Sábado, 25 de abril.
- Hemos estado curioseando por internet.- Decía Paco sentados a la misma mesa donde nos tomábamos la rutinaria cerveza antes de la clase de baile. La tele sin volumen ofrecía un bonito partido de criquet desde Manchester.
La semana había resultado entretenida. Seguía acudiendo a la fábrica para que no se colapsara antes de que se hicieran cargo de ella los italianos. En realidad la fábrica me importaba un pimiento. Lo hacía por la gente que vivía de ella y que había colaborado en el éxito de mi proyecto. Sobre todo por Laura. Me caía bien esa chica, discreta y eficiente. El martes entró en mi despacho después de golpear la puerta con los nudillos.
- Unos señores preguntan por usted.
- ¿Unos señores?
- Italianos.- Añadió con semblante perplejo. No teníamos clientes italianos ni nos estábamos abriendo hacia ese mercado. Por supuesto nadie tenía ni idea de que la fábrica había sido vendida y precisamente a unos italianos.
- Hazles pasar.
- ¿Sirvo café o refrescos?
- No te molestes, no hace falta.
Se mostró sorprendida pero no hizo comentario alguno. Unos segundos después entraron tres hombres que rondarían los cuarenta años, elegantemente vestidos, con portafolios de piel, gafas de diseño, pelo engominado y manos enjoyadas.
Cuando Laura cerró la puerta, se presentaron. Yo ya sabía que solo podía tratarse de los nuevos propietarios o sus representantes. Les invité a sentarse. Solo había dos sillas así que uno de ellos tuvo que permanecer de pie, algo que no me preocupó en absoluto. Hablaban en un perfecto español con un bonito acento italiano. Querían que empezara a formalizarse la transmisión de la empresa.
- Vuelvan el 1 de junio.- Sugerí.
- Debería ser antes.- Dijo el que se sentó en la silla de la izquierda.
- ¿Por qué?
- Nos han llegado rumores…
- ¿Rumores?
- Irregularidades, insolvencia, cosas así…
- Rumores infundados, nada de lo que deban preocuparse.- Dije.- Vuelvan el 1 de junio.
- Quisiéramos poder despejar dudas.
- No hay motivo para dudar
- Quisiéramos ver las cuentas.
- ¿No las vieron antes de firmar la escritura?
- Vimos un informe económico.
- Y eso les bastó.
- En ese momento sí.
- ¿Entonces?
- Eso era antes de que Arturo Bellpuig desapareciera y usted programara irse de crucero.
- Están bien informados.
- ¡Por supuesto! En los negocios la información es fundamental.- Dijo el que permanecía de pie visiblemente incomodo y balanceándose de un pie al otro.
- Arturo ha tenido que marchar por una circunstancia imprevista y yo le debía el crucero a mi mujer desde hace mucho tiempo. Repito: no hay motivo de preocupación. La fábrica sigue a pleno rendimiento, los pedidos no cesan de crecer y la situación económica está saneada.- Era cierto, los bancos no podrían reclamar una propiedad que había cambiado de titularidad antes de conceder los préstamos.- Vuelvan el 1 de junio y aquí me encontraran para darles las llaves de todo esto y para indicarles donde está el baño.
- No nos parece divertido.
- Les aseguro que a mí tampoco.
- Hemos hecho muchos kilómetros para irnos de vacío.
- Si hubieran llamado antes, se habrían ahorrado el viaje.
- Si cuando nos hagamos cargo de la fábrica nos encontramos con alguna circunstancia imprevista iremos a por usted con todas nuestras energías.
- El 1 de junio se encontraran con una de las empresas más rentables de este país, veremos si son capaces de mantenerlo por mucho tiempo.
- Duda de nuestra profesionalidad.
- ¡Ay no! Lo que pasa es que ya me están aburriendo, ¿nos vemos en junio?- Me levanté y camine hasta la puerta, la abrí y les flanquee el paso.- La señorita Laura les acompañará.
- Le advierto qué…- empezó a decir el que había permanecido de pie.
- Buenos días señores, ha sido un placer.- Le corté y me dirigí a mi asiento tras la mesa.
Al cabo de unos minutos entró Laura después de golpear levemente la puerta.
- Si me permite una pregunta: ¿quiénes eran?
- Tus futuros jefes.
- ¿Mis qué?
- Han comprado Bellcon.
- ¿En serio?
