Hola a todos, no os enfadéis conmigo... es que ya tengo tantas, tantas cosas, y todas a medio hacer, que no sé por dónde empezar... En el trabajo nos han dejado dos compañeras, os podéis imaginar, y luego con la boda....me supera... De todos modos he decidido acabar el relato esta semana, para tachar alguna cosa de la lista, y que os vayáis a recibir el año nuevo con toda la información disponible. Así que ahí va el relato de Aruba.
Por cierto, muchas gracias por la información de los cruceros. Yo los había mirado, pero creo que ninguno de ellos sale en junio, no?.
Un besiño, voy a escribir lo de Curaçao para que no me riñáis, un besiño.
Día 6: Sábado 13 de octubre de 2007. Aruba: El paraíso de las Compras.
Para la escala en Aruba no teníamos demasiados planes. Por lo que habíamos leído la isla no tenía excesivas cosas que ver y claro, era el paraíso de las compras, así que debíamos también reservar algo de tiempo para este conocido deporte. El día comenzó con una mala noticia desde España, había muerto mi abuelito. Lo esperaba, pero aún así fue un tremendo mazazo. Quizás, por ello, tengo ese recuerdo tan triste y apagado de la isla. A las nueve y media estábamos todos dispuestos a desayunar y a las diez en recepción puntuales para conocer Aruba. El plan era el siguiente: por la mañana ir de compras y visitar Oranjestad y por la tarde hacer un pequeño recorrido por la isla y quedarnos en la playa. El plan no estaba mal pero al final hubo modificaciones. Nada más salir de Holiday nos esperaba Giovanni con su Sex Machine, un autobús rosa chillón, que más que Sex Machine parecía el Bus Arubeño de la Barbie. Nos cobraba creo recordar que 10$ por pasajero. Pero en principio no era nuestra idea comenzar por el recorrido, así que lo dejamos pasar. Eso sí previamente nos sacamos mil y una fotos en el autobús, primero las chicas, luego los chicos al volante, luego todos fuera con el bus de fondo…. En fin… Giovanni aguantó como un campeón, orgulloso al lado de su autobús color rosa. Por supuesto no nos pidió nada por las fotos, lo cual ya demostraba que Aruba sería totalmente diferente al resto de las islas. Salimos de puerto, caminamos unos minutos y ante nosotros aparecieron las famosas casas de múltiples colores y formas imposibles. En ellas las mejores tiendas, y cómo no, el café holandés con la vaca y el coche empotrado en la fachada que en tantas fotos habíamos visto. Hoy por primera vez hubo una división en el grupo. Unos querían entrar de lleno en el paraíso de las compras, la llamada de Tommy. Otro grupito prefería dejar lo de las compras para más tarde y previamente darse una vuelta para conocer Aruba. Así que con gran dolor de corazón nos dividimos. Con tanta suerte que pasó Giovanni haciendo sonar el claxon de su Sex Machine. Lo paramos y allí subimos la mitad del grupito. Al final nos costó 6,50 $ (creo recordar, aunque no estoy muy segura). Lo primero fue un breve recorrido por Oranjestad, por su singular arquitectura, a juego con el bus en el que viajábamos. El viaje hasta nuestra siguiente parada nos permitió fijarnos más detalladamente en los accesorios del bus, sus luces de neón en forma de corazón, sus varitas mágicas de la Barbie Princesa Rapunzen, sus colgantes en forma de corazón realizados con cinta para envolver regalos…. En fin, indescriptible. Entre foto y foto de cada uno de los adornos llegamos a las formaciones rocosas. Son unas rocas gigantescas, que como Giovanni nos explicó nadie sabe muy bien de dónde han salido, por qué se han formado y por qué están en ese lugar. Una de ellas tiene la forma de la boca de un hipopótamo, y te puedes fotografiar en ella. El efecto es el de estar en el interior de la boca. Es divertido. Otra de las rocas tiene una escalinata tallada, por la que puedes acceder a un pequeño mirador con unas vistas impresionantes de Aruba. Allí encontramos un lagarto precioso, que desplegaba una especie de cofia de colorines al sentirse amenazado. Lamentablemente, era tan veloz, que no