11 de Julio: COPENHAGUE
Nos levantamos esperando que después de la tempestad llegara la calma y efectivamente así fue, la mañana aparecía bastante más luminosa que la tarde del día anterior: aquel cielo de nubes y claros nos pareció una magnífica invitación para intentar ver lo máximo posible de la ciudad.
Vista desde nuestra habitación del hotel, en la planta 9ª.
Exterior del hotel Marriott.
Después de un buen desayuno en el comedor del Marriott sentados frente a unos enormes ventanales con vistas panorámicas a los canales de la ciudad, salimos del hotel y paseando por Christians Brygge, llegamos hasta Christiansborg Slot, solo lo visitamos por fuera. La Biblioteca Nacional con su reciente y espectacular ampliación conocida como “el diamante negro”, el edificio de la antigua bolsa (Borsen), el Parlamento (Folketinget) están en los alrededores. Después llegamos hasta la Rundetarn (la Torre Redonda), que habíamos ignorado la tarde anterior ya que sabíamos que cerraba a las 5 de la tarde y lo interesante de este antiguo observatorio de la Universidad son precisamente las hermosas vistas de la ciudad que ofrece desde la terraza que hay en la parte superior. Se accede a ella por una rampa empedrada en espiral de 209 metros de largo que da siete vueltas y media. Es una subida bastante fácil de hacer, ya que es muy amplia y hay mucho espacio para descansar y tomar aliento. Las vistas desde lo alto merecen la pena. La visita es de pago: 25 coronas los adultos, 5 coronas los niños de 5 a 15 años, gratis los menores de 5 años.
Disfrutando de la panorámica desde lo alto, pudimos distinguir a lo lejos las chimeneas de 3 de los cruceros que ese día estaban en el puerto de la ciudad: en primer término y en discreto tamaño, la del Grand Voyager de Iberocruceros. Después la mole del MSC Orchestra que tapaba el nuestro, el Costa Mediterránea, del que solo puede verse la chimenea amarilla propia de Costa.
Desde allí, un breve paseo hasta Rosenborg Slot (nos quedamos con las ganas de visitarlo por dentro) y el Kogens Have (Jardín del Rey).
Después la Marmorkirken o Iglesia de Mármol, con su gran cúpula barroca.
Y enseguida llegamos a Amalienborg Slot. Parte del palacio está abierto al público, pero nos conformamos con verlo desde el exterior.
Seguimos el paseo hasta la famosa Fuente de Gefión, llena de turistas.
Muy cerca está la famosa estatua (diminuta por cierto) de la Sirenita, pero como ya la habíamos visto la tarde anterior en el paseo por los canales decidimos no forzar más la máquina de nuestros niños (que ya empezaban a preguntar cuándo nos íbamos para el barco) y rematar el paseo de nuevo en Nyhavn, una zona muy bonita que el día anterior habíamos visto poco favorecida debido a los negros nubarrones que anunciaban la tormenta. Mereció la pena porque los rayos del sol daban otro colorido a una de las estampas turísticas más famosas de Copenhague.
Una breve pausa para las fotos en medio del bullicio y regreso al hotel para coger las maletas y… ¡¡al barco!!.
Copenhague nos pareció muy bonita, una ciudad que sin duda merece una visita mucho más prolongada. No llevamos coronas danesas ya que pagamos todo con tarjeta, incluso las entradas en la Rundetarn o Torre Redonda. Como curiosidad (al menos a nosotros nos llamó la atención) os diré que tanto en Dinamarca como en Noruega cuando pagas con tarjeta te ofrecen el terminal de pago para que seas tú, el usuario, el que pase la tarjeta por la ranura y compruebe que el importe tecleado es correcto. Aunque se trate de cantidades pequeñas, en prácticamente todos los establecimientos aceptan de buen grado el pago con tarjeta.
Sigo con el embarque...