A nosotros nos tocó llevar a Daniela al Maxiclub y a Pablito a la sala de Peppa Pig. Esta sala está muy bien para que se entretengan los niños un rato, tienen un montón de juguetes, además de una pantalla de televisión con pases continuos de capítulos de Peppa en varios idiomas. Para los papás dispone de unos amplios sofás muy cómodos para estar allí leyendo un ratito, socializando o relajándose mientras ellos juegan. Lo malo venía a la hora de marcharse pues Pablo nunca quería irse, era, junto a la piscina, su lugar favorito en el barco. En su barco, porque él sigue diciendo que es su barco grande el “Costa Avolosa”.
Aquí echamos algún que otro rato.
Pablo se lo pasaba bomba.
También aproveché para subir un ratito al Samsara Spa. No os he hablado del Samsara, es una gozada. Nosotros nos lo sacamos y creo que fue un dinero bien invertido, 110€ por persona para los 11 días de crucero. Aunque la pena fue que no lo pudimos aprovechar juntos, porque alguien debía quedarse con Pablo, nos tocaba ir por turnos.
El primer día te dan un albornoz para que te lo puedas llevar a la habitación, así no tienes que andar cambiándote de ropa. Por supuesto, los días de navegación se encuentra un poco más completo, pero muchas tardes apenas éramos unos pocos en todo el Samsara y tenías el Spa o las saunas para ti sólito, era genial.
El Samsara dispone de dos plantas. En la primera se encuentra la recepción, el gimnasio, los vestuarios y la piscina de talasoterapia, muy bonita y con camas de burbujas. Al salir tienes el baño turco aromático, el tepidarium con unas vistas a proa tan impresionantes como el calor que hacía ahí), el laconium (sauna de vapor), el baño de vapor oriental (muy agradable y con aromas) y dos duchas escocesas. También estaba el área de relax con unos sillones muy cómodos y las camas balinesas, donde se metían algunos unas buenas siestas en parejitas, que a veces te daba un poco de reparo en molestar en momento tan “romántico”.
En la planta superior tenemos el jardín de invierno, para relajarse tomando un té en las tumbonas y disfrutando en absoluto silencio de las vistas al mar (Ahí sí reconozco que alguna cabezada me di, tan a gusto y con tanto silencio...)