Yo he hecho dos cruceros y dos travesías con el QM2, y este verno haré la tercera travesía, y siempre me han ofrecido un menú en español, que yo siempre he declinado, porque las traducciones me parecían fatales.
En cuanto a las críticas sobre Cunard, son algo típico. Yo no veo mucha diferencia entre el servicio y la comida entre el comedor Britania del QM2 y el comedor Mauretania del QE2, si es que la veo. Lo que si que pasa es que el servicio en el QE2 era casi todo europeo y en el QM2 es multiracial. En general, no me he podido quejar del servicio de mesa, aunque reconzco haber tenido no en el QM2 sino en el QV el peor ayudante de camarero que he tenido nunca: ni entendía el inglés, ni había visto una mesa en su vida; era su primer día y tras 10 minutos de desastres enlazados propios de una película de Jerry Lewis desapareció y nunca más lo volvimos a ver.
El problema de Cunard es que su publicidad hace que las espectativas de la gente sean superiores a lo que en realidad ofrecen. La única diferencia entre Cunard y Celebrity y HAL es su público, cuando es mayoritariamente inglés y sofisticado, cosa que no siempre sucede, y todo le mundo se arregla a tope para cenar, y se crea un ambiente glamouroso, de otra época ya casi extinta. En la experiencia de Cunard hay siempre un factor suerte, sobre todo en temporada alta.
No obstante, también en una vuelta al mundo puede pasar. Debido a los acontecimientos en el norte de África muchos pasajeros cancelaron el último segmento del la vuelta al mundo, por lo que tuvieron que llenar el barco con ofertas de última hora a precios de saldo. Cómo en vez de ofrecer esta ganga a los antiguos pasajeros de Cunard, se ofreció mediante anuncios en los medios, el barco se llenó de ingleses horteras que hizo que más de un antiguo pasajero se bajase antes de llegar a Southampton dado el ambiente que había en el barco. Si un inglés refinado genera un ambiente glamouroso a su alrededor, un inglés hortera es capaz de transformar un barco en una calle de Lloret o Benidorm.