Hola de nuevo!! [

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Os pongo el relato de una forera, relacionado con el Freedom of the seas y su itinerario por el Caribe Occidental.
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FREEDOM OF THE SEAS, VIAJE INAUGURAL (4 – 11 junio 2006)</center></u></font id="teal">
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31/05/2006:
Después de un vuelo trasatlántico que se me hizo interminable (fue bien, pero soy de las que creen que esto de volar no es algo natural) llegamos al aeropuerto internacional de Miami en un día nublado. Mi primera impresión al salir de la terminal fue pegajosa: ¡menuda humedad gasta esta gente! Cogimos un taxi (de esos típicos amarillos) con el que probablemente era uno de los pocos conductores que no hablaba castellano (no olvidemos que en Miami lo hablan el 60% de la población) así que me tocó sacar por primera vez (y no la única) el paupérrimo inglés que adquirí en mis tiempos mozos para decirle que quería ir al hotel Riu Florida Beach .Como no lo conocía, acerté a decirle que estaba en el 3101 de Collins Avenue.
A efectos informativos, os diré que hay una pegatina en los taxis con la tarifa fija de algunos trayectos y del aeropuerto a la zona del South Beach (donde estaba el hotel) era de 32 o 34 dólares. Como había leído por ahí que hay que dar propina para casi todo (en cuestión de maletas a dólar por cada una) pues añadí 3 más a la tarifa. Por si las moscas no me corté un pelo y pregunté al mismo conductor a la hora de pagar que era lo que se acostumbraba a dar y me dijo que 3 dólares. Pues perfecto, porque llevaba 4 maletas y 1 macuto.
Al entrar me dio buena impresión con su espacioso recibidor, pero al acercarme y entrar a la habitación me invadió un espeso olor a rancio. Con los días se disipó (o me acostumbré) pero no hay que olvidar que en esa zona los hoteles son antiguos, con un algo especial, pero antiguos. Ese en concreto, un poco alejado para mi gusto. Igual es porque el primer día estaba para el arrastre, y acabamos durmiendo hasta el día siguiente, porque después le saqué más ventajas al hotel que otra cosa. La habitación era grande, la terraza más, y daba de cara al mar tal y como especifiqué al reservar (ocean view, y habitación para fumador). Cuando pululas por la zona te das cuenta de que los hoteles de esa calle son la mayoría por un estilo, y poco a poco te vas impregnando del glamour que tienen y alucinas con el Art Decó. El primer día que dediqué a dormir no me di cuenta, pero al siguiente, cuando bajé a desayunar ya me impactó el comedor-bufette de ese estilo. Más adelante, cuando empiezas a asimilar el Art Decó empiezas a ver detalles por todas partes, hasta en la cabecera de la cama… La vista desde la terraza de la habitación es estupenda: ves las piscinas del hotel y el océano. Que por cierto, ¡que susto! que “dejá vu” tuve el día 3, cuando vi desde la terraza un barco de la Royal Caribbean pasando por mis narices… era grande, y por un momento pensé… ¿a qué día estamos? ¿no será ese el Freedom? ¿a que me he equivocado con el jet-lag y me he descontado con la fecha, perdiéndome el embarque? Afortunadamente era un voyager class…no sé cual, no se veía el nombre desde el balcón, pero menudo susto… Continuando con el hotel, decir que desde la zona de la piscina (piscina para adultos, para niños y bar de la piscina) hay un acceso directo a la playa y los hoteles colindantes también lo tienen, formando entre todos un paseo con tablas de madera que recorre el litoral. Es una gozada pasear por allí. Yo lo hice tanto de día como de tarde-noche y se nota una diferencia de temperatura bestial respecto a hacer el mismo paseo por Collins Avenue… será por la brisa del mar, pero nada que ver un paseo con otro respecto al calor y sensación de humedad. Por la tarde-noche había mucha gente paseando y haciendo jogging y en ningún momento me dio sensación de inseguridad, tal vez por ignorancia típica del turista.
01/06/2006:
¡Gooooooooooooooood morning Miami!
Nos despertamos prontito (relajados tras una burrada de horas de sueño) vemos un poco los canales televisivos donde nos anuncian a bombo y platillo el primer día de la temporada de huracanes (no me extraña, si está lloviendo a cántaros) y vamos a desayunar. El bufette estupendo, con tanta o más variedad que un Windjammer y con opción de comer dentro con el aire acondicionado, o en la terracita con ventiladores y separada por una valla de piedra de la zona de piscina. Nos acercamos después a la zona al lado de la recepción donde vendían postales y otros artículos (excursiones, por ejemplo) y nos apuntamos a un tour por la ciudad con paseo final en barco (como si fueran las golondrinas, vamos) para las 13 horas, con la mosca detrás de la oreja porque llueve a cántaros. Nos comentan que no es problema, porque a esa hora han pronosticado que no lloverá ¡y encima aciertan! Es lo que tiene esa zona: diluvios esporádicos. Te cae agua suficiente para llenar un pantano…durante un rato ¡y luego luce el sol!
