Continuo con mi relato…
Desembarcamos bastante tarde dispuesto ha ir a nuestra cita nocturna en la plaza de San Marcos. Cogimos un Vaporetto rápido y provechamos para ir San Giorgo donde se encuentra la iglesia de San Giorgo Maggiore. El desplazamiento en Vaporetto increíble. El sol a nuestra espalda nos acariciba mientras el agua hervía de orgullo ante el espectáculo que nos estaba mostrando. En San Giorgo la vista era deliciosa, con la plaza de San marcos, el campanile y la punta de la salute. Se vislumbra la cúpula de Santa maría de la Salute, qué derroche de mármol. Si los venecianos querían extasiar, desde luego sabían como hacerlo. Es impresionante su altura, las figuras y el contraste con un canal a mano derecha que tiene viviendas con enredaderas.
Hicimos un receso en el puente de la Academia. La humedad era fortísima, así que decidimos aprovechar el momento para hacer una renovación de líquidos.
El puente de la Academia es el lugar donde ves levitar a Venecia. Le llaman la Serenísima y en mi opinión éste es el lugar donde ver los edificios sobresalir serenos sobre el mar.
Mi amiga Teresa tenía sabiamente estudiados los lugares de interés. Desgraciadamente no disponíamos de mucho tiempo así que priorizamos buscando una plaza maravillosa. Según nos contó el gondolero, Venecia está compuesta de 118 islas y entre ellas están unidas por puentes, casi cuatrocientos. De ésta guisa nos salió un buen cocido, porque el mapa que teníamos marcados los itinerarios era en blanco y negro, las líneas previamente dibujadas no distinguían calles de canales, así que teníamos recorridos imposibles de seguir. Por lo que tuvimos que callejear buscando los destinos. Fue divertidísimo, y la verdad que después de calles estrechas y angostas siempre aparecían plazas en proporción grandiosas. Cada isla tiene su iglesia, así que ya podeis imaginaros. Decidimos cenar cerca de San Marcos, bueno cenar es un decir, sólo queríamos tomar algo y acabamos comiéndonos una pizzas riquísimas, estaba situada en los alrededores del puente de rialto. Cogimos otro vaporetto, para desembarcar en San Marcos. Esperábamos con ansias este momento, pero fue decepcionante, nos imaginábamos la plazas iluminada con focos estratégicamente situados para realzar su belleza, pero nos encontramos con la cueva del mero. Nos miramos con cara de bobos, pensando como nos podríamos reconocer todos los píkaros. Habían bastantes personas arremolinadas en torno a unos músicos que los distintas terrazas tenías contratados con representaciones alternas.
Al final nos encontramos con algunos pikaros, tal como las abejas van a la miel. Es fácil reconocer a españoles con ojos grandes, mirando a todos los sitios. Cierto es que ayudó que algunos ya se conocían previamente.
Pasada la media noche algunos pikaros regresamos en el Vaporetto de servicio nocturno por el gran canal, increíble. Otros Pikaros desean deambular por la calles de Venecia. A mi me encantó ese viaje, el sonido de los motores entre el silencio de los edificios. Las luces interiores de algunos palacios dejaban insinuaciones del lujo interior con paredes de tapices rojos y grandes arañas de cristal. En una de ellas sus habitantes tomaban una copa sentados en la barandilla de su balcón de mármol.
Para alegranos el viaje el resto de Pikaros nos subieron en Rialto. Que risa, habían llegado andando antes que nosotros en Vaporetto.
El despertador fue severo. Teníamos que estar pronto en la plaza de San Marcos para realizar nuestra visita al Palacio Ducal y los itinerarios secretos. A mi me encantó la visita, la organización perfecta, y el contenido muy interesante e ilustrativo.
Terminamos viendo la catedral de San Marcos, demasiado oscura, pero con un detalle que nos dejó perplejos, el suelo. Zonas desniveladas o suelos irregulares que explican la inestabilidad del terreno y la situación de sus torres.
Por fín llegó el momento de zarpar, la vista de Venecia por el canal de la Guidecca, en dos palabras como dijo nuestro gran dramaturgo de ubrique, im-presionante .
Continuré…