Mayo 20, 2026
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Asesinato en el "Antillas y Granadinas"

07 Mar 2008 11:36 #636543 por jorja3
CARAY!! que interesante. ¿no habras tomado por casualidad alguna foto del Empress verdad? si es así me gustaria mucho que la colgaras para podersela ofrecer a mis compis que viajamos en él al Báltico.
gracias

<font color="purple">todos somos ignorantes, lo que ocurre es que no ignoramos las mismas cosas</font id="purple">

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07 Mar 2008 18:06 #636768 por JOTAEME
Martes 19 de Febrero de 2008 / Playa el Agua. 5 días antes del asesinato.

Amaneció nuestro primer día completo en Isla Margarita. Teníamos muchas cosas que hacer y la primera fue desayunar. Con un poco de miedo, o más bien con un poco de reticencia acudimos al buffet. No hace falta repetir que no se trataba del buffet del Holiday Dream, pero no fue tan decepcionante como la cena. Si obviamos la bollería, que era muy pobre y el café, que en todos los buffets sabe a rayos, se podría decir que la oferta era sustanciosa: tortillas y huevos fritos, panceta frita y salchichas, queso en lonchas y jamón york, cereales y yogures, mantequilla y mermeladas a granel para el pan tostado (que lamentablemente quedaba blando), fruta más o menos insípida,... Quizás lo de la noche había sido un espejismo, quizás a pesar de todo no se comiera tan mal en el hotel, quizás... Reservamos mesa para la noche en la Trattoria.
Lo primero después de desayunar, buscar a Fanny. La encontramos donde nos había dicho. Cambiamos euros por bolívares, contratamos para el primer día posible la excursión a Canaima por 290 dólares y pedimos precios sobre el resto de excursiones, principalmente el tour por la isla en todo terreno y la de la isla de Coche.
Pagamos la excursión en dólares aprovechando que nos habían sobrado y porque salía más a cuenta que pagarla en euros, la relación aplicada por Fanny equivalía a 1 euro por 1,26 dólares, en España en ese momento se cotizaba 1 euro por 1.40 dólares. Esa fue una tónica que encontramos en casi todos los sitios, lo que evidencia que a pesar de que acepten el euro sigue siendo ventajoso cambiar euros por dólares en España y gastarlos o cambiarlos por bolívares en Venezuela; en las islas de las escalas pasa exactamente lo mismo, es preferible llevar dólares.
Regresamos a la habitación para guardar el dinero en la caja y coger los bártulos para la playa. Las hamacas con parasol estaban todas ocupadas, por bañistas o por toallas, de todas formas Marga buscaba el sol y no nos hacía falta sombra. Buscamos un par de hamacas en uno de los extremos de la zona del hotel y nos tumbamos dispuestos a pasar una placida mañana de sol y agua. No los conté pero recibimos la visita de cientos de vendedores, principalmente de perlas pero también de gafas de sol, sombreros, pareos, ostras, camarones, helados, fruta, pelotas, tablas de surf, cometas, muñecos, piedras labradas, tatuajes, excursiones, seguro que me dejo algo pero para muestra vale un botón. ¡Ah si!, luego estaban las legiones de hábiles masajistas que te ofrecían demostraciones gratuitas de masajes relajantes y también manicuras y pedicuras, trenzas no nos ofrecieron, eso igual se debe a que en mi no procede y Marga tiene el pelo corto.
Dije: “No, gracias” un millón de veces o más. Marga prestaba atención a las perlas, más que nada para saber a que precio se cotizaban pero siempre terminaba con: “Es que acabamos de llegar y aún no se lo que quiero. Vuelve otro día y hablamos”. Lo malo es que volvieron otro día y quisieron hablar.
A los que sí escuchaba era a los vendedores de excursiones, me quedé con los precios y las tarjetas de unos cuantos. Al final quien mejor nos ofrecía un recorrido por la isla resultó Magic Tours, 140 bolívares por un día completo (al cambio oficial equivalía a 51 €, pero al cambio de Fanny representaban 27 €)
No mentían los que decían que se trataba de una playa atlántica y no caribeña. Se trata de una larga playa con una buena franja de arena pero con un intenso oleaje, bonita pero poco apta para el baño tranquilo a que nos tiene acostumbrado el Caribe. La recorrimos de punta a punta para comprobar que entre las palmeras había bastantes edificaciones listas para el derribo, la zona menos depauperada, quizás, sea la del Hesperia.
A las 11 abría el bar de la playa, así que a partir de esa hora hice un par de viajes en busca de combinados. A las doce y media recogimos las cosas, pasamos por Saranda Tours para comprobar que Magic seguía ofreciendo mejor precio (aunque fuera por poco) y terminamos la mañana en nuestra piscina aprovechando para hacer un poco de gasto en su barra húmeda.
A las dos comprobamos que no se trataba de un espejismo: el mismo inapetente buffet, colocado en la misma disposición que la noche anterior, eso sí: de postre un arroz con leche que no estaba del todo mal. El café lo tomamos en el Guayamurí, en el otro extremo del recinto. El corto paseo tenía que servir para que bajara algo la comida, pero no había que preocuparse demasiado por ese tema. El tiempo de empachos ya había finalizado, ahora estábamos iniciando la dieta post crucero. Nos encontramos con Marivi y Manolo con los que comentamos los pros y los contras del hotel, al decirles que el día siguiente queríamos recorrer la isla se apuntaron con nosotros. Aprovechamos para buscar al vendedor de Magic Tours y contratarle la excursión en todo terreno para el día siguiente.
Regresamos a la piscina donde estuvimos hasta las cinco y media en que dejó de darle el sol, oculto por los edificios donde nos alojábamos. Después de una ducha empezamos a trabajar. Conecté la cámara de video al televisor y repasamos lo filmado, parando la imagen a cada momento hasta que tuvimos controlado a casi todo el grupo. Identificamos a todos los descartados menos dos y a cuatro de los seis sospechosos, por último quedó la pareja dudosa, Amadeo y Susana, por nosotros conocidos como el estreñido y la duquesa, pero ellos no figuraban en el vuelo de Barcelona a Madrid.
Nos arreglamos para la cena y antes de que dieran las nueve, hora para la que habíamos reservado la mesa, estuvimos vagando por el complejo buscando a las parejas de nuestra lista. Nos encontramos y charlamos con varios de los descartados, tomamos una copa con Marivi y Manolo que también habían reservado para las nueve en la trattoria, pero nos quedamos con las ganas de cruzarnos con las personas a las que disimuladamente buscábamos.
La cena no estuvo mal. También era buffet, menos variado, pero algo más atractivo. Empezamos por una sopa de marisco, seguimos con un risotto y finalizamos con un poco de carne y unas porciones de pizza para quitar el mal sabor que la carne había dejado en nuestras bocas, de postre nada. No podíamos acudir al Guayamurí a por el capuchino, ya que por la noche se trataba de un restaurante a la carta bajo reserva y no podía entrar todo el mundo. Preguntamos si servían café expreso y para nuestra sorpresa nos sirvieron unos aceptables cafés con leche.
Cuando llegamos al teatro ya estaba finalizando la actuación. Dimos un paseo, tomamos una última copa y poco después de las once de la noche nos retiramos a nuestra habitación. Solo la comida había empañado el día que por lo demás había salido redondo: un perfecto día de playa y piscina y con poco ajetreo, un día de descanso después de las vicisitudes del crucero tampoco estaba mal. Ya había pasado el ecuador del viaje y ninguna desgracia lo había enturbiado.