A la hora prevista aparece el “tutubús” de la “Paradise Tours” (es el que se contrataba desde el hotel, luego por la calle me dejó pasmada uno de la “Duck tours” que encima de una camioneta tenía un barco donde se sentaba la gente. De hecho vi tanto en Collins Av. como en Lincoln Rd. sendos reclamos para excursiones organizadas…) y tras previo pago del resto del importe al hacer la reserva, nos vamos de “safari” a recoger al resto de gente en sus respectivos hoteles (estos tours recogen en cada hotel de la zona a la gente) y visitamos un poco de todo: Ocean Drive, donde nos muestran de pasada cosas curiosas como el restaurante de Gloria Estefan, hoteles donde se filmaron películas (de hecho había un coche con una reproducción de Humphrey Bogart), etc. Little Havana, donde paramos en un lugar concertado (se notaba mucho) para tomar un café cubano, tambien vimos un local donde enrollaban puros a mano, una zona donde se jugaba al dominó al aire libre, y vimos tambien en una de las paradas el monumento conmemorativo de la invasión a la bahía de Cochinos (de hecho vimos eso y lo de los puros porque no hicimos mucho caso a la paradita en el comercio del café). Coconut Grove muy de pasada, Coral Gables parando en la piscina veneciana, que era una cantera antes, etc; acabando en el Bayside donde nos dan los tickets para el barco pirata “el loro” y nos embarcamos en él tras haber dado una vuelta de media horita por el Bayside (y comido en 10 minutos un plato combinado japonés) para pasar por el puerto de cruceros (nos pasó por las narices el Imagination de la Carnival) y navegar cerca de las mansiones de los ricos y famosos. Al narrador le di el toque al principio a ver si podía ir traduciendo lo que contaba, pero no se lució mucho (1000 palabras en inglés, 2 en castellano pese a ser hispano). Digamos que tuvo su castigo divino cuando al desembarcar y esperar en el muelle el paso de los turistas para que le dejaran propina en un cofre pirata, vi que nadie había puesto ni un dólar. Pues si los angloparlantes a los que explicó tan bien no pusieron un duro, imagínate… como para hacerlo yo ¡anda ya! Una vez finalizado el paseo, nos dejaron en cada hotel otra vez. El conductor-guía-showman esta vez se lució porque mientras conducía con una mano (en la otra llevaba el micro) iba cantando una canción de Frank Sinatra, y en un momento dado pidió que todo el mundo levantara las manos acompañando la canción y hasta él sin manos iba…¡la de collejas que le hubiera dado! Por la tarde, sesión relajante de playa y piscina del hotel. Esa noche cenamos allí mismo, en plan bufette libre.
02/06/2006:
Excursión del hotel y de nuevo con “Paradise Tours” al Gator Park (Everglades) con un solazo achicharrante. Aquí es cuando echas de menos el nublado e incluso la lluvia. Fuimos en una de sus mini-vans o como se llamen, con un conductor bastante más silencioso que el anterior (lástima) lo poco que contó era (en inglés) sobre la tribu de los seminola que ahora son los propietarios de los casinos que hay a las afueras, y que el nombre de Miami viene de un río que se llamaba “Mayama”. No pillé nada más. Tambien nos señalaba por el camino de ida algunos caimanes que se veían más allá del arcén. Subimos a una barca de esas con un ventilador gigante detrás, e hicimos un recorrido por el pantano, viendo algún que otro caimán, tortuga y pájaros varios. No era lo que me esperaba, fuimos despacio y poco trozo por un canal y a la que menos te lo esperas das la vuelta. ¡Yo esperaba ir a toda pastilla por sitios más descampados! El guía lo tenía todo calculado. Para mi que simuló atascarse en las hierbas (se atascó a posta), nos hizo ponernos a todos detrás para que la parte delantera no tuviera peso, empujó, salimos y…media vuelta. Grrrrr…Vamos, que hicimos un recorrido tal que el canal Olimpic. Las explicaciones las hizo en todo momento en inglés, pero no olvidó decir a la vuelta “me encantan las propinas” en castellano. Estuve a un pelo de replicarle que a mi me encantaban las explicaciones en castellano, pero como soy tonta rematada para todo, no me atreví. Después exhibición de varias especies de animales por parte de un explorador, que entre explicaciones seguramente muy interesantes para los que hablan el idioma, manipuló diferentes animalitos, entre ellos un escorpión, una mofeta (con la que nos hizo una bromita ayudándose de una jeringuilla) y numerito con el caimán. Con otro chiquitín de 4 años te puedes hacer una foto, que si es con tu cámara te cobran 2 dólares y si es con la de ellos (polaroid) el precio es de 5$. Escogí esta última opción porque conociendo a Lorenzo, seguro que hubiese hecho la foto movida (las cámaras no son lo suyo).
Por fuera tenían una granja con varios caimanes más, y la tienda de souvenirs.
Me parece que fue esa tarde/noche cuando estuvimos paseando a patita (que grande y que lejos está todo) por Collins Avenue hasta Lincoln Road, y después ya de noche por Ocean Drive donde estaba toda la marcha. Aquello era de postal: de las típicas con los edificios llenos de luces de neón. Cenamos en el Johnny Rockets, al lado del hotel Colony que es el que sale siempre en todas las postales de Ocean Drive. Como dato curioso, delante de uno de los locales había aparcado un coche, y al volante estaba sentado Humphrey Bogart (una reproducción claro). Aprovechamos para inmortalizarlo más de lo que ya lo está. No sé cómo conseguí volver otra vez a pie por la noche hasta el hotel… de lo que más me arrepiento es de no haber alquilado un coche.