conseguimos hacerle una foto con la cofia desplegada. Después de un ratito en esta zona, nos fuimos hacia el Faro California. Queríamos haber pasado por el Puente Natural, pero hace meses el temporal lo derribó. Todavía es posible acercarse hasta allí, y el lugar, según me ha comentado la gente que hizo estancia en Aruba, merece la pena, pero claro la Sex Machine no era el vehículo adecuado para acercarnos hasta allí, pues según nos comentó Giovanni la carretera también se deterioró tras el temporal y no era seguro. El Faro California está en la punta norte de la isla, pero se llega muy rápido. En el camino vimos muchos Divi, Divi, el árbol típico de la isla, con una forma extraña que adopta a consecuencia del viento de la zona. Son característicos, como todo en Aruba. El Faro California a mi me recordaba al de Formentera, al que salía en la Peli de Lucía y el sexo. Es un faro normal y corriente, bonito, en una zona con unas vistas chulas y nada más. Nos sacamos unas fotos y emprendimos camino. El tiempo empezaba a pintar mal. No nos lo podíamos creer, llevábamos seis días en el Caribe y en tres de ellos habíamos tenido lluvia, no podía ser que hoy volviese a llover. Visitamos la playa de Palm Beach, las zonas hoteleras y de nuevo llegamos a Oranjestad. Allí Giovanni nos dejó en un pequeño centro comercial, con tres tiendas de artículos variados (artesanía de la zona para regalar, ropa y complementos de imitación, etc.), alguna joyería y poco más. El centro comercial era cutre pero tenía unos precios buenísimos, además queda en pleno centro de Oranjestad, es más, para ir del barco a la ciudad se pasa al lado de él, lo que ocurre es que no te das cuenta. Aquí compramos de todo: bolsos de Quicksilver, mochilas, cinturones, polos de Lacoste para los padres, de Tommy, artesanía, etc. etc. Y todo, como digo muy bien de precio. Se acercaba la hora de comer, habíamos quedado a las dos para comer todos juntos en el barco y luego irnos a la playa, pero aún así nos daba tiempo a dar un pequeño paseo por la capital y tomar algo. Paramos en el mercadillo artesanal, y compramos algunas cosillas típicas. Luego decidimos tomar algo en el bar de la vaca en la fachada. Allí nos reencontramos con el resto del grupo. Deberíamos haberlo imaginado. Aunque en Aruba hablan el español perfecto, en este bar sólo hablan holandés e inglés. Lo cierto es que son un poco secos, por decirlo de un modo suave. Uno de nuestros compis del grupo, era holandés, y tomaron unas tapitas típicas de Holanda que al parecer estaban buenísimas. Si se lo pides, te devuelven el cambio en monedas del lugar, son muy bonitas. Antes de regresar al barco a comer nos hicimos unas fotos en unos muñecos que tienen a la puerta, de esos cartones que tienen hueco para poner la cabeza. Son una familia de holandeses muy, muy gordos. Pasamos un buen rato todos allí poniendo poses y caras para las fotos. En el barco tuvimos que comer en mesas separadas. En el Gran Restaurante hoy se comía de Buffet, buffet caribeño. La comida estuvo simplemente aceptable. Tomamos un café y nos reunimos para salir de nuevo en recepción. Pero había empezado a llover así que tuvimos que rehacer nuestros planes. Se nos estropeaba la playa. Aún así, no tiramos la toalla, y nunca mejor dicho, porque bajamos con las toallas en la mochila, dispuestos a ir a una playa al otro lado de la ciudad. Se podía llegar caminando y nos dijeron que también era muy chula. También nos habían comentado que en el Caribe cuando llueve es un chaparrón de cómo mucho cinco minutos y escampa, pero en Sant Vincent ya habíamos comprobado que no era cierto. Aún así, seguimos optimistas el consejo del personal del barco de ir igualmente a la playa. Comenzamos a caminar, eso sí, de vez en cuando parábamos en alguna tiendecita que si a mirar los perfumes, el aloe, alguna artesanía…. Pero claro, lo de regatear en todas las escalas tiene un problema, es que luego coges el vicio y donde no te permiten regatear todo te parece carísimo, así