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09 Mar 2008 12:47 #637647 por JOTAEME
Miércoles 20 de Febrero de 2008 / Tour por la isla en TT. 4 días antes del asesinato.

La cita era a las nueva. A las ocho estábamos desayunando, la anécdota de la mañana la ausencia de mantequilla. Se había acabado dijeron. Las tostadas se untaron exclusivamente con mermelada. Reservamos mesa para cenar en el Gayamurí, había que probar el “mejor” restaurante del Hesperia.
Unos minutos después de las nueve en un gran todo terreno, cerrado y con aire acondicionado iniciamos el recorrido por la isla. El vehículo estaba ocupado por, lógicamente, el conductor que hacía las veces de guía, una pareja venezolana, dos amigos argentinos, una pareja de suecos que no entendían nada de español, Marivi, Manolo, Marga y yo. Lo primero que nos preguntó el conductor fue que deseábamos para comer: pollo, res o pescado. Pensamos que en una zona de pescadores, lo mejor sería el pescado y eso pedimos todos. Acto seguido llamó por teléfono para transmitir nuestro deseo.
La primera parada obligatoria “La Casa de las Muñecas” donde nos juntamos con tres todo terrenos más, todos descubiertos y con asientos a los lados de la caja y que iban a formar con nosotros el grupo de la excursión. “La Casa de las Muñecas” tiene dos plantas, en la planta baja hay todo tipo de muñecas de barro, de cerámica, de cuerda y otros materiales, la planta superior está dedicada a las perlas. El acabado de las perlas es muy superior al de las que se venden en la playa o en los puestos de las zonas turísticas, los cierres son de oro o plata en lugar de níquel y disponen de conjuntos más elaborados. Lógicamente el precio es más elevado y no hay opción al regateo. “La Casa de las Muñecas” se vanagloria de haber tenido como cliente a la reina de España y lo acredita con una foto enmarcada.
Proseguimos camino hasta llegar a Asunción, la capital administrativa de Isla Margarita. Se trata de una pequeña ciudad que conserva su espíritu colonial y está dominada (y en su tiempo protegida) por el Castillo de Santa Rosa, al que subimos y desde donde pudimos contemplar una estupenda panorámica de Asunción y de la isla. Antes de continuar barra libre de agua, cerveza, seven-up, coca cola y ron.
La siguiente parada en el Valle para admirar la iglesia de la Virgen del Valle. En su recinto, como no, hay multitud de puestos que venden, como no, perlas entre otras muchas cosas. Aquí fue donde encontramos los mejores precios, previo regateo, eso sí. También hay mujeres pidiendo contribuciones para el mantenimiento de la Iglesia y vendiendo rosarios, estampas y oraciones a cambio de la voluntad. El tiempo de que disponíamos resultó ser muy breve, demasiado poco para admirar la Iglesia, el lugar donde está enclavada y curiosear entre los puestos de venta.
De nuevo a bordo de los vehículos para llegar hasta la Restinga, una serie de lagunas y manglares que se recorre en pequeñas lanchas a motor. La cola para subir a las lanchas está muy organizada y en pocos minutos nos encontramos la pareja venezolana y nosotros cuatro montados en una de ellas. Atravesamos una laguna y nos introdujimos por una serie de canales rotulados con sugerentes y románticos nombres, la quietud y transparencia del agua nos permitía contemplar los troncos de la vegetación arraigada en el fondo con una ingente cantidad de ostras a ellos adheridas. La lancha paró y pudimos ver rojas estrellas de mar, el barquero tomó una cuidadosamente y la sacó unos pocos segundos de su elemento para que pudiéramos fotografiarla, devolviéndola acto seguido a su entorno natural. En otra parada se repitió la operación, pero esta vez con un caballito que introdujo en un bote de cristal con agua. Eso está prohibido, nos dijo, pero lo hacía para nuestro goce. Y para la posterior propina, pensé yo. Finalizado el recorrido regresamos a la carrera atravesando la laguna, parecía que compitiéramos con las otras lanchas para ver quien llegaba primero.
Llegamos al muelle, bajamos de la lancha y curioseamos por los puestos de recuerdos y perlas. Nueva sesión de barra libre y reemprendimos la marcha.
Atravesamos el puente que une las, en realidad, dos partes de la isla para adentrarnos en la península de Macanao, árida y desértica, con escasa vegetación y pequeñas poblaciones de pescadores. Empezamos a rodear la península, amenizados por las explicaciones en español e inglés que nos ofrecía el guía, hasta que llegamos a un restaurante ubicado en una pequeña playa donde comimos. Ensalada y pescado, agua o cerveza, sandia de postre y café de caldero. El pescado no estaba mal, nada que ver con el que estamos acostumbrado a comer, pero bueno al fin y al cabo. De todas maneras no soy muy exigente con la comida que nos ponen en las excursiones, en el hotel sí (y eso ya está comentado) pero en ruta no.
Cuando terminamos nos subimos otra vez al vehículo para llegar a la playa de Punta Arenas donde pudimos disfrutar de sol, arena y mar Caribe, algo revuelto también pero no tanto como el de Playa el Agua. Barra libre hasta las tres de la tarde en que proseguimos camino. Salimos de la carretera y discurrimos por pistas de tierra, para darle emoción el todo terreno se salió de la pista y recorrió un espectacular tramo de trial. Por fin llegamos a la playa de el Túnel, donde pasamos una media hora, principalmente tomando fotos.
Antes de salir de Macanao hicimos una última parada en un puesto donde servían, según el guía, los mejores coco locos y las mejoras cocadas de Isla Margarita. Con la visión de los pechos de María Guevara continuamos ruta para atravesar de nuevo el puente y seguir hasta Juan Griego. Dicen que las puestas de sol desde Juan Griego son fabulosas, pero ni paramos en Juan Griego ni se estaba poniendo el sol. La parada la hicimos en el mirador desde el que se contempla el Hotel Hesperia Isla Margarita y aunque no llegamos a ver la puesta de sol al completo si que contemplamos un bonito atardecer. Sobre las seis de la tarde dejamos el todo terreno de regreso a nuestro hotel.
Después de la ducha a Marga se le ocurrió ir a preguntar en el Lobby por las habitaciones de las parejas que aún no teníamos controladas. No costó mucho conseguirlas, la excusa fue que queríamos reunirnos con esos compañeros de crucero y que les habíamos perdido la pista al llegar al hotel. Al facilitarles nombre y apellidos de las parejas no pusieron ninguna objeción y terminamos sabiendo donde se alojaban nuestros sospechosos y nuestros dudosos. Todos se alojaban en los edificios colindantes al nuestro y los estuvimos recorriendo por si sonaba la flauta y nos cruzábamos con alguno de ellos. No hubo suerte.
A la hora convenida entrábamos en el Guayamurí, dudando entre si la cena sería placentera o acorde con el resto. De entradas pedimos sopa de pescado, que resulto de una sospechosa apariencia y sabor igual a la sopa de marisco de la noche anterior. Calamares no tenían y optamos por pulpo y ceviche, pescado crudo marinado. El pulpo era pequeñísimo y costaba encontrarlo entre la cebolla del plato, el ceviche sabía más a limón y vinagre que a cualquier otra cosa. Como plato principal descubrimos que se les había acabado el pescado y pedimos churrasco con queso y carne al estilo mexicano. Cuando sirvieron la carne tuvimos dificultades en distinguir que plato era de cada cual, la pista nos la dio el trocito de queso que había sobre uno de los filetes, por lo demás tanto la apariencia como el sabor del churrasco y de la carne mexicana eran idénticos. De postre solo les quedaba bizcocho cubierto de algo que le daba color y apariencia distinta. El vino no estaba mal del todo, el café con leche y un poco de Amareto estuvo bien. En resumen: mejor que la Trattoria y mucho mejor que el buffet, pero no hacía falta ir a repicar campanas para celebrarlo.
Lo que alegró la noche fue la contemplación del eclipse total de luna, cuyo principio seguimos durante la cena y cuyo final contemplamos ya paseando por el complejo. A media noche una última copa y a la cama.