03/06/2006:
Día de shopping & playa & piscina. Me gustaron las tiendas de Lincoln Road, de lo más variopinto. Incluso habían reproducciones en miniatura de huevos Fabergé. Me arrepiento de no haberme llevado uno. El palizón de andar me lo volví a pegar, pero esta vez exigí volver en taxi. El resto del día a remojo en la playa que estaba llena de sargazos, comimos en el bar de la piscina y sólo un chaparrón por la tarde nos sacó de ella. Menos mal de esta lluvia, porque en la piscina me pilló por banda una señora cubana que vivía en Miami, que me soltó un monólogo impresionante (era imposible meter cucharada) incluyendo la parte revolucionaria y en cuanto pude me escabullí. ¡Gracias tormenta! Por la noche estuvimos paseando por el paseo de tablas de madera que da al mar, y menuda diferencia de temperatura con el interior. Cenar, tomar algo en el salón del hotel mientras hacían música en vivo, y a la habitación que hay que recogerlo todo para el día siguiente ¡embarcar!
04/06/2006:
Tras liquidar la cuenta, cogemos un taxi hasta el puerto (24$ aprox.) a ver si embarcamos pronto, por si surge algún problema de papeles ir con tiempo de sobras.
Yendo por delante con el setsail pass que me imprimí en casa, todo a las mil maravillas y rápido. Acabamos en una cola para los que ya lo teníamos todo en regla, ningún problema con el idioma, le hice una foto al marido, me avisaron los pasajeros de detrás que no se podían hacer fotos allí (vale, pero yo ya la tengo) y a las 11h. nos gritan…” are you ready?” contestando todos con un estruendoso: “yeah!” y se abre la veda para el embarque. A la que piso el barco suelto un “ja soc aquí!” (ni que fuera un president de la Generalitat oyes). Y a partir de ahí pues lo típico: practicar el arte de la abertura extrema de ojos, giros de cabeza para no perder detalle que ni la niña del exorcista, entonar algún que otro – “¡ohhh!”- y caer en la cuenta que el marido echa de menos el “Wyoming” (Windjammer en su dialecto). Ya no sé que hora era, y si entre medio hicimos algo más, pero nos fuimos al camarote a relajarnos un rato y ver que tal era. El camarote me pareció algo más grande de lo que esperaba para ser un E2 (recuerdo haber ido en un D1 de iguales o menos dimensiones) tal vez era porque la niña no venía y claro, espacio que ocupa, jejeje. El balcón sí que me pareció más grande, y aunque habían las 2 típicas sillas con el taburete, me dio la impresión de que hubieran cabido tumbonas, o al menos una. La cama sí que me pareció descaradamente más grande que las que había probado en camarotes con la misma disposición que ese y el televisor de pantalla plana un gustazo. No sé por qué pensé que la tele sería más pequeña (plana, pero como las que había visto hasta el momento) y aquello era cinemascope puro. Me quedo pasmada con los paneles corredizos de la ducha: ¡aleluya, se acabó la cortina pegada a la espalda! Pero lo que no me sorprende un pelo es ver a mi amiga querida del alma: la roñosilla pastilla de jabón en lugar de botecitos de gel. A medida que me voy amoldando a mi nuevo territorio, voy buscando los canales de siempre: canal 33: CNN en español. Canal 39: Actividades, menú de la cena, etc: una especie de compass vaya. Canal 40 (mi favorito): mapa de la ruta, nudos, velocidad del viento y webcam. Canal 41: Repetición de los espectáculos de la noche anterior (muy práctico si te los has perdido) y en el canal 15 te hablan de las excursiones en inglés. Hay un botón a parte para entrar en la parte interactiva que a mí me fue de fábula para contratar las excursiones. Es un gusto no tener que hacer cola. También fui controlando desde allí los gastos que se cargan en la cuenta. Al asomarme al balcón me doy cuenta de que la terminal de cruceros parece las carpas de algún sarao veraniego. Todas blanquitas, en fila, cual ristra de tiendas de campaña. Empieza a llover…bueno, ya estoy recogida en el camarote, da igual. Miro a la izquierda y arriba: ¡Un ovni! Ah, no…es el jacuzzi-balcón. Empieza a diluviar… que exagerados son para todo estos americanos… ¡hasta para el llover! Empiezan las palmeras a dar bandazos… No, si al final será verdad que se avecina la época de huracanes tal y como vaticinaban el día 1 por la tele… Lluvia, viento, y de repente una duda: ¿a las 16:45 no era el simulacro de emergencia? Releñes, ¿con este tiempo hay que salir a la cubierta de los botes? Pero para cuando llega la hora del simulacro ya vuelve a hacer sol y empiezas a pensar como Obélix: ¡están locos estos americanos!