- En serio. A partir del 1 de junio van a ser los máximos responsables de esto. Espero que mantengan a todo el personal. En todo caso les indicaré que tú eres imprescindible.
- Y usted ¿nos va a dejar?- Dijo emocionada. Sus ojos adquirieron un brillo que indicaba estaban al borde de las lagrimas. Me levanté y me acerque a Laura tomándola de las manos.
- ¡Eh, eh! No pasa nada.
- Claro que pasa. No vamos a seguir trabajando juntos.
- ¡Pero si solo llevamos unos meses!
- Si, pero nunca he trabajado tan a gusto.
La miré a los ojos vidriosos y ella se acercó a mí. Por un momento temí que me fuera a besar, pero se limitó a darme un abrazo. Al cabo de unos segundos se separó de mí e intentó recomponer su semblante.
- Con Arturo fue muy duro.
- ¿Duro?
- Si, era un acosador nato. Se insinuaba y propasaba a cada momento.
- ¿Por qué no le denunciaste?
- Porque no quería perder el trabajo.
- Pero ese cerdo ¿llegó a…?
- ¿Violarme? No, no, a eso no llegó. Se limitaba a manosear y a exhibirse.
- No me cuentes más, ¡será cabrón!
- Bueno,- suspiró- voy a seguir con lo mío.
- Si prescinden de ti, házmelo saber, te buscaré un trabajo acorde con tu valía.- Las palabras salieron solas, pero esperaba que eso no sucediera pues no sabía si podría cumplir con mi oferta.
El jueves recibí otra visita.
- Un señor desea verle.- Dijo Laura tendiéndome una tarjeta.
Miré la tarjeta: un nombre común, Ramón Pérez; un trabajo común, Delegado Comercial; pero una empresa muy poco común, Matrioska Bank.
- ¡Joder!- Se me escapó, no acostumbraba a maldecir delante de Laura.
- ¿Pasa algo? ¿Me deshago de él?
- No, no, es que no esperaba su visita.
Le tenía el mismo aprecio que a los italianos, pero algo me dijo que tenía que ser más hospitalario con él.
- Hazle pasar y prepara un poco de café.
Me levanté para tenderle la mano al hombre que Laura hizo pasar.
- ¡Buenos días! ¿En qué puedo servirle?- Dije indicándole que tomara asiento.
- Supongo que es conocedor del motivo de mi visita.- Dijo con un fuerte acento ruso. Me hizo gracia lo del acento llamándose Ramón Pérez, además me hizo gracia que su acento sonara igual al de las películas cuando muestran a un ruso intentando hablar en español.
- ¿Y esa sonrisa?- Preguntó.
- Perdone, es que me ha sorprendido que con su apellido hable con tanto acento, pensaba que me visitaba un compatriota.
- Mis padres fueron niños de la guerra civil enviados a Moscú. Me enseñaron el idioma pero no pudieron evitar que el idioma en el que pienso sea el ruso. Pero no hablemos de mí. Parece ser que ha recibido un bonito préstamo por parte de la entidad a la que represento.
- Parece ser que yo no he recibido nada.
- Eso no es lo que consta en los papeles.
- Parece ser que otra persona recibió el bonito préstamo usando mi nombre.
- Entonces esta no es su firma.- Dijo mientras abría el maletín que había apoyado sobre sus rodillas. Yo ya sabía lo que iba a mostrarme.
- Probablemente lo sea, pero no he firmado nada de forma consciente.
- ¿Puede demostrarlo?
- ¿Qué alguien me obligó bajo coacción a firmar su préstamo? No.
- Entonces tenemos un problema. Usted tiene un problema.
- Arturo Bellpuig solicitó ese dinero, consiguió mi firma y desapareció.
- ¿Con el dinero?
- Supongo.
- ¿Supone?
- No, estoy seguro.
- Y usted, por casualidad, ¿podrá disponer de esa cantidad en un plazo no superior a dos años?
- Puede que sí, puede que no.
- ¿?- Ramón puso cara de interrogación.
- Es posible que el próximo mes obtenga la manera de devolverles ese dinero.
- ¿En un crucero?- Yo no había puesto ningún anuncio en la prensa, pero parecía que todo el mundo sabía que me iba de crucero.
- O en una de sus escalas.
- Pero solo es posible.
- Confío en que así sea.
- Y ¿qué le hace confiar en esa posibilidad?