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10 Mar 2008 18:20 #638375 por JOTAEME
Jueves 21 de Febrero de 2008 / Playa el Agua. 3 días antes del asesinato.

Día de placidez y tranquilidad, a base de playa y piscina. Lo de la placidez y tranquilidad en la playa es un decir y más ahora que Marga empezaba a interesarse por las perlas. Nos encontramos con la pareja venezolana que habían hecho el tour por la isla el día anterior y empezamos a intimar. Se llamaban Josefina y Franklin y fueron de gran ayuda a la hora de determinar hasta cuanto se podía pagar por los perlas que nos iban ofreciendo, además teníamos la referencia de los precios de los puestos de la iglesia de la Virgen del Valle. Algo ya se había comprado el día anterior y para el resto Marga no quería pagar más, o no mucho más, que lo que le pidieron en ese lugar. Tanto Josefina como nosotros queríamos ir de compras a Porlamar, decidimos ir juntos, incluyendo a Marivi y Manolo, el viernes por la tarde, comiendo pronto para disponer de más tiempo: a las seis había que estar volviendo por lo de la oscuridad.
Cuando las sombras empezaron a dominar la zona de la piscina, un poco antes de las seis de la tarde, cada cual se fue a su habitación. Al abrir la puerta descubrimos un sobre en el suelo. Marga lo recogió.
- ¿Qué es?- Pregunté con el corazón pasado de vueltas y teniendo la certeza de lo que se trataba.
- No sé, espera.- Se trataba de un sobre del hotel que Marga abrió para extraer la hoja contenida en su interior.- Nada, es una nota de Fanny, el sábado a las seis en el lobby para ir a Canaima.
Una sensación de alivio me embargó, el corazón fue recuperando su velocidad normal. Nos duchamos y arreglamos, le dimos un nuevo vistazo a la filmación de nuestros compañeros de extensión y salimos a la caza y captura de los que no teníamos controlados.
Hubo suerte. Nos cruzamos con la pareja que teníamos descartada por tener nombres que no eran comunes en España, Yuraima y Wilson, pero a la que aún no le habíamos puesto rostro.
- Mira esos iban en el bus.- Dijo Marga cuando los vio sentados en el bar de la piscina principal, tomando una copa.
Todas las mesas estaban ocupadas, la suya tenía dos sillas libres. Pedimos nuestras bebidas y nos acercamos a su mesa.
- ¿Os molesta si nos sentamos con vosotros?- Preguntó Marga mirando alrededor y dando a entender que no había sitios libres.
- No, por supuesto.- Dijo la mujer en un tono muy dulce de voz y de forma sincera.
- Vosotros ibais en el crucero ¿verdad?- Pregunté.
- Si ¿y ustedes?
- También.
- Sus caras no me suenan, pero ¡con tanta gente!
- Claro, es imposible conocer a todo el mundo. Pero nos vimos en el autobús.
- Seguro. Perdonen por no recordarles.
- No hay nada que perdonar. Es que nosotros nos sentamos en los primeros asientos y nos pudimos fijar en todo el mundo.
Acto seguido nos presentamos. Cuando nos dieron sus nombres ya supimos todo lo que queríamos saber: ya teníamos identificada a la pareja descartada, ya no hacíamos nada junto a ellos pero nos parecía descortés levantarnos para seguir con nuestras pesquisas así que continuamos hablando hasta que se levantaron para ir a cenar.
- Cenamos prontito y así vemos la actuación.- Dijo ella.
- Nosotros acostumbramos a cenar más tarde. ¡Qué aproveche!- Dije.
- ¡Que les aproveche también a ustedes!- Contestó sin ironía Wilson.
Empezamos a vagar sin rumbo pero buscando zonas concurridas. Entramos en el buffet y recorrimos todas las mesas como si estuviéramos buscando a unos comensales con los que habíamos quedado para cenar.
- Allí están.- Dije.
- ¿Quiénes?
- Dos de los sospechosos.- Les estábamos mirando y caminábamos en su dirección. Él levantó la mirada y se encontró con las nuestras mientras avanzábamos hacia su mesa. Estábamos demasiado cerca con nuestras miradas cruzadas.- ¿Qué hacemos?- Pregunté. Marga no contestó, cuando llegamos junto a la pareja preguntó:
- Perdonad, vosotros sois de Manresa, ¿verdad?
- ¿De Manresa? No, ¿por qué?
- Es que tenemos unos conocidos que hace mucho tiempo que no vemos y me los habéis recordado. Y no me podía quedar con las ganas de saber si erais vosotros, ¿no sois de Manresa?
- No, vivimos en Reus.
- ¡Ah!, bueno, perdonad por la molestia.
- No pasa nada.
- ¡Que aproveche!
- Gracias.
Salimos del buffet y nos sentamos en los sofás de la entrada. Saqué del bolsillo la apreciada lista y taché dos nombres.
- ¡Bueno! Ya solo quedan seis. Pedro y Clara y Alberto y Teresa como sospechosos y Amadeo y Susana, dudosos.
Seguimos buscando sin éxito hasta la hora de la cena en que nos juntamos con Marivi y Manolo en la Trattoria. Después de cenar mientras los cuatro íbamos paseando no dejábamos de controlar a la gente con la que nos cruzábamos pero ya no hubo más encuentros.

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11 Mar 2008 08:53 #638794 por PINGUI
Bueno, bueno, bueno...........el circulo se esta cerrando. Ya quedan menos sospechosos!!!!

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11 Mar 2008 17:09 #639130 por JOTAEME
Viernes 22 de Febrero de 2008 / Compras en Porlamar. 2 días antes del asesinato.