Hicimos el simulacro de rigor, no estuvimos demasiado tiempo de plantón (aún me acuerdo del dolor de pies en el Splendour) y unos simpáticos-juerguistas estadounidenses se ofrecieron a hacernos la foto. Que majos son cuando están de vacaciones, lástima del presidente que tienen! Que diferencia con los londinenses estirados, y digo estirados por no decir cosas peores (puaj). Después del simulacro a las 17h y pico había una reunión con el embajador internacional en el “Olive & Twist” allá arriba en el Viking Crown. Lieben Van Peer explica los pormenores del crucero, le pongo en un aprieto al plantearle el tema de las excursiones en castellano (todavía se debe estar acordando de mí), después reparte tickets para el espectáculo sobre hielo (sólo caben 600 personas) y a todo esto el barco va zarpando del puerto. Ya no recuerdo que más hice hasta la hora de la cena, pero cuando llegó la hora yo cruzaba los dedos para ver si de una puñetera vez me tocaba cenar en la parte de abajo y no donde los balcones. Debí cruzarlos muy bien, porque me tocó en el Leonardo’s a un tiro de piedra de la mesa del capitán. Tenía la 295 creo, justo donde empiezan los balcones por encima pero no te tapan la visión. Daba gusto ver la enorme lámpara de cristal, las escaleras del comedor y los balcones por encima de ti. El camarero era asiático, y su asistente de habla hispana ¿Hondureño tal vez? (ya no recuerdo de dónde era) así que me entendí a la perfección con el asistente. El Maître era filipino y se apellidaba Gutiérrez (curioso pero parece ser que normal). Tuvieron el detalle de traernos en un folio el menú traducido y el resto de noches ya teníamos el menú en el mismo formato que los demás pero en castellano. Estábamos en una mesa redonda para 6 personas, pero eramos 4: apareció una pareja de recién casados de Carolina del Norte que llevaban 2 días de matrimonio en la primera cena. Se habían casado en Las Vegas y ella se llamaba algo así que sonaba tal que “makénsi” (lo primero que se me ocurrió es que sonaba a apellido y no a nombre). Del nombre del marido no me acuerdo, de hecho las que más relación tuvimos fuimos ella y yo. Le puse toda la voluntad posible para entendernos, ya que hablaban en inglés y ella también francés. Pero como el francés tampoco lo domino, nos ajustamos al inglés. Al final con los días acabé soltándome, pero me supuso un estrujamiento de neuronas impresionante. Lo peor de todo es que cuando montas una frase cojonuda en inglés te contestan. Y claro, lo hacen a toda pastilla y con acento de sabe Dios dónde, con verbos, y otros inventos del demonio porque te suponen un nivel superior de inglés del que realmente tienes. ¡Aaaargh! En esos momentos envidiaba a mi marido, que estaba tan tranquilo cenando y pasando de todo en plan autista. Menos mal que los esfuerzos en la comunicación iban alternados con ratos de palique entre parejas, y un par de días se fueron a cenar al Chops Grill. Me sorprendió que esta pareja de recién casados no se quedara nunca a los postres y salieran escopeteados justo después del segundo plato… ¿dónde iban? Jejeje … ¡¡Pues al casino!! Nuestras dudas se disiparon una de las noches que los vimos enfrascados en una mesa de Black Jack jugando por separado. Ahora se entienden las prisas: o coges sitio justo después de cenar, o no cabes para jugar. En mi quinto crucero sigo sin verle la gracia al casino más que en el ambiente que se ve. Pero me hago cruces de ver cómo apuestan los americanos, es alucinante. Y las maquinitas van que vuelan en manos de señoras enjoyadas…con un cubo de palomitas lleno de monedas (o fichas, no sé).
05/06/2006
Día de navegación. Como he tardado 3 meses en escribir esto, ya no recuerdo muy bien que hicimos. Supongo que mucha piscina, de las que me sorprendió que no hubiera ninguna de agua salada. ¡ni la del solarium!
A las 19:30 era la recepción del capitán en la Royal Promenade y la cena la de gala. Menudo ambiente glamouroso había en la Royal Promenade…todo el mundo con sus mejores galas, una profusión de smokings que no había visto en ningún crucero (supongo que sería por ser el inaugural) que incluso hasta los trajes oscuros con corbata se veían raros entre tanto smoking. Había música en vivo desde la pasarela que hay por encima de la promenade, y repartían champán y canapés. Incluso habían parejas bailando de las cuales me dejaron alucinada unos señores mayores que parecían Fred Astaire y Ginger Rogers. Ella destacaba sobre todos, con una elegancia fuera de serie. ¡Es la primera vez que se me ha caído la baba viendo a una señora! Otro día los ví sentados en la mesa del capitán. Por cierto, que la cola para hacerse la foto con él era de miedo, pero entre la música, el ambiente, el champán, los canapés y las galas exóticas de algunos pasajeros se hizo llevadera. Esta vez como novedad vi a un par de japonesas con unos kimonos que me asusto sólo de pensar el precio que deberían tener.
En fin, he tenido que esperar a mi quinto crucero para hacerme una foto con Bill Wright, que por cierto fue todo un relaciones públicas allá donde estuviera; sonriente, participativo y siempre pendiente de todo, ya sea en el teatro Arcadia, el StudioB, comedor, saludando por el Windjammer, controlando desde el muelle en Jamaica… ¡es el capitán al que más le he visto el pelo en todas partes!
No sé si fue esta noche que estuvimos paseando y deambulando, pero recuerdo que la discoteca “The Crypt” siempre estaba vacía. Y era una lástima porque la decoración estaba muy lograda. Incluso en el Schooner Bar o el Boleros había un ambientazo de narices. Y la disco criando telarañas… (bueno, en una cripta es normal, jejeje).
