Bueno, pues nos queda la última jornada, en la que también hicimos un poco de todo.
Comenzamos por visitar el Castillo de Wawel, no entramos en el interior de las salas, sólo recorrimos el recinto interior, que es enorme, pero enorme de verdad. La iglesia de la izquierda es la Catedral de Cracovia, ahí sí que entramos, está llena de tumbas de reyes polacos. No os pongo fotos porque no dejaban, había tantos vigilantes que siempre había por lo menos dos controlándome, así que no era cuestión de provocarles.
Esa cúpula dorada es de oro auténtico, vaya lujo.
El mismo recinto por el otro lado, en primer