La mañana la pasamos en la playa hasta las doce para comer pronto. Nos dirigíamos caminando tranquilamente hacia la piscina para remojarnos en agua dulce y tomar algo en su barra. Marga me sobresaltó:
- ¡La duquesa!
- ¿Qué?
- ¡Por ahí viene la duquesa!- Caminaba sola por el camino que llevaba desde la playa y el Guayamuri hasta la piscina principal. En unos segundos íbamos a cruzarnos.
- ¡Hay que pararla!- No podíamos dejar pasar esa oportunidad. No la considerábamos sospechosa pero si probable y podíamos abordarla sin la compañía de su marido. No había tiempo para elaborar ninguna estrategia así que fui improvisando.- ¡Perdone!- dije cuando llegó a nuestra altura y obligándola a parar frente a mí si no quería arrollarme.- Usted iba en el crucero, ¿verdad?
- Si.- Respondió de forma seca. Se limitó a asentir sin preguntar el porque.
- Y ¿qué le parece el hotel?
- He estado en mejores.
- Es que somos unos cuantos pasajeros del crucero que nos sentimos engañados y estamos pensando en presentar una reclamación. Cuantos más seamos mejor.- No sabía que inventar.
- ¿Engañados?
- Hombre, esto no parece un hotel de cinco estrellas.
- ¿Cinco? A mi me lo vendieron como un cuatro.
- ¿Sí? Y ¿no le parece decepcionante? La animación, la playa, la comida,...
- No.
- Entonces ¿le parece todo correcto? ¿no quiere unirse a nuestra reclamación?
- Si y no.
- ¿Perdón?
- Si a la primera pregunta y no a la segunda. Verá, me están esperando...- La duquesa se estaba enfadando, no entendía mis tonterías. La verdad es que yo tampoco.
- No la entretengo más. Por cierto, no nos hemos presentado. Marga y José María, aunque los amigos me conocen como JOTAEME.- Escudriñé su rostro sin percibir ningún tipo de emoción.
- Pues, ¡que bien! Yo me llamo Susana y los amigos me conocen como Señora Susana.
Aún no había terminado sus palabras que ya estaba retomando su camino y alejándose de nosotros sin siquiera despedirse. Marga se estaba tronchando.
- También tiene aires de duquesa.- Dijo entre risas.
- ¡Qué ridículo que he hecho!
- Pues si.
- Pero algo hemos ganado, ¿no?
- En eso también tienes razón.
- Esa mujer no es la que reservó los viajes ni la que puso la nota en el chaleco.
- Y si lo es lo disimula muy bien.
- ¡Ya solo quedan dos parejas!
- Y tres días, el lunes se acaba todo. El viaje, la historia, todo...
- Si no fuera por Canaima me volvía ahora mismo.
- ¡Hombre no! Espera que aún quedan cosas por comprar.
A la una nos encontramos en el buffet con Marivi y Manolo, comimos y a las dos nos reunimos con Josefina y Franklin. Al no caber los seis en un taxi, alquilamos dos y los hombres en uno y las mujeres en el otro nos dirigimos hacia Porlamar.
Lo primero que hicimos fue entrar en un supermercado de la calle 4 de Mayo para comprobar entre otras cosas que el jamón Navidul está carísimo y que el ron Santa Teresa baratísimo. Para no ir cargados todo el tiempo acordamos volver a última hora para hacer las compras de ron y tabaco.
Recorrimos la calle curioseando en las tiendas de ropa de marca y en las de ropa falsificada. Compramos de ambas y llegamos hasta Boticcelli, la tienda por excelencia de las perlas en Porlamar, donde compramos cierres de plata que un vendedor de la playa se había comprometido en utilizar para sustituir los de níquel de sus pulseras y collares. A modo de recuerdo me compré una concha con cinco proyectos de perla que no habían terminado de fructificar y que decorarían algún mueble de mi casa.
Tuvimos el honor de participar como espectadores en una manifestación de protesta por el acoso israelí a Gaza. Unas doscientas personas gritando consignas de forma pacifica.
A las seis menos cuarto, cargados con nuestros bultos, decidimos regresar. El primer taxista que encontramos se ofreció a llevarnos a los seis en su coche. Se trataba de un vehículo amplió, pero todo y con eso volvimos un poco apretados, eso sí: pagamos la mitad que a la ida.
Decidimos acostarnos pronto ya que el sábado había que madrugar para volar hasta Canaima. A la pregunta de sí disponían de algún tipo de buffet para los que hacíamos excursiones que nos obligaban a partir muy temprano nos respondieron que nos facilitarían unos pic-nic que estarían dispuestos en el lobby a la hora que indicáramos. Después de reservarlos y dejar preparadas las cosas que nos íbamos a llevar el día siguiente, nos acostamos. Aún no habíamos cerrado el ojo cuando sonó el teléfono. Marga lo cogió, asintió y colgó.
- Recado de Fanny.- Dijo.- Ha llamado a recepción para que nos avisaran que mañana a las cinco nos pasarán a recoger.
- ¿A las cinco? ¿Tan pronto?
- Eso dicen.
Cambiamos la hora programada en el teléfono móvil para que su alarma nos despertara e intentamos dormir.

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11 Mar 2008 21:36 #639380 por JOTAEME
Sábado 23 de Febrero de 2008 / Canaima. 1 día antes del asesinato.