06/06/2006
Aunque la fecha tenía pinta de ser un pelín satánica, nosotros teníamos excursión contratada con la Royal que habíamos elegido tranquilamente desde nuestro camarote en el canal interactivo. La escala era Cozumel y como no conseguí coincidir con gente hispanoparlante no hice la excursión que quería porque no iba a ser en castellano. Cambié Tulum por el snorkel, cosa que nunca había hecho. Escogimos de entre todas las opciones una para novatos evidentemente, así que el día que aprenda de veras cogeré la del arrecife del Palancar, que no me quiero ni imaginar la diferencia de paisaje submarino con la que escogí. Las excursiones para no-novatos requerían saber nadar en corriente, así que ni me las miré. Pero bueno, para no tener ni idea estuvo bien la que escogí. Se hizo bastante cerca del barco, a unos 10 minutos en coche. No habían arrecifes, pero conseguí ver bastantes animales: una barracuda, algunos peces ángel, pez escorpión y otros que no recuerdo el nombre, e incluso uno de los dos guías se iba sumergiendo y nos subia cosas curiosas como el pepino de mar, tambien un bivalvo curiosísimo que parecía a topos, y resulta que era una telilla que más tarde replegó y se le veía la concha blanca, etc. No se hacía pie, el fondo se veía a bastantes metros, pero te equipan bien: las gafas, el tubo (a saber cuantos lo han usado, pero si empiezas a pensar no haces nada), las aletas y un salvavidas de esos hinchables amarillos, que podías inflar o desinflar a tu gusto. En mi ensimismamiento con lo que estaba viendo, en un momento dado me pregunto… ¿y mi marido? Empiezo a mirar y lo veo casi en las antípodas: otro ensimismado que casi se pierde. Para más inri, en su camino de vuelta (le fue a buscar el otro guía) se ve que se cansó porque no atinaba a darle correctamente a las aletas y no avanzaba casi nada, y cuando miraba con las gafas al fondo hundía demasiado la cabeza, con lo que le entraba agua por el tubo (que bruto). Cuando nos alcanzó y después de beberse medio Caribe (en Venecia se lo agradecerán, debe haber bajado el nivel mundial del mar) estaba derrotado. Tuve que arrastrarlo durante el camino de vuelta por una de las tiras del salvavidas hasta la orilla. Es curioso eso del pillarle el tranquillo, yo nadando sé lo justito y menos, pero mira, con aletas por lo visto atiné. Una vez en la orilla nos metimos en el bar, se estaba bien contemplando el Freedom al fondo y nos pedimos algo. Como él ya se había pegado varios lingotazos de agua salada, le fue imposible tomarse el combinado que se pidió. Con la cara de pato mareado que hacía ya pagaba. Supongo que le cogió cierto asco a su bebida cuando le comenté que no venía embotellada y que luego no se extrañara si pillaba diarrea. Acabó pegando algun trago de la cerveza "coronita" que yo me bebía. Menos mal que no se le pasó por la cabeza que el trozo de lima que le metieron igual no estaba lavado y lo incrustaron con los dedos... Nos volvimos al barco porque no estaba fino, pero luego ya no volvimos a bajar y no vimos San Miguel de Cozumel. Menos mal que antes de subir al barco me compré como recuerdo un anillo de plata con incrustaciones de ópalo australiano, con un diseño muy parecido al estilo de Gaudí, que según comentaron están más baratos en el pueblo. Cogimos para volver una lancha que cabrían como 300 personas y hala, para “casita”. Vimos zarpar el barco desde el helipuerto de proa, una sensación de la que no se puede prescindir. Me parece que ese día se hacían los juegos en la piscina, el típico concurso de barrigazos y cosas así. ¿y yo que hice? Pues como que ahora no me acuerdo, al menos por orden. La próxima vez escribo el relato al día siguiente de volver, ¡¡que luego pasa lo que pasa!!
07/06/2006
Grand Cayman:
Escogimos la excursión llamada “Cockatoo Catamaran” y nada más desembarcar en George Town ya chispeaba… Nos llevan a coger un autobús así como de los años 50, con los asientos destartalados y oxidado por varios sitios. A la vuelta tuve conciencia del origen de ese autobús: en una pegatina roñosa ponían unas direcciones tal que Barcelona, Reus, etc... ¿cómo había ido a parar esa tartana allí? El calor era agobiante (a ver donde has visto tu un autobús arcaico con aire acondicionado) y encima por nuestro lado sí que pasa un autobús decente. Mal empezamos, pero no puede ir peor. Bueno sí: empieza a diluviar. Vamos por la carretera para llegar al punto de embarque, pegando botes en la lata oxidada. Que raro, no tiene goteras… ¡debería tenerlas! Al bajar no llueve tanto y nos subimos al catamarán donde dan explicaciones en inglés de cómo tratar a las “Stingrays” (rayas) teniendo como modelo una de peluche. Entre lo que ya sabía y medio entendí, no hay que tocarlas por la parte rasposa de arriba que es donde tienen los ojos, porque como se reboten tienen un aguijón que te puede dejar fino… la prueba real ha sido que 3 meses después más o menos, Steve Irwin, el "cazador de cocodrilos", murió precisamente así: apuñalado en el corazón por una raya toro. Zarpamos. El trayecto es de unos 20 o 30 minutos y la verdad es que me gustó: la música a todo trapo, te puedes sentar dentro o tumbarte en una red en proa, las bolsas las puedes guardar dentro del patín derecho (menos mal porque sino las cámaras