El tercer día también empezó temprano. Ibamos a llegar a la isla privada, Cocoa Cay, de la empresa del crucero. Desayune pronto y me baje a la cubierta 1. Al ser una isla pequeña el crucero no iba al puerto, asi que nos venian a recoger en unas pequeñas barcas.
El tiempo no era muy bueno y el mar no estaba bien. Con el oleaje la pasarela que unia los dos barcos se movia hacia arriba. La isla estaba muy bien, tenia diferentes playas todas con sus hamacas, una especie de aquapark, las tipicas tumbonas con sus pergolas con cortinas. A la hora de llegar a la isla, empezaron a sonar las sirenas del crucero. Yo no sabía que eran pero al ver que nos vinieron a recoger con coches para llevarnos rapidamente al puerto, comprendi que todos teniamos que llegar al crucero. La mar se estaba poniendo muy mal y si tardabamos no podrian poner la pasarela que unia los dos barcos. Para mi la mar no estaba muy revuelta, peor fue mi viaje de Napoles a Capri, en un0 de estos “hidrospeed”. El tema era la pasarela.
Así que tocaba pasar todo el día en el crucero. Me cogi mi libro y me fui a tumbarme en la piscinas del barco. Comida buffet, tarde de siesta.
Y antes de cenar, casi de noche me metí en el jacuzzi de las piscinas. Fue lo mejor, esa agua caliente con las burbujas.
Y despues de la cena a eso de las once, en la cubierta cinco, pusiero un buffet que lo llamaron sensaciones dulces, consistente en, todo tipo de tartas, helados, frutas, chocolate caliente.