Hola Arrecife19. La verdad es que los niños se portaron como unos campeones y aguantaron la paliza del viaje.
Los tres primeros días en Copenhague fueron a tope. Por la mañana nos costaba la vida ponerlos en pie, el día lo echaban bien, pero por la noche era tremendo. Nuestros niños pasan de estar la mar de bien a de repente apagarse y quedarse dormidos. Pablo, el pequeño se dormía en su sillita y bien, pero Daniela la tenía que echar en brazos hasta el hotel. Llegaba muerto.

En Barcelona todo el mundo nos miraba en el restaurante donde almorzamos porque se quedaron los dos dormidos con la cabecita encima de la mesa, pobrecillos estaban reventados.
El día de Ámsterdam llevaba un plano con la ruta que hacíamos imprimido del Google Maps en 11 hojas. Cada rato Daniela me preguntaba que cuantas hojas quedaban para llegar al final, yo le decía que poquitas

Claro, después de Ámsterdam me preguntaba por las hojas que tenía la ciudad y yo le decía que solamente una, que eran más pequeñas y ella me contestaba que entonces era muy fácil y ya iba contenta
De todas formas pudimos ir descansando a lo largo del viaje pues tras los tres días en Copenhague tuvimos uno de navegación, después Ámsterdam, Dover-Canterbury y Le Havre-Honfleur . Otro día de navegación, después Vigo, Lisboa (que hizo un calor tremendo) y Cádiz. Y otro día de navegación antes de terminar en Barcelona, donde nos quedamos una noche más.
A nosotros nos hace mucha gracia cuando la gente nos dice que con niños no se puede viajar, o más adelante o ya no es lo mismo que cuando novios, etc.. Nuestros niños llevan bien lo de viajar, les gustan, pero son niños y como todos se cansan, o se aburren, o se enfadan, o lloran, o se ponen caprichosos y quieren que les compre todo lo que ven, o quieren ir al baño cuando no hay ninguno y todas esas cosillas que sabemos los que somos padres y que tan bonitos y entrañables hacen los viajes en familia.
En serio, que nos gusta que ellos vengan con nosotros y compartamos muchos recuerdos y vivencias juntos. Al final nos quedamos con lo bueno y de los contratiempos siempre nos acabamos riendo. Ellos se acuerdan mucho de los viajes y eso nos hace muy feliz a todos.
Todos los días nos dice Pablo que él quiere ir a su "Baco gande" y Daniela que si falta mucho para el siguiente, desde tan chicos y ya enganchados a los cruceros.
Saludos, Sirocco.
P.D. Dedicado a los sufridos padres que viajan con sus enanos.