hubieran quedado remojadas) y la brisa soplando. Es un gustazo incluso con el chaparrón que nos volvió a caer. Nos tapamos con las toallas y seguimos hacia el punto donde se juntan las rayas. Pero de momento lo que hay son rayos, que con los respectivos truenos suenan a lo lejos (no demasiado lejos). Llueve más todavía y empieza a parecer un anuncio de esos en los que hay deportistas luchando contra los elementos en un velero. Alguien sugiere volver, pero la mayoría dice que no (supongo que se espantarían más porque llevaban un niño de unos 10 años). Empieza a amainar y vemos una zona con varias excursiones que ya están en remojo. Para cuando llegamos ya ni llueve. Nos ponemos los chalecos, las gafas y el tubo de snorkel (puaj) esta vez sin aletas porque en la mayoría de los trozos haces pie perfectamente. Las rayas “revoloteando” entre nuestras piernas, al principio no te atreves a andar por si pisas alguna. La guía da explicaciones atrayendo alguna raya con calamares que tiene en un salvavidas con un cubo dentro. Al principio las rayas que ves no hacen mucho caso aunque te pasen rozando, pero cuando coges calamares del cubo… ¡se te rifan! Es una gozada cuando vienen a comer de tu mano, lo que pasa que llega un momento que se te echan encima y todo. Llegó un momento en que yo estaba tapada por rayas, jejeje y me avisó 2 veces la guía para que fuese con ojo… Es una excursión muy bonita, aunque ahora, después de haber visto lo que le pasó a Steve Irwin me lo pensaría 2 veces…
08/06/2006
Estando en la cama y bastante pronto, empiezo a oir una musiquilla por el balcón. La empiezo a seguir (señal de que la conozco) y en cuanto abro un ojo pienso: ¿Bob Marley? Pues sí: estamos acercándonos a Montego Bay para atracar. La música a todo volúmen poniendo “One Love” y poniendo “One Love” y poniendo “One Love” y poniendo “One Love” y poniendo “One Love” y poniendo “One Love” y poniendo “One Love” y poniendo “One Love”… Que… ¿me repito, verdad? PUES ELLOS MÁS. Menos mal que para cuando atracamos pusieron otras canciones ¡porque estuve a un pelo de aborrecer esa! Por algún misterio misterioso conseguí llamar con el móvil a casa, cosa que no había podido hacer en Miami (excepto en una zona del aeropuerto).
En el muelle estaban montando un escenario y nos tenían puesta una alfombra roja para desembarcar. Tambien habían carteles dando la bienvenida y grupos de bailarines jamaicanos animando la situación.
Me acordé que se me había olvidado contratar excursión así que a hacer puñetas la excursión que quería hacer a “Dunn Falls”. Desayunamos tranquilamente aprovechando que no había excursión, con más música de fondo de Bob Marley que se oía desde fuera con cristales y todo, para bajar más tarde por nuestra cuenta. Anda que vaya sitio fui a escoger para ir por libre *glups*
En la misma terminal donde está el control hay un montón de tiendecitas, pero las pasamos de largo para ir a Montego Bay. Nos montamos por …mmm…¿3 dólares? en un micro-bus bastante arcaico y curioso: a medida que se iban ocupando las plazas, de atrás hacia delante iban bajando (como si fuera una repisa) un asiento más que ocupaba el espacio del pasillo. Me pregunto cómo narices sale la gente en caso de accidente si se comen el pasillo…Nos dejaron en una zona de tiendas y me sorprendió ver que tenía una especie de “frontera” con una cadena que subían y bajaban para que pasaran los autocares. Ya desde allí se apreciaba que al otro lado de la cadena era “territorio comanche”. Estuvimos paseando y comprando por la zona y se nos ocurrió pasar al “otro lado”. La verdad es que por libre no da muy buen fario ir por allí. Nada más cruzar la cadena te incordian. Al final tuve que empezar a contestar en catalán para ver si me dejaban en paz, porque hasta con el castellano se defendían. Andamos calle abajo hasta una plaza donde está “The cage” antígua prisión para esclavos fugitivos de 1806. También había un monumento a Sam Sharpe, un héroe de Montego Bay que fue esclavo y fue ejecutado en 1832 pero lo que me dejó a cuadros fue ver la entrada de un banco custodiada por dos tipos con escopetas. El marido insistió en que dieramos media vuelta, así que se acabó ver rastafaris y eso sí, mucha miseria. Antes de coger el autobús nos tomamos una cerveza de la típica marca local “Red Stripe” , hicimos algunas compras (donde me encalomaron un billete de 2 dólares, cosa que no había visto nunca y ni me paré a pensar si era falso o era moneda jamaicana: me faltó tiempo para comprar allí mismo algo con ese billete (fuera de las tiendas "oficiales") y volvimos a la terminal. Esta vez sí que nos paramos en las tiendecitas. Más tarde, en el escenario que habían montado en el muelle ¡actuó Shaggy! (igual lo recordais por canciones como Mr. Bombastic). Menudo concierto se montó allí ante los pasajeros del Freedom. Lo que me dio lástima fue la población local que se tenía que conformar con verlo desde el otro lado de la valla. A parte del pasaje habían animadores, gente andando con zancos, etc. A la hora de zarpar nos despidió una banda con trajes rojos tipo militar, que debieron sudar lo suyo bajo el sol tan abrigados. Jamaica debe ser muy bonita, pero no recomiendo andar por Montego Bay por libre… ¡que lástima no haber contratado excursión!