A las cuatro y media sonó la alarma y dimos un bote en la cama. Nos aseamos rápidamente, tomamos las mochilas dispuestas la noche anterior y cinco minutos antes de las cinco recogíamos los pic-nic en el lobby. Se trataba de dos cajas, excesivamente voluminosas para nuestro gusto. Cuando las abrimos comprobamos que contenían más aire que comida así que juntamos todo en una caja: un sándwich de jamón y queso, un zumo de melocotón y un plátano para cada uno.
A las cinco llegó un microbús de unas veinte plazas. El chofer bajó y recitó nuestros nombres. Subimos e iniciamos la marcha, cuando salimos del recinto del hotel empezó a llover. Mal empezaba la cosa, la avioneta que nos iba a llevar a Canaima era de las que con mal tiempo no vuela, de todas formas lloviendo no es que apetezca mucho recorrer en barca la laguna de Canaima.
- Que aquí llueva no quiere decir que lo haga en la otra parte de la isla y mucho menos en el continente.- Nos tranquilizó el chofer. Tenía razón, puestos a que hubiera lluvia, mucho mejor que fuera en Playa el Agua, ahora que nos alejábamos de allí.
Hicimos una parada en el Hesperia Isla Margarita para recoger a una pareja de alicantinos que viajaba con nosotros. Tras unos 20 minutos de espera nos dirigimos hacia el aeropuerto. Justo cuando llegábamos se puso a llover de forma torrencial. ¡Perfecto! Estaba lloviendo en la otra parte de la isla, ¿qué estaría pasando en el continente?
Pagamos las tasas aeroportuarias y nos despedimos del chofer que nos dejó en manos de una responsable de Maloka. Nos pidió los pasaportes y nos dejó junto al resto de turistas que ese día pretendían visitar Canaima. Aprovechamos para tomar un café con leche y esperamos su vuelta. Cuando nos devolvió los pasaportes con las tarjetas de embarque nos acompañó hasta el control de seguridad y nos indicó que esperáramos hasta que nos avisarán para subir al avión, nos dijo que haríamos escala en Ciudad Bolívar para repostar y que intentaríamos sobrevolar el salto del Ángel a la ida. En caso de que los pilotos comprobaran que a la ida no era visible se haría un nuevo intento a la vuelta.
Sentados en la sala de espera, frente a la puerta de embarque, comprobamos como la intensidad de la lluvia se mantenía y empezamos a tener nuestras dudas. Frente a la puerta, estacionado, había un reactor mediano de unas ochenta plazas. Nuestro acompañante alicantino estaba contento porque íbamos a volar en un avión de los de verdad. Pero yo sabía que el trayecto se hacía en una pequeña avioneta con dos motores de hélice y la vi estacionada unos metros más allá, dudé un poco pero finalmente decidí contarle en que íbamos a volar para que tuviera tiempo de asumir la realidad. No obstante el hombre dudó de mi palabra hasta que, por fin, se encontró subiendo la escalerilla de la avioneta.
Algo antes de las ocho paró de llover y el sol se mostró en todo su esplendor. Unos minutos después nos estábamos acomodando en los asientos de la avioneta preparados para iniciar el vuelo. Disfruté del despegue y de la vista de pájaro que permitía la poca altitud de vuelo de la avioneta hasta que las nubes lo eclipsaron todo. De vez en cuando algún claro me permitía atisbar pequeñas porciones de tierra, carreteras o caminos, pequeñas poblaciones, ríos, selva,...
Llegamos a Ciudad Bolívar admirando el espectacular puente que cruza su río y aterrizamos. Nos trasladaron hasta una sala de espera y aprovechamos para dar cuenta del pic-nic. Al cabo de una media hora reemprendíamos el vuelo entre claros y nubes, más nubes que claros.
Cuando el piloto nos avisó nos volcamos hacia las ventanillas, todas las cámaras de fotos y de video que había en el avión empezaron a trabajar. Entre las nubes y más o menos a nuestra altura apareció una mole rocosa impresionante. Nos encontrábamos frente al macizo o tepuy llamado Auyantepuy y a pesar de que la nubosidad enturbiaba el momento, pudimos gozar de la majestuosidad del salto del Ángel, el agua de cuyo río tenía que recorrer casi un kilómetro en el vacío hasta tener contacto de nuevo con la tierra. Este salto, conocido por los indígenas Pemones como Churún Merú, fue avistado por primera vez en 1933 por Jimmy Angel, un explorador estadounidense que estaba buscando oro, en 1937 tuvo que hacer un aterrizaje forzoso en su cima, consiguió descender el tepuy y llegar a la civilización en once días de caminata a través de la selva.
La avioneta dio la vuelta completa para que todos pudiéramos gozar del espectáculo. La verdad es que no solo el salto del Ángel sino el conjunto entero resultaba espectacular, con varios saltos de agua que brotaban de la roca a distintos niveles. Si medio nublado nos daba esa impresión ¿cómo debe ser en un día despejado a pleno sol?
Por fin abandonamos ese entorno y proseguimos el vuelo hasta el aeródromo de Canaima, donde aterrizamos unos quince minutos después. Fuimos recibidos por un guía que nos acompañó hasta la taquilla donde pagamos la tasa de entrada al parque y nos juntamos alrededor de una mesa para tomar un café con galletas y recibir las explicaciones de lo que íbamos a hacer a partir de ese momento y hasta que subiéramos de nuevo al avión.
Caminamos hasta la orilla de la laguna para subir en unas largas piraguas con motor que nos llevaron hasta el otro extremo de la laguna pasando frente a los saltos de agua. No estábamos en la estación de las lluvias y a pesar de que de forma atípica había estado lloviendo, el caudal del río no era muy elevado y con ello la espectacularidad de los saltos algo menor, por ello la travesía se hacia más confortable al no haber demasiada corriente contra la que luchar. Todo y con eso resultaba impresionante navegar a pie de los saltos, siendo salpicados por las partículas de agua que el viento llevaba hasta nosotros.
Cuando finalizó el recorrido desembarcamos para seguir una vereda que llevaba hasta el salto del Sapo. El camino entre la espesura a veces, en terreno abierto otras, nos ocupó algo más de veinte minutos. Al llegar se trataba de recorrer la cascada por su interior gracias a un estrecho y resbaladizo camino con una cuerda a modo de barandilla. Unos metros después el ayudante del guía recogió nuestras cámaras para protegerlas en una bolsa de plástico del agua que lo salpicaba todo. Ahora teníamos dos opciones: seguir camino con la seguridad de que al final acabaríamos empapados o quedarnos en bañador y vestirnos al finalizar la travesía. Nosotros que ya íbamos prevenidos nos quedamos en bañador, dejando la ropa dentro de las mochilas a la entrada del túnel de la cascada. Todo el mundo se quedó en bañador, menos una chica que por lo visto no llevaba ni bañador ni ropa para cambiarse y pasó en ropa interior cubriéndose con un pareo.
Ya al principio del recorrido el agua que salpicaba nos empapó de arriba abajo, pero en la parte medía se pasaba justo debajo del chorro, solo fueron un par de metros (gracias a que no estábamos en temporada de lluvias) pero la sensación de ir andando por un terreno desconocido, irregular y resbaladizo, bajo una columna de impetuosa agua, podía llegar a ser agobiante y claustrofóbica. Yo me lo pasé en grande.
Desde el otro lado hicimos las fotos de rigor y atravesamos de nuevo la cascada en el camino de regreso. Como no habíamos traído toallas dejamos para cuando estuviéramos secos el momento de vestirnos. Mientras tanto subimos por un nuevo sendero hasta la parte superior del salto. El amplio lecho del río estaba seco en su mayor parte y pudimos atravesarlo casi en su totalidad, el guía se ocupó de recordarnos que en temporada de lluvias eso era imposible.
Por otra ruta regresamos a la laguna donde nos esperaba la piragua, navegamos en sentido inverso al que habíamos hecho a la ida y llegamos al punto de origen. A la una de la tarde comimos, ensalada, pollo y fruta, el agua o coca-cola estaba incluida, la cerveza era de pago. Luego un poco de café y a curiosear por la tienda de recuerdos.
A las tres subimos a la avioneta para iniciar el regreso a Isla Margarita. Alguien le preguntó al piloto si íbamos a sobrevolar de nuevo el salto puesto que a la ida estaba envuelto por nubes, pero el piloto dijo que el salto se había podido ver suficientemente bien y que volvíamos directos a Margarita.
El despegue fue, también, espectacular. Disfrutamos de la visión aérea de la laguna y sus saltos, localicé el camino que habíamos seguido hasta el Sapo y el propio salto ubicado en uno de los brazos del río. Todo hasta ese momento había resultado extraordinario. Solo por ese día había valido la pena la estancia en Isla Margarita. El crucero tenía entidad propia pero Canaima y el salto del Ángel le habían dado valor al resto.
Algo después de las cinco aterrizamos en el aeropuerto desde el que habíamos partido. Un taxi nos estaba esperando y nos llevó de regreso al hotel. A las seis degustábamos un daiquiri y una rumba en el bar de la piscina principal. Nos pasamos la tarde noche contando a todo el que preguntaba sobre las excelencias de la excursión.

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12 Mar 2008 00:26 #639570 por zenithienta
Cómo me relaja estar leyendo esas aventuras por Isla Margarita y demás, parece un libro y no una vivencia de Jotaeme, ni siquiera me acordaba del posible asesinato!! Jajaja!!! Pero eso no significa que no me interese cómo acaba la cosa, asi que por favor Jotaeme no te demores mucho en terminar la "novela a cachos" que quiero saber de una vez qué ha pasado...[;)]

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12 Mar 2008 16:49 #639983 por JOTAEME
Domingo 24 de Febrero de 2008 / Isla de Coche. El asesinato.

