Día 3: domingo, 24 de noviembre – Casablanca (Marruecos) – Llegada 08:00 / Salida 23:00
A las 08:30 se iniciaba la excursión contratada así que hubo que madrugar. A las 07:00 sonó el despertador y a las 07:30 nos dirigimos hacía el buffet ya que el restaurante resulta excesivamente lento y queríamos salir lo más pronto posible; la mayor parte del pasaje pensó lo mismo y resultó algo complicado encontrar mesa y no tropezar con los demás comensales. El Spirit llegó a su hora pero hasta cerca de las 9 las autoridades portuarias no permitieron el desembarque. Lamentablemente el día amaneció gris y estaba lloviendo; se presentaba una escala poco apetecible.
Rápidamente encontramos el bus de Excursiones para Cruceros y en él esperamos la llegada del resto de pasajeros. El guía se llamaba Mohamed y lo primero que hizo fue proponer que en lugar de regresar al barco para comer y visitar el bazar por la tarde, lo hiciéramos todo seguido finalizando el tour alrededor de las 16:00 horas. Pilar, una maña muy espontanea, dijo que de acuerdo y como nadie dijo otra cosa eso fue lo que hicimos. Tanto me daba lo uno como lo otro, quizás hubiera preferido regresar a la una para comer y, dada la tardía hora en que el barco abandonaba Casablanca, aprovechar para hacer una salida por la tarde. Pero como tampoco lo tenía muy claro opté por no decir nada y adaptarme a lo propuesto.
La primera parada la hicimos en la Mezquita, bajo una más o menos intensa lluvia nos dirigimos a las taquillas para adquirir nuestras entradas (120 dirhams ó 12 euros) y esperar hasta las diez a que diera inicio nuestra visita guiada. Yo sabía que para entrar a las mezquitas hay que descalzarse y me preocupaba dejar el calzado fuera, tal como se ve en todas las filmaciones que incluyen la entrada a templos musulmanes, junto a cientos de zapatos. Pero esa cuestión ya la tienen resuelta para los turistas: junto con la entrada nos dieron una bolsa para que guardáramos el calzado y lo lleváramos con nosotros hasta la salida.
La Mezquita Hassan II, diseñada por el arquitecto francés Michel Pinseau, se encuentra, en parte, erigida sobre el agua lo que le da un aspecto magnifico. Es una de las pocas mezquitas que permiten la visita a turistas no musulmanes. Su minarete, de 200 metros, es el más alto del mundo. A las 10 nos dirigimos a la puerta de entrada, nos descalzamos y guardamos los zapatos en la bolsa para seguir al guía y atender sus explicaciones: la sala de oraciones tiene 20.000 metros cuadrados y tiene capacidad para 25.000 personas; su techo es móvil y se cierra automáticamente cuando el viento supera determinada velocidad, además dispone de calefacción en el suelo. A los lados dispone de dos galerías para las mujeres. Pasamos a la sala de abluciones, formada por 41 fuentes de mármol y con zonas diferenciadas para hombres y mujeres y por último visitamos el Hammam o baños turcos que no se utilizan debido a las visitas turísticas.
Cuando finalizó la visita comprobamos que había dejado de llover y que hasta era probable que saliera el sol. Recorrimos La Corniche o paseo marítimo ocupado por bares, restaurantes y discotecas. Hicimos una parada para tomar algo o hacer nuestras necesidades. Comprobamos que los precios en esa zona son especiales para guiris (no creo que un café cortado les cueste a los marroquíes los 2,80 € que nos costó a nosotros). Continuamos haciendo un recorrido por el Barrio Habouss para terminar en el Palacio Real del que sólo pudimos admirar la puerta por la que el Rey recibe a las máximas autoridades de otros países. Dispusimos de tiempo para curiosear en las tiendas de los alrededores y empezar a regatear.
Pronto descubrimos que si compras te tratan muy amablemente, pero que si al final das un precio muy bajo o simplemente dices que no quieres el producto por el que te has interesado, te mandan a paseo de muy malas formas (en árabe o en español), aunque la experiencia me ha demostrado que eso también pasa en otros sitios donde el regateo es práctica habitual. Nos tropezamos con una plaza en la que solo vendían aceitunas, de todos tipos y colores, muy buenas por cierto. Nuestra compañera maña compró aceitunas verdes y negras (a 2 € el kilo) y, puesto que no las podía entrar al barco, nos las ofreció a todos los participantes del tour, dejando las que sobraron para el guía y el chofer.