Creo que fue para aquella tarde a las 7 que teníamos el ticket para ver el espectáculo de patinaje sobre hielo en el StudioB. Una maravilla y algunos sorprendentes. Me gustó especialmente el número de los cambios de trajes y el de los piratas que sacaron 2 galeones a la pista, en los que subían a los niños. Como curiosidad, había un pirata ¡con 3 piernas!
09/06/2006
Labadee:
Relax total. Bajamos en lanchas a la hora que nos dio la gana, porque el paisaje llamaba mucho y ya desde el camarote veíamos a los más madrugadores circulando con motos de agua no muy lejos del barco. Nada más bajar ya nos recibieron con musiquita y nos dispusimos a coger una hamaca para tumbarnos al sol. Los que estaban distribuyéndolas te pedían la voluntad. Primero nos metimos en la playa del lado opuesto al desembarque, donde está el puesto de primeros auxilios. ¡Ni se os ocurra meteros allí! A no ser que solo querais flotar con la colchoneta. Donde no está lleno de piedras, está lleno de algas que crecen en el fondo. Como no cubre nada, lo sumo hasta la cintura, todo el rato estás pisando algo. Menos mal que nos cambiamos de sitio y fuimos a “weslie’s beach” que está al lado del embarcadero. Aquí el nivel de agua ya es otra cosa y no vas pisando puñetas por doquier. El barco, que se ve al fondo, se presta para una buena foto. También fuimos andando a la playa de al lado “Barefoot beach” que incluso estaba mejor que la anterior. Los pececillos pululaban entre las piernas. Me faltaron por ver un par de playas más… Mientras estás de relax en la tumbona, van pasando contínuamente vendedores con refrescos y el cocktail del día. No olvides tu seapass si te apetece algo y dinero en efectivo por si vas al mercado de souvenirs que tienen con artesanía haitiana, etc. Por cierto, el marido perdió su tarjeta en el mar y nos dimos cuenta de que están bien organizados. En el mismo embarcadero tenían una lista con la gente que había bajado, tomaron nota de su nombre y subimos al barco. Antes de hacerlo, a todo el que iba a coger las lanchas le obsequiaban con 2 botellines de agua marca “Freedom of the seas” y una toallita enrollada húmeda con aroma cítrico. En el mostrador de recepción le hicieron una tarjeta nueva al momento. Creo que esa noche era el espectáculo estilo Broadway, con una espectacular puesta en escena y cambios de decorado en un instante. Tambien me parece que pusieron esa noche un bufette muy bonito en el Windjammer, con esculturas y todo tipo de virguerías.
10/06/2006
Día de navegación. Como que no recuerdo exactamente qué hicimos. Piscineo seguro, incluso en los jacuzzis colgantes que no había mencionado hasta ahora. Muy pocas veces los vi saturados de gente. Son una gozada, porque no te cueces al sol en ellos como en las otras piscinas. Os recomiendo que os pongais en las esquinas, porque allí es donde más burbujas hay. Cuando estás navegando no te haces una idea de la altura a la que están porque debajo no tienes referencias a la vista (solo el azul del mar) así que no da impresión. Uno de los días (igual fue este, a saber) vimos en la Royal Promenade la “Royal Parade” una especie de pasacalles de temática circense. Muy espectacular. Algunos días fuera de las tiendas habían mostradores con ropa de rebajas (parecía un mercadillo) y la típica oferta de la pulgada de oro, que parece muy tirado de precio pero que cuando ya has comprado te encuentras un papelito dentro donde pone que es un baño sobre noseque metal (será un baño grueso, pero por dentro no es oro, que lo sepais). Me hizo gracia ver en las tiendas entre el típico merchandising de la Royal, camisetas en las que se veía estampado un barco de clase Voyager con el nombre cambiado y substituído por Freedom. La faena fue mia para encontrar una que llevara estampado el Freedom de verdad… supongo que esto pasó por ser el inaugural, ya lo irán solventando. Me quedé con las ganas de comprarme un imán de cocina con la forma del barco aunque lo busqué por todos los rincones (tengo el Splendour y el Brilliance…me falta éste, buaaaaaaa).
Otra cosa que no he comentado, es que no se si fue por ser el viaje inaugural o por ser socios del club Crown & Anchor nos dejaron bastantes cosas en el camarote. A parte de los tickets de siempre con descuentos varios, nos dejaron dos bolsas-termo con los mismos botellines de agua y toallita refrescante que en Labadee, una caja con pins de las zonas del barco, un álbum muy bien presentado con un certificado del viaje inaugural y foto nocturna del Freedom, y alguna cosa más que no recuerdo. Por cierto, con lo de ser socios del club, tambien nos dejaron unas invitaciones para un cocktail en el StudioB para los repetidores. Estuvo muy bien, en lugar de la pista de patinaje había como parquet, iban repartiendo bebidas gratuítas, canapés y a demás podías picar algo caliente de unos carritos que habían en la misma pista. Tocaba un conjunto musical y aparecieron el capitán y el director de crucero. Hablaron un buen rato, incluso del proyecto Genesis y el ambiente era fenomenal. Una fiesta privada. Por cierto que allí tambien estaban bailando la pareja mayor que parecían Ginger y Fred.
