Totalmente de acuerdo, Mar-74
. No lo podías haber resumido mejor.
Yo añadiría una cuarta premisa: SEGÚN
Según la escala uno decide cómo planear una excursión: con la naviera, con agencia externa, a tu aire.
- Si llegas a Hellesylt o a Geiranger para hacer la ruta en un sentido o en otro, los problemas que te ponen para desembarcar por libre son tales que mejor contratar con ellos la excursión. Hace años eran más permisivos. Ahora no. Sin embargo, en Bergen olvídate de la naviera o de las agencias externas y vete a tu aire.
- Contratar una excursión en una escala donde el barco atraca a pie de calle, por decirlo así, es casi un delito. Nada como hacerlo a tu aire. Aunque siempre hay comodones que les gusta que se lo expliquen todo. ¡Por Dios! Si en Savona el barco "aparca" en la calle.
- Los traslados de más de una hora. Con la naviera son pelín más caros que por tu cuenta, pero te olvidas de tener problemas si tu destino final está a más de una hora del barco (como Roma o Florencia). Ellos te llevan, te dejan a tu aire y te devuelven al barco a la hora programada.
- Destinos exóticos: mejor con la naviera por si las moscas. Toditas las excursiones pagué con la naviera en los Emiratos (claro que por entonces era la primera vez que un barco de cruceros navegaba por aquellos lares. Ahora seguro que lo organizaría de otro modo) y toditas las voy a pagar con la naviera en mi próximo crucero por las Seychelles, Mauricio, etc. (salvo que vea que alguna se puede hacer por libre; cosa que no creo y donde tampoco espero encontrarme a EPC, Shore y demás ofertando excursiones).
- Si el problema no es el dinero te puedes hasta organizar a tu medida la excursión con ellos: eliges número de personas y recorrido. Así lo ofrecía Costa en San Petersburgo.
Y la quinta: TRANQUILIDAD
El nivel de estrés que alcanzas cuando organizas tú, cuando depende de ti, cuando contratas tú, que si te esperan, que si no (que ya alguno ha denunciado que se fueron sin ellos), que si al final no sale porque no hay suficientes personas... puede rebasar límites insondables. Lo barato que pueda resultar a mí no me compensa para nada. Amo la tranquilidad.
Viajamos para disfrutar no para sufrir. En nuestra mano está minimizar los posibles problemas.
Saludos