificio medio vacío, acabar conmigo y huir sin dejar pistas. Si el motivo no resultaba evidente el caso quedaría sin resolver o archivado como un robo con homicidio. A no ser que nos quisieran a los dos con lo que la opción del asalto en la oficina ya no era del todo válida y sorprender sin dejar rastro también a Marga en una zona concurrida se volvía mucho más difícil.
Llegó mi turno y me tocaba probarme una colección de pantalones cortos. Mientras me ponía y quitaba prendas, bajo la supervisión de Marga, seguía con mis cavilaciones.
Alguien que quisiera acabar con la pareja de ex – detectives quizás pensara que conseguiría una mayor probabilidad de impunidad en una remota isla caribeña o a bordo del barco. Pero ese alguien tenía que odiarnos mucho para tardar tanto tiempo en decidirse a actuar. O a lo mejor acababa de salir de la cárcel y por eso no lo había hecho antes. Pero, ¿había ido alguien a la cárcel con una pena tan elevada en alguno de los casos resueltos por nosotros? No lo creía, la mayoría de nuestros casos terminaban en peticiones de divorcio o en acuerdos económicos entre empresas. También habíamos recuperado antigüedades robadas, localizado personas que intentaban desaparecer, ... cosas por el estilo, pero nada que pudiera terminar en una sentencia carcelaria. Entonces tenía que ser alguien a quien hubiéramos perjudicado mucho y fuera capaz de dejar pasar años antes de vengarse. Alguien que deseara con todas sus fuerzas nuestra muerte, pues dudo que quisiera llevarnos tan lejos para simplemente decirnos que habíamos sido malos, muy malos.
Ahora una chaqueta para la noche de gala, traje no, pero una chaqueta si que iba a llevar, decía Marga, y las que tenía o me iban pequeñas o estaban pasadas de moda, yo asentía a todo y la dejaba hacer.
Por más vueltas que le daba no conseguía encontrar a nadie que encajara en ese perfil. Más de uno hubiera deseado partirme las piernas o romperme la cara, pero llegar a tales extremos era casi imposible.
A las dos comimos en uno de los restaurantes del complejo comercial. La charla me hizo olvidar mis inquietudes. Después de comer llegué a la conclusión de que el mensaje de la nota tenía que ser cierto, nadie por muy bien o por muy mal que nos quisiera sería capaz de inventar una historia de ese tipo. Volvía a estar como al principio: con la certeza de que se iba a cometer un crimen durante nuestra estancia y de que no tenía la más remota idea de cómo evitarlo.