Otro sitio que a penas he mencionado es el bar Boleros, siempre con ambiente latino y canciones ídem. El barman hacía de su trabajo todo un espectáculo, realizando malabarismos y trucos varios. La camarera que nos atendía allí se llamaba igual que mi hija. Me quedé sorprendida cuando vi la cuenta (pone el nombre de quien te ha servido) y me faltó tiempo para comentárselo. Era simpatiquísima y encima hablaba en castellano. Entre pitos y flautas el marido al final no se subió a la pared de escalada: no nos acordamos hasta el último día y era la hora en la que ya recogían. Hicimos las partidas de rigor al mini-golf, claro, pero sin mi hija que no vino y es una de las cosas que le encanta de los cruceros. En este crucero es en el que más fotos he comprado ya que no habrá otro igual y está en el otro lado del mundo. Dudo que vuelva a hacerme fotos con rastas y cosas así.
En el camarote por cierto, de entre los muñequitos que hacen con toallas me encontré uno que no había visto antes: una raya y un…¡murciélago! Era majísimo, ya era hora de que hicieran un bicho para colgar de la percha que no fuese el mono…
11/06/2006
Desembarque en Miami:
Desayunamos tranquilamente pues no teníamos el vuelo hasta por la tarde, así que pasamos olímpicamente de los avisos. Se pasó nuestro turno de desembarco mientras dabamos el último paseo por la Royal Promenade y nos sentamos en la terraza del pub “Bull & Bear”. Nos encontramos con el embajador internacional y casi por corte después de hablar con él nos fuimos derechitos a desembarcar. Si lo se me espero 2 horas más, pues había una cola de mil demonios para pasar por los controles de inmigración. Lo que más rabia me dio, es que tenian mucha condescendencia con algunos turistas y los pasaban por otro sitio ahorrándose las colas. Unas japonesas, un rabino, etc; en fin…que morro… Fuimos al aeropuerto y chaparrón. Yo pensando…faltan horas para subir al avión, espero que pare… aprovechamos para hacer las últimas compras y cuando llegó el momento embarcamos. Que no se porque le dicen embarcar, si no es un barco: debería ser avionar! La vuelta fue peor para mí que la ida. No pasó nada raro, pero como para mi es lo más antinatural del mundo esto de volar lo pasé fatal. Encima la mayor parte del vuelo fue nocturno, así que mientras todos sobaban plácidamente yo estaba tiesa como una estaca. Antes de llegar a Madrid me planteé seriamente no coger el vuelo hasta Barcelona. Aun me acordaba del Barcelona-Madrid de la ida, en la que el tio aterrizando justo antes de tocar suelo me pareció que se escoraba como para tocar tierra con la punta del ala… pero claro, me lo pareció a mí, que estoy pendiente de todo. Afortunadamente los bicharracos transatlánticos aterrizan moviéndose menos, e incluso el Madrid-Barcelona lo hizo mejor que a la ida. ¡Como odio los aviones!
Esta vez el síndrome post-crucero ha sido leve, casi nulo, porque en noviembre tengo el mini y menuda diferencia de no tener nada a la vista. Como dicen, la mejor manera de quitarse este síndrome es planear el siguiente crucero.
Impresiones generales:
Un barco enorme con multitud de espacios distintos. Al ser nuevo no se le puede sacar prácticamente ninguna pega, salvo quizá la parte del solarium que no tiene techo retráctil como el Brilliance o el Splendour: No está pensado para que algún día lo posicionen en un lugar más frío que el Caribe. Los detalles de algunas zonas rayaban lo hortera pero no era la tónica general. Para ser un viaje inaugural solventaron bastante bien pequeños detalles como el compass y los menús. No me quejaré de la dificultad de poder hacer una excursión en castellano ya que estábamos en el Caribe. El servicio bueno, la animación no puedo opinar mucho por el tema del idioma, pero los espectáculos fantásticos, tanto en el teatro Arcadia como en el StudioB. Un incordio importante es el trámite de pasar por los controles de inmigración al desembarcar, pero de eso no tiene culpa la compañía evidentemente. El camarote exterior con balcón estupendo, me pareció algo más grande de lo normal incluso el balcón para su categoría al igual que la cama, y que lástima lo de las pastillas de jabón en lugar de botecitos de gel. Hay un dispensador dentro de la ducha, pero para semejante barco desmerece un detalle como ese que no les debe salir tan caro. Aunque claro...si en una compañía aérea se ahorran millones por quitar una oliva de cada ensalada, entonces el tema del gel son palabras mayores...
El glamour que se mascaba en la recepción del capitán no lo olvidaré en la vida, el pasaje en general muy correcto y nada escandaloso, incluso simpático y amable aunque no te conozcan de nada. No vi ni un follón, empujones ni palabra fuera de tono en ningun momento, como he leído que se dan en otras partes. Un punto a parte es el mismo capitán: muy asequible, andando entre la gente y preguntándoles cómo les iba, showman dispuesto a salir al escenario, etc; y con una planta impresionante...
Anna. </font id="size1">
NUESTRO PROXIMO CRUCERO >
caribenyo.webcindario.com/
2005 Diciembre - Holiday Dream Caribe.
2006 Junio - Oceanic Mediterráneo.
2007 Julio - Norwegian Dream Capitales Bálticas.
2008 Diciembre - Freedom of the seas Caribe + Nueva York.