Llegamos el dia 4 del crucero fluvial entre Moscú y San Petersburgo, sólo puedo decir que ha sido un viaje de 12 días fantástico. Seguro que con la explicación que pueda hacer no mejoraré el relato que nos hizo Freecat, al que me remito en toda su extensión pues es lo que realmente encontré. Muchas gracias Freecat. El viaje muy correto, sin problemas en los aviones ni en nuestra llegada donde nos esperaban guías que son jóvenes estudiantes moscovitas que hablan perfectamente el español, nos acompañaron durante todo el crucero y en las visitas que éste incluía, sintiéndonos en todo momento muy cómodos con su compañía y con sus explicaciones. El barco evidentemente es mucho más pequeño que en los cruceros por mar, pero es muy correcto para este viaje en el que en la mayoría del tiempo te encuentras navegando por el río. Así la mayor parte del tiempo paseas por las cubiertas mirando el paisaje o te sientas en alguno de los dos bares que hay charlando con los demás pasajeros, algo que os recomiendo ya que encontramos pasajeros de diversas nacionalidades (argentinos, brasileños, mejicanos, ...) y fue muy enriquecedor poder relacionarlos con ellos.
Los tres primeros días los pasamos en el embarque fluvial de Moscú, desde allí nos desplazábamos en autobús hasta la ciudad para asistir a las excursiones que teníamos programadas con el barco. Con estas nos hicimos una composición general de la ciudad que nos sirvió para las salidas que realizamos por nuestra cuenta desde el barco con el metro, muy fácil, sólo a diez minutos andando del embarcadero se encuentra una estación y con cinco paradas llegas al centro de Moscú.
Moscú, impresionante. Qué ciudad!! Callejeamos, anduvimos, nos sentamos en sus parques, sin ningún tipo de problema. No entendemos el ruso (ya me gustaría), pero os aseguro que la mímica y la sonrisa son internacionales, con ello y la amabilidad de la gente rusa te puedes mover por todas partes, preguntamos a un montón de personas sobre direcciones y monumentos, y todas como pudieron se explicaron deteniéndose a escucharnos. Visitamos el Kremlin, el museo Pushkin, el museo de arte moderno y el mercadillo de cuadros que hay delante, las catedrales, vimos un ballet en el Bolshoi!!!!!, el bullicio en el centro, en la plaza roja. Da una sensación de orden y majestuosidad que no sé como explicar. Sólo puedo deciros que es una ciudad a la que pienso volver sin duda.
Como consejo por si vais, el metro facilísimo de utilizar y muy rápido. La moneda, muy fácil también, en muchos lugares (sobretodo de souvenirs) aceptan euros, pero también necesitareis rublos (por ejemplo para pagar las consumiciones del barco, pero no os preocupeis, los primeros días firmas un papel con el número de tu camarote y cuando tienes rublos lo pagas), los conseguís al llegar a Moscú, por todo el centro se ven casas de cambio de moneda, son pequeñas oficinas en las que enseñando el pasaporte te cambian euros por rublos según el cambio estipulado en unos carteles que tienen en la entrada. Comer en alguno de los kioskos que hay en el centro, venden unas empanadas de carne y de verduras que son riquísimas. Vimos que la gente al mediodía lo compraba y se lo tomaban sentados en algún parque y eso mismo hicimos. Y sobre todo, relacionaros con la gente, aunque no entendais su idioma, pero tomad contacto con ellos.
Los siguientes días los pasamos en ruta por el canal báltico, el rio Svir, los lagos hasta llegar a Sant Petersburgo. Que puedo decir del paisaje, impresionante, un rio amplísimo, unos lagos que parecían mares, unos árboles de todos los colores, amarillos, verdes, ocres, rojos, y los cielos, nubes con todas la formas, atardeceres que te dejaban atónito, sólo podías sentarte y mirar. Y frecuentemente aparecían pequeños pueblecitos y casas donde veías el lento paso del tiempo, casas de madera pequeñitas con su chimenea en las que imaginabas cómo debe ser la vida con la dureza del invierno y de la nieve y entendías la conformidad y el sosiego de la gente acostumbrada a circunstancias tan duras.
Los pueblos donde paraba el barco (cada día en uno durante tres horas) te hacían entender más aún esta sociedad. Las iglesias y monasterios de Goristzy y Uglich. Kizhi un cuento de hadas hecho realidad. Mandroga, que belleza natural.
Otro consejo, evidentemente es una ruta turística, con lo que en todos sitios os encontrareis multitud de puestecitos de souvenirs. Si teneis que comprar algún recuerdo típico esperad a Mandroga, allí se encuentra un centro donde trabajan artistas rusos y encontrareis artesanía ruso de calidad.
El final de nuestro viaje fue San Petersburgo, estuvimos tres días en esta ciudad en el embarcadero fluvial, donde como información también os comento que se encuentra cercano un metro que te lleva directamente al centro. Y aquí por desgracia os debo hacer una recomendación, vigilad mucho en el metro, a diversas personas que viajaban con nosotros les intentaron robar, son actos de pillería, de descuido, pero con las aglomeraciones aprovechan para quitarte las cámaras o la cartera. No vimos violencia en níngún momento, pero sí por la experiencia que tuvimos se debe vigilar.
San Petersburgo es deliciosa, sus canales, sus palacios. El centro debe hacerse andando tranquilamente por sus puentes. No os perdais la visita al palacio de Petrovorest, está a unos 30 km de San Petersburgo. Nosotros fuimos con una de las excursiones opcionales que te ofrecen en el crucero. Creo que nunca olvidaré esos jardines.
Sin duda un viaje para recomendar sin ningún tipo de dudas, ir y dejaros impresionar por ese maravilloso país. Con su belleza, pero también con sus problemas y sus contrastes. Os aseguro que me ha dejado muchas cuestiones sobre las que reflexionar.