Reemprendimos el camino para hacer una parada en la Plaza de Mohammed V, en el corazón de Casablanca, entre la medina antigua y el moderno centro comercial de la ciudad. La plaza está rodeada de magníficos edificios, muchos de ellos de estilo mudéjar entre los que están el Palacio de Justicia, el Consulado de Francia, el Banco Nacional, La Prefectura y el Edificio del Correos.
Después paramos en una iglesia católica a la que no pudimos acceder porque se estaba realizando una ceremonia religiosa. Nos limitamos a contemplar su fachada y a fotografiar una imagen de la Virgen de Lourdes, ubicada en una especie de cueva artificial.
Acto seguido nos llevaron a una tienda donde en teoría teníamos que recibir información sobre la medicina tradicional marroquí y los productos tradicionales usados para la curación y la cosmética. En realidad se trató de un intento fallido de que adquiriéramos sus productos, y digo fallido porque nadie compró nada y salimos en estampida tan pronto como comprendieron que no estábamos por la labor y que no iban a hacer un dírham de caja. Fue el único pero del tour, parecíamos un grupo del imserso a los que tratan de venderles magnetoterapia o cualquier otro tratamiento milagroso pero sin recibir la garrafa de aceite o el jamón a cambio.
Finalizamos nuestro periplo en el bazar (situado muy cerca del puerto y, como vimos, sin problemas para llegar andando en un corto espacio de tiempo) donde pudimos hacer nuestras ultimas compras con el aviso de que no resultaba conveniente alejarse demasiado del punto en que quedaba estacionado el bus, que no tenía porque pasar nada, pero que no había que tentar a la suerte, sobre todo si no íbamos en grupo.
Admiramos la artesanía marroquí, las prendas de piel, los bolsos falsos, … unos productos enfocados al turista y otros al propio habitante de Casablanca. Los jugos gástricos se dispararon cuando pasamos junto a un puesto en el que se podía degustar pescados y calamares rebozados, pero decidimos saciar el apetito en el barco.
A la hora convenida regresamos al autobús, donde esperamos a los rezagados. Algunos volvieron con cara de susto después de haberse perdido por las intrincadas callejuelas del bazar, pero no hubo que lamentar incidente alguno. Un poco antes de las 16:00 horas embarcamos de nuevo en el Spirit.
Ya no se podía comer en el restaurante así que nos dirigimos al buffet que se encontraba casi desierto pero muy bien surtido. El abanico horario del buffet es inmenso: inicia sus servicios unos días a las 06:00 y otros a las 06:30 (salvo en la escala de Barcelona que empieza a las 05:00) para cerrar a las 21:00 ó 21:30. Algunos días hay snacks de 22:00 a 23:00. Cuando retiran el desayuno empiezan a poner la comida, luego la merienda y para finalizar la cena. Siempre hay alimentos disponibles, más consistentes en los intervalos de comida o cena, pero sin desmerecer los del resto del día.
Como siempre, el compendio de actividades resultaba extenso y los que se quedaron a bordo pudieron disfrutar de casi lo mismo que el día de navegación y con menos aglomeraciones.
A las 19:00 horas asistimos a la clase de merengue. Al finalizar nos quedamos para seguir bailando, solo éramos dos parejas y por ello, a pesar de que estaba programado otro tipo de música, conseguimos que pusieran salsa, bachata y merengue.
Una ducha y a cenar. Ya empezaba a resultar familiar el “washy washy, happy happy” con que nos recibían a la entrada del restaurante o el buffet para rociar nuestra mano con un producto desinfectante que no huele a nada. Desde la gripe aviar los barcos están minados de dispensadores donde lavarse las manos, una cuestión higiénica que agradezco, ya que yo sé donde pongo las manos, pero no sé donde las ha puesto la persona que toca, por ejemplo, una barandilla antes de que la toque yo.
Después de cenar nos dirigimos al salón Galaxy para bailar, la primera parte discotequera y la segunda con algo de salsa y otros bailes latinos.
A las doce y media nos retiramos a nuestro camarote, dando por finalizado otro día de crucero.
Continuará …