Marga me despertó.
- Han dejado una nota bajo la puerta.
- ¿Fanny con la confirmación del vuelo de regreso?
- Mas bien no.
- ¿Cómo?
- Mira.- Me mostró una hoja con cuatro palabras: “Isla de Coche. Paradise”. La letra hacía innecesaria cualquier firma.- ¿Qué significa Paradise?
- En la guía de bibi se hablaba de un hotel en El Yaque, llamado Paradise, desde el que se podía embarcar hacia Coche. Habrá que ir a Coche.
- ¿Cómo? No hay tiempo.
- Si vamos en taxi sí.
- ¿Por nuestra cuenta?
- Claro.
- No me hace nada de gracia. ¿Iremos solos?
- Veremos si Marivi y Manolo quieren ir con nosotros.
- No querrán.- Habíamos comentado con ellos la posibilidad de ir por nuestra cuenta a Coche, pero se habían mostrado reticentes, lo que le valió a Marga como excusa para no ir. Ahora si queríamos ser fieles a nuestro compromiso era lo que debíamos hacer.
Efectivamente no quisieron, no les apetecía tomar un taxi y luego una lancha para pasar unas horas en la playa, playa ya la tenían atravesando la calle, dijeron. De hecho yo prefería que no vinieran, pero Marga estaba intranquila. Al final decidimos que iríamos solos.
De regreso a la habitación para coger las cosas que nos íbamos a llevar nos cruzamos con una de las dos parejas que seguían en nuestra lista de sospechosos. Marga les soltó a bocajarro:
- ¿Vais a Coche?
- ¿Como?
- Perdona por la brusquedad, estamos buscando a alguien para ir a la isla de Coche a pasar el día y nos han dicho que vosotros vais a ir, ¿es cierto?
- ¿Quien os ha dicho eso? Nosotros no vamos a ningún sitio.
- ¡Ah! Entonces perdonad, se habrán confundido.
Nos separamos dejándoles con un montón de preguntas que no esperamos a que formularan y seguro que con la extrañeza por la forma en que les habíamos abordado. Pero tanto daba, no había tiempo que perder. Lo que tanto habíamos temido estaba a punto de producirse y por fin sabíamos quienes eran los protagonistas de la historia.
- Recuerdas quienes quedan.
- Esos eran Pedro y Clara. Así que nuestra pareja la forman Alberto y Teresa.- Saqué la lista del bolsillo y consulté el número de su habitación.
- Vamos a ver si están.
Llegamos a su puerta y llamamos sin obtener resultado alguno, como era de prever.
- Nada. Vamos, hay que llegar lo antes posible.
Pedimos un taxi en el lobby y le pedimos al taxista que nos llevara a El Yaque. Por el camino nos informó de todo lo que había que saber sobre la isla de Coche y la manera de llegar a ella. Nos contó, entre otras cosas, que la isla tiene 11 kilómetros de largo y 6 de ancho y su altura máxima es de solo 60 metros. Nos dijo que los visitantes de la isla desembarcaban en San Pedro y que desde El Yaque había varias maneras de ir, una de ellas era mediante un servicio de lanchas que partían desde el Hotel Paradise o con una barca que hacía el recorrido hasta la isla desde el propio muelle de El Yaque. Ya en la isla las opciones eran variadas: tomar el sol y disfrutar del agua y de la blanca arena, un sin fin de actividades acuáticas, realizar un recorrido en vehículo descubierto para conocer los más recónditos rincones de la isla, pasear en bicicleta, en fin nos garantizó que no nos íbamos a aburrir.
El taxi nos dejó en la recepción del hotel Paradise. Allí mismo compramos los billetes para el trayecto de ida y vuelta a Coche. Un trenecito nos llevó hasta el embarcadero donde nos montamos en una lancha. Éramos casi los únicos pasajeros porque la mayoría habían hecho el trayecto una hora antes. Hasta las diez y veinte no pudimos poner pie en la pequeña isla.
- Y ahora ¿qué?- Preguntó Marga.
- ¡A buscar!
Caminamos hacia un lado y otro de la playa de forma apresurada, buscando entre las hamacas, sin éxito. Recorrimos el recinto del hotel y tampoco encontramos ni a Alberto ni a Teresa. Había gente pero no tanta como para que se nos escaparan o pasaran desapercibidos. Ampliamos el campo de búsqueda a las zonas aledañas. Evidentemente no estaban ahí.
- ¿Qué hacemos? No podemos recorrer toda la isla buscándoles.
- No, esto es demencial. Sabemos quienes son y sabemos que están aquí. Pero no podemos encontrarles.
- Espera, si quisieras acabar conmigo, no lo harías aquí ¿verdad?
- ¿A la vista de todos? No creo.
- Buscarías un lugar aislado donde simular un accidente ¿no?
- Más o menos.
- ¿Qué nos dijo el taxista?
- ...
- Que hay unos vehículos que te llevan a recorrer la isla, seguro que alguna de sus paradas se realiza en un punto aislado.
- Vamos a preguntar.
En el hotel nos informaron de la posibilidad de hacer esa excursión por la isla y nos relataron en que consistía: un recorrido por el sur para admirar las desiertas planicies hasta las Salinas, luego la visita a la Playa del Coco de coloridas colinas y que se denominaba como “el gran cañón en pequeño” en referencia a su similitud con el cañón del Colorado para terminar en la Playa del Amor. Los vehículos habían iniciado la ruta a las diez y hasta las doce no harían otra tanda. Faltaban unos minutos para las once.
- ¿No hay otra manera de hacer ese recorrido?- Pregunté.
- Si, tenemos contactos con algunos todo terreno que hacen rutas por la isla, lo que no sé es si estará alguno disponible.
Tuvimos suerte y diez minutos después un hombre rechoncho se acercó a nosotros requerido por la señorita del hotel. Iba a contarnos que es lo que podía ofrecernos, pero no le di opción.
- ¿Puede llevarnos a la Playa del Amor?- le espeté.
- Si claro. Y antes podemos pasar por ...
- No, por favor. Directamente a la playa y lo más rápido que pueda.
- Hombre, eso se sale de lo normal, será más caro.- Alegó.
- Si llegamos antes de las once y media, no habrá ningún problema con el precio.- Afirmé.
Tuvimos que correr para no perderle en su carrera hasta el todo terreno.
- ¿Por qué la Playa del Amor?- Preguntó Marga mientras dábamos tumbos a toda velocidad.
- Porque es la única a la que podemos llegar a tiempo. Si Alberto espera su oportunidad en esa playa aún podemos llegar antes de que ocurra nada. Si ha elegido otro sitio, ya se la habrá cargado y tanto da donde vayamos.- Después grité para que me oyera el hombre:- ¿Todos los turistas hacen el mismo recorrido? ¿Todos terminan en la Playa del Amor?
- No. Para que no se masifique, unos finalizan en la Playa del Amor y otros en la del Coco.
- ¡Vaya!- Exclamé con fastidio.
- Pero los que salen del Paradise siempre terminan en la del Amor.
El asfalto hacía tiempo que había desaparecido, nuestros cuerpos empezaban a resentirse de los traqueteos que la pista de tierra provocaban en el todo terreno. Pero por fin llegamos a la playa. Faltaban diez minutos para la media, un trayecto que normalmente se hacía en media hora se había hecho en menos de quince minutos.
- ¡Espérenos aquí!- Ordené mientras saltaba del vehículo y seguido por Marga me encaminaba hacia la orilla.
El lugar resultaba idílico, una pequeña playa de aguas azules y arena blanca, flanqueada por un promontorio que en un extremo formaba un pequeño acantilado. En el lugar donde paró nuestro chofer se encontraban dos de los vehículos que transportaban a los turistas. Unas cuantas personas estaban alrededor bebiendo cerveza o coca-cola, unas cuantas más estaban en la playa tomando el sol y el resto metidos en un agua clarísima. Caminamos hacia el otro extremo de la playa escudriñando todos los rostros, buscando coincidencias con la imagen que de nuestra última pareja guardábamos en nuestras retinas.