- Que haya sido una persona relacionada con la fábrica la que me haya proporcionado los pasajes para el crucero.
- ¿Amadeo?
- Amadeo murió.- Rebatí conmocionado porque ese hombre supiera que estaba vivo.
- Puede, pero eso es irrelevante. Alguien le facilita un crucero y usted supone que durante ese crucero podrá recuperar nuestro dinero.
- Más que suponerlo eso es lo que deseo con todas mis fuerzas.
- Bueno, bueno, vamos a darle un voto de confianza. Volveré el 25 de mayo y veremos que ha pasado. Si puede recuperar el dinero, todo solucionado. Sino habrá que ver de qué manera podemos localizar a don Arturo Bellpuig y pedirle que nos devuelva lo que pidió en su nombre.- Una luz de esperanza se encendió en mi mente, si mis deseos no se convertían en realidad, en lugar de una muerte segura lo que me esperaba era un trabajo con Ramón Pérez para localizar a los Bellpuig. Y haría todo lo posible para localizarle y machacarle hasta recuperar el maldito dinero. En ese momento entró Laura con una bandeja.
- ¿Un poco de café?- Pregunté.
- No gracias, me produce ardores. Me voy.- Añadió levantándose.- Nos vemos el 25. Pero tenga en cuenta que el titular de la deuda es usted y que si no recuperamos el préstamo o localizamos a Arturo, trataremos con usted. ¡Buenos días!- Se despidió dirigiéndose a mí.- ¡Buenos días señorita!- Le dijo a Laura y se marchó. Me tomé el café que, por cierto, estaba muy bueno. ¡No lo iba a tirar!
- Digo que he estado curioseando por Internet.- Repitió Paco haciéndome volver al presente.
- ¿Y?
- No nada, el barco, las escalas, lo que se puede hacer en ellas,…
- Y ¿qué te parece?
- ¡Muy bien! El barco una pasada. He estado viendo fotos y me muero de ganas de embarcar.
- Yo me muero de ganas de desembarcar.
- ¿Cómo?
- No, no, es porque al final del crucero debería tener la llave que abriera la puerta de mi futuro…- Dije de una forma que sonó algo cursi.
- Bueno, además he encontrado una web de excursiones para cruceros que está muy bien.
- ¿Sí? ¿Os apetece hacer alguna excursión con ellos?
- Es que los precios son más bajos que con MSC. Lo que pasa es que por ahí se dice que las excursiones del barco son más seguras.
- ¿Más? Como mucho igual.
- Pero si pasa algo te garantizan el regreso al barco antes de que zarpe y si no se puede te llevan hasta la próxima escala.
- Creo que todos los que organizan excursiones, incluso los taxistas que te encuentras en el puerto, hacen todo lo posible para que no te quedes en tierra. Lo que sí es cierto es que si el barco se va, hay que llegar a la próxima escala por cuenta propia.
- Es lo único que me da miedo.
- Y ¿qué has visto que se pueda hacer?
- Génova y La Valeta se pueden visitar andando desde el barco, o como mucho en bus turístico. El puerto de Marsella está lejos del centro, ahí podríamos contratar una excursión que recorra la ciudad.
- En la escala de Génova no te gustaría ver Portofino, es muy bonito.
- Sí, pero no deja de ser un pueblecito como los de la Costa Brava. Si te parece bien preferiría ver la ciudad, aunque vosotros ya la habéis visitado ¿no?
- Por eso no te preocupes, también hemos visitado Marsella y Mesina. No pasa nada por repetir, se trata de que vosotros disfrutéis al máximo.
- En Nápoles es obligado visitar Pompeya.
- Completamente de acuerdo.
- Y Mesina me ha parecido poco interesante, podríamos ir a Taormina.
- ¿No te gustaría ir hasta el Etna?
- Si, pero Nuri prefiere ruinas griegas a montañas con peligro de erupción.
- Pues vale, Marsella, Pompeya y Taormina.
- En serio, ¿te parece bien?
- Me parece perfecto.- En realidad tanto me daba una cosa como otra. Puede que por ser escalas repetidas (salvo Nápoles), puede que por esperar algo que quizás no iba a producirse, sea por lo que fuera, el crucero no tenía, para mí, ningún interés turístico. Solo ansiaba que transcurriera para ver qué pasaba y me era indiferente lo que hiciera durante su recorrido.- ¿Te encargas tú de reservar las excursiones?
- Por supuesto.