que terminas por no comprar nada. Cada vez llovía más. Nos resguardamos en un centro comercial, justo enfrente del pantalán de los yates. Era muy curioso. Está como hecho en cartón piedra, tiene cascadas artificiales, puentes… y un hotel, al que se accede en barco. De las tiendas ya no os comento, todas las de marcas que os podáis imaginar. Aunque seguía lloviendo proseguimos nuestro camino hasta la playa. Llegamos a una pequeña calita, donde había un lugar para resguardarnos, ahora ya diluviaba, estábamos empapados teníamos frío y decidimos esperar a que acampase. Los cinco minutos lloviendo se habían convertido en más de una hora así que tenía que estar a punto de parar de llover. ¡Ja!. Esperamos y esperamos, nos inventamos historias para cada uno de los lugareños que recalaban en la calita… en fin, que pasamos el rato como lo harían los concursantes de la “Isla de los Famosos” hasta que decidimos desistir en nuestra intención y regresar. Íbamos dispuestos a comprarnos unos chubasqueros de plástico, o algo así para dejar de mojarnos (una tontería, porque ya estábamos calados hasta los huesos, pero bueno). Fue imposible, allí sólo deben de tener chubasqueros de Tommy o de Puma, pero los de los chinos no tienen. Literal, porque entramos en el chino y efectivamente no tenían. Así que fuimos a un supermercado que hay en la tercera calle paralela a la principal. Fue una idea fantástica. Encontramos el Aloe Vera baratísimo. El precio está en florines, pero no hay problema por pagar en dólares. Además de geles, champús y cremas de Aloe, y de una salsa barbacoa, compramos bolsas de plástico de las gigantes, les hicimos huecos para las cabezas y los brazos y nos las pusimos. Capucha no les podíamos hacer, así que compramos unos gorros de ducha. Fue genial. ¡Qué risas!. Uno de los gorros era verde, tipo boina, pero verde fosforito. El resto eran transparentes. Y con esas pintas nos dedicamos a ir de tiendas por Oranjestad. La gente que se cruzaba con nosotros no aguantaba la risa. Los veías venir, que te miraban disimuladamente, y poco a poco, una sonrisa se dibujaba en su cara. Incluso en los comercios se avisaban los empleados unos a otros, y salían a la puerta para vernos pasar. ¡Qué buen rato!. Pero ocurrió lo que ocurre siempre en estos casos, te compras el paraguas y para de llover. Pues aquí igual, a los pocos minutos de ir con el chubasquero, escampó. Aún así no nos lo quitamos inmediatamente, pero claro, empezábamos a asarnos de calor, así que tuvimos que quitárnoslo. De todos modos, el chubasquero, a partir de entonces lo llevábamos siempre en la mochila en las escalas, y ¿lo adivináis?, nunca más nos hizo falta. Lo que decía, ley de Murphy. Estuvimos un rato más de compras: Puma, el palacio de los Perfumes… en la tercera calle paralela a la principal hay tiendas más baratas en las que también podéis encontrar detalles típicos y ropa de imitación. En Aruba el barco parte a las 10 de la noche, y hasta las nueve y media no hay que subir abordo. Así que una vez que las tiendas cerraron fuimos a tomar algo, nos habían recomendado mezclarnos con los lugareños por la noche, y respirar el ambiente especial de la isla. Queríamos probar si nos dejarían entrar en los casinos con los chubasqueros, pero al final, nos fuimos al Iguana Joes y pedimos algo de picar y estuvimos charlando hasta el momento de zarpar el barco. El Iguana Joes es caro, pero lo cierto es que comimos muy bien: unos nachos con diferentes salsas (guacamole, crema de queso, y otras que no recuerdo), alitas barbacoa (ummmmm…. Buenísimas) y burritos. El día tocaba a su fin. Una vez en el Holiday nos dio tiempo a ducharnos y ya bajar a cenar. Porque no penséis que no cenamos, bajamos como cada noche al Gran Restaurante y tomamos todos los platos y el postre. Je,je. Un cafetito… y al Karaoke. Hoy todos fuimos cayendo bastante rápido, entre el cansancio y la mojadura. A la disco sólo subimos cinco personas, tres de ellas cerraron la discoteca… en Curasao lo pagarían.