- ¡La duquesa!- Gritó Marga de pronto.
- ¡Que dices!.- Exclamé.
- ¡Allí! En el camino del acantilado, acaba de desaparecer.
- ¿Sola?
- No, iba con alguien. Un hombre pero no he podido ver si era el estreñido.
No hacía falta hablar más. Me puse a correr en dirección al punto señalado por Marga, allí por donde Susana había desaparecido. No entendía nada y no creía en una imposible casualidad, no podía ser que Susana y Amadeo hubieran tenido la feliz idea de venir a Coche el mismo día en que nuestro asesino iba a matar a su mujer. Y si Susana era la persona amenazada, ¿por qué no se había dado a conocer cuando me identifique estando ella sola sin la opresión del marido? Habíamos acabado con Teresa y Alberto como principales sospechosos por descarte de los demás, no porque nada evidenciara que fueran ellos los potenciales asesino y víctima y ahora nos encontrábamos con Susana y Amadeo en el lugar en que con toda probabilidad iba a producirse un crimen o por lo menos un intento de asesinato. La carrera me estaba dejando exhausto, jadeando cubrí los últimos metros del camino.
Dejé de pensar, estaba llegando a la cima del acantilado y lo que vi hizo que mi cuerpo lanzará una nueva dosis de adrenalina que me permitiera no desfallecer: Amadeo y Susana estaban forcejeando al borde del acantilado. Solo unos metros me separaban de ellos. Horrorizado comprobé que Susana tenía ya un pie en el vacío, finalmente Amadeo iba a conseguir su objetivo. No iba a quedar impune, por supuesto, pero iba a acabar con la vida de Susana, la asustada mujer que había recurrido a mi ayuda en vano.
Saqué fuerzas de donde no las había, mis piernas impulsaron mi cuerpo hacia adelante en un intento final de llegar antes de que Susana cayera sobre las rocas bañadas por el mar. Cuando llegué a su lado seguían forcejeando, Susana se resistía a caer, Amadeo no conseguía zafarse de las manos de su esposa. Lo que sucedió a continuación ocupó un breve instante de tiempo, en ese momento no fui consciente de lo que sucedía, no me di cuenta de lo que estaba haciendo, solo sé que con una mano aferré el brazo de Susana y con la otra di un manotazo al de Amadeo. El resultado fue que el hombre se desequilibró y mientras yo tiraba de la mujer hacia mí, su cuerpo empezó a ser vencido por la gravedad. Mi cerebro repite las imágenes a cámara lenta: Susana abrazada a mí mientras su marido caía gritando por el acantilado hasta terminar destrozado en las rocas del fondo.
Pasamos unos segundos así, abrazados al borde del mortal destino reservado para Susana y ocupado, ahora, por Amadeo. Cuando Marga llegó junto a nosotros empecé a reaccionar:
- ¡Ha sido un accidente!, diremos que ha sido un accidente. Estaba paseando a unos metros del borde, su marido se aproximó demasiado y perdió el equilibrio. Luego llegamos nosotros.- Le dije a una Susana que estaba como ida, con la mirada perdida, sin ser consciente aún de lo que había estado a punto de pasar y no había pasado. Sin ser consciente aún de que lo que había planteado como último recurso había resultado, al fin, efectivo. Sin ser consciente aún de que el verdugo se había convertido en víctima, de que no solo había conseguido sobrevivir sino que además su problema quedaba resuelto, ya que Amadeo no podría volver a intentarlo nunca más.
Empezábamos a bajar por el camino cuando llegaron hasta nuestra altura dos de los bañistas y uno de los conductores de los vehículos que les habían llevado a esa playa, supongo que alertados por el grito de Amadeo.
- ¡Su marido se ha despeñado!- Gritó Marga dirigiéndose a ellos.- ¡Esta trastornada!
- Pero ¿qué ha pasado?.- Preguntó el conductor.
- ¡Un terrible accidente! Se ha asomado demasiado al borde y se ha caído. No hemos podido hacer nada, estábamos demasiado lejos.- Marga les repetía la historia una y otra vez. Sin darse cuenta estaba consiguiendo que las tres personas la hicieran suya.
Yo llevaba a Susana casi en volandas. Al llegar a la playa toda la gente se arremolinó a su alrededor. Unos atendiendo a Susana, otros haciendo preguntas, unos cuantos caminaron hasta el final de la playa para comprobar si podían ver el cuerpo de Amadeo. El otro conductor llamó por teléfono a la policía.
Alejándome un poco de la multitud le mostré 100 euros al hombre que nos había llevado hasta la playa y le pregunté si le parecía suficiente por habernos traído. Los aceptó encantado. Entonces le dije que podía dejarnos allí, que cuando se aclarara todo ya regresaríamos con los demás. Al hombre le pareció perfecto y sin que nadie reparara en él desapareció.
Llegó la policía, por tierra y por mar. Empezaron las preguntas, el protagonismo de los demás hizo que nosotros quedáramos un poco al margen a pesar de haber sido testigos de primera línea. Uno de los chóferes dijo que había visto al hombre solo al borde del acantilado, dos turistas confirmaron que cuando el hombre cayó, Susana, Marga y yo estábamos a más de diez metros de él. Nadie recordó que habíamos llegado por nuestra cuenta a la playa y finalmente al subir junto a los demás para ser trasladados hasta la comandancia de la policía para oficializar los interrogatorios ésta dio por supuesto que habíamos llegado todos juntos y no se planteó hacernos ninguna pregunta que no pudiéramos contestar sin desvelar toda la historia.
La policía tomó los datos de todos los presentes y retuvo a los que alegamos haber visto algo. Siempre temí que Susana se desmoronara y confesara que la caída había sido posterior a un forcejeo. Eso nos dejaría en una situación muy incómoda que, a pesar de que posiblemente al final se aclarara, nos podía traer muchos quebraderos de cabeza. Nos quedamos sin comer pero después de una larga y completa declaración fuimos acompañados hasta el embarcadero para que pudiéramos regresar a Isla Margarita, con la única condición de que permaneciéramos en el hotel hasta el momento de nuestro regreso a España, por si se decidía que nuestra colaboración era necesaria. De todas formas el comandante del puesto me insinuó que para ellos la cosa estaba clara y se trataba de un desgraciado accidente, no tenían motivo alguno para pensar otra cosa.
No comentamos nada a nadie sobre lo sucedido. A Marivi y Manolo les contamos que Coche nos había encantado y que tenía unas playas extraordinarias.
Antes de cenar dejamos preparadas las maletas abiertas sobre una de las camas a la espera de terminar el equipaje poco antes del mediodía del día siguiente, hora en la que debíamos abandonar la habitación. Cenamos en el Guayamurí para comprobar que aún no tenían calamares y que la carne por mucho que cambiara de nombre seguía teniendo la misma apariencia y el mismo sabor. Sin embargo estábamos hambrientos y disfrutamos un poco más de la cena.
Esa noche no pude dormir y creo que Marga tampoco. No hablábamos pero estábamos inquietos y preocupados. Inquietos por lo que había pasado y preocupados por si a alguien le daba por pensar que podíamos, de alguna manera, estar implicados en un accidente que no fuera tal.

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13 Mar 2008 07:49 #640510 por JOTAEME
Lunes 25 de Febrero de 2008 / Isla Margarita – Madrid. 1 día después del asesinato.

Al final resultó que sí que llegamos a dormirnos. Nos despertaron unos golpes en la puerta. Alarmado me levanté y contesté sin abrir.
- Buenos días, ¿estáis listos?.- Era la voz de Marivi. Habíamos quedado en ir pronto a la playa para aprovechar el último día antes de dejar la habitación. Por supuesto no nos habíamos acordado del trato.
- Nos hemos dormido. Id pasando y nos encontramos en la playa.
- ¡Vale! Os guardamos las hamacas en el sitio de siempre. ¡Hasta luego!
- ¡Hasta luego!
Marga llegó a mi lado y me abrazó.
- Has saltado disparado de la cama.
- Sí.
- ¿Por qué?
- No pensaba que fuera Marivi.
- Y ¿quién pensabas que podía ser?
- ¿Tú que crees?
- La policía.
- La policía.
- Pero tú no has hecho nada.
- Eso es muy relativo.
- En todo caso has evitado que se cometiera un asesinato.
- A cambio de otro.
- Tú no empujaste a Amadeo, evitaste que Susana se cayera. Ha sido un accidente.
- Sé que ha sido un accidente. Pero ¿quién más lo sabe?
- Nadie vio nada. Y los que dicen que vieron algo están repitiendo lo que yo les conté.
- Si, eso ha sido una gran suerte. Nadie vio el forcejeo, nadie se fijo en que llegamos en otro vehículo. Llegaron en dos grupos y supongo que todo el mundo pensó que íbamos en el otro. Pero si Susana se desmorona, si su declaración no ha sido coherente y alguien piensa que miente ¿quién te dice que no se escude en nosotros para salvar el pellejo?
- ¡No digas tonterías! Se ha tomado todas las molestias que se ha tomado para que la ayudaras y ahora que evitas su muerte ¿te va a utilizar para librarse de una hipotética culpabilidad?... Además ella tampoco le mató, ella no le empujó, se cayó él solito.
- Hasta que no estemos volando en medio del Atlántico no voy a estar tranquilo y aún entonces no se hasta que punto pasado un tiempo pueden querer buscarme las costillas.
- ¿Por un turista español que ha tenido un accidente? ¿Tú crees que van a perder cinco minutos más en un caso tan claro? Si alguien denunciara un posible intento de homicidio puede que se molestaran en hacer unas cuantas preguntas, pero no creo que nadie vaya a denunciar nada.
Antes de desayunar fuimos a buscar a Fanny para que nos confirmara la hora de salida.
- A las tres os recogerán para el traslado al aeropuerto. La habitación hay que desocuparla a las doce.
- Y ¿las maletas?
- Hay una sala para dejarlas.
- Por cierto, ¿sabes algo de Amadeo Rius y señora? Ayer no les vimos.- Mentí.
- Solo sé que van a regresar en otro vuelo.
- Pero, ¿les ha pasado algo?
- No. No creo. Solo me han dicho que no volvían en el vuelo de hoy.- O Fanny mentía como yo o verdaderamente no sabía nada.
Desayunamos y bajamos a la playa para acomodarnos en las hamacas que Marivi nos había reservado. Aún no habíamos extendido las toallas que ya teníamos a Pablo junto a nosotros. Se trataba de un vendedor que se había comprometido a cambiar los cierres de algunos collares y a hacernos de uno de ellos un par de tobilleras y una pulsera.
- Ayer no vinieron.- Nos dijo.
- Al final fuimos a Coche.
- Ya, la señora Marivi me lo comentó. ¿Qué tal les pareció? ¿Les gustó la isla?
- Mucho, es muy bonita. Lastima no haber podido estar más tiempo.
- ¿Has traído los cierres?.- Me preguntó Marga.
- Están en la bolsa.- Dije mientras los buscaba. Saqué una pequeña bolsa de plástico que le di a Pablo.
El hombre estuvo más de media hora deshaciendo y rehaciendo collares. Al final todos contentos le pagamos y nos despedimos por última vez. Luego fueron parando todos aquellos a los que les habíamos prometido comprar algo otro día y que veían que la promesa (aunque más que una promesa era una insinuación) no se había cumplido y nos lo recriminaban. A las once recogimos los bártulos.
Una copa en remojo en la piscina y a la ducha. Cerramos las maletas, recogimos las pertenencias que íbamos a llevar a cuestas hasta el final y abandonamos definitivamente la habitación. Cancelamos nuestra deuda en el lobby y después de depositar el equipaje en la sala habilitada para ello fuimos a hacer el último recorrido por el recinto del hotel. Alrededor de la una comimos en el buffet, paseamos hasta el Guayamurí para tomar el último café con leche y Amaretto y dejamos pasar el tiempo hasta la hora de partida.
Algo antes de las tres nos cambiamos de ropa para ponernos la que llevaríamos al llegar a Madrid, precintamos con cinta adhesiva las maletas y subimos al autobús. Directos hasta el aeropuerto donde después de pagar las tasas y facturar el equipaje hicimos una hora de cola para pasar el control de seguridad y terminar en una pequeña sala de espera. Una sala de dos pisos, en la planta baja una cafetería, una pequeña tienda de licores, tabacos y chocolates principalmente, un puesto de recuerdos, uno de perlas y otro de bolsos y botas y en la planta superior una cafetería y una tienda de recuerdos.
El embarque estaba previsto para las siete de la tarde pero se demoró hasta las ocho y media. Cinco horas de paciente espera que contribuyeron a elevar mi nerviosismo a límites desconocidos, sobre todo cuando por megafonía requirieron la presencia de varios de los pasajeros. A cada momento temía oír mi nombre a pesar de que me comentaron que llamaban, porque habían visto algo raro en el escáner o de forma aleatoria, a unos cuantos pasajeros para revisar sus equipajes.
Empecé a tranquilizarme cuando el avión elevó el vuelo y vi como las luces de Margarita se iban empequeñeciendo hasta desaparecer por completo. Me tomé un relajante muscular y después de cenar me dormí.

Martes 26 de Febrero de 2008 / Madrid – Barcelona. 2 días después del asesinato.

- ¡El desayuno! ¡Que nos lo perdemos!.- Me despertó Marga. Levanté la cortinilla de mi ventana para comprobar que ya era de día. El viaje había transcurrido de la mejor de las maneras, aunque después de la noche de vigilia no era raro que el cansancio nos hubiera vencido.
Desayunamos y aprovechamos para leer un poco. Pronto empezamos a sobrevolar la península y antes de darnos cuenta, algo después de las diez de la mañana, aterrizábamos en Barajas.
Recogimos el equipaje y nos despedimos de algunos de los compañeros de viaje que habíamos conocido en el hotel, de los que habían sido sospechosos y de los que no, pero especialmente nos despedimos de Marivi y Manolo con los que tendríamos que intercambiar las fotos tomadas esos días. Facturamos nuevamente el equipaje, ahora con destino Barcelona. Nuestro vuelo salía a las dos y cincuenta de la tarde, así que tuvimos tiempo de pasear, curiosear y comer. A las cinco de la tarde entrábamos en casa, agotados y en cierto modo satisfechos.
Todo había terminado, después de mes y medio de inquietudes y desvelos, habiendo conocido a una gente extraordinaria, después de habernos despedido del Holiday Dream, después de haber descubierto unas remotas islas, después de haber sobrevolado el salto de agua más alto del mundo y, sobre todo, después de haber cumplido con éxito la misión que se me había encomendado, todo finalizaba. Ahora quedarían durante un tiempo los recuerdos y poco a poco iríamos regresando a la rutina, iríamos volviendo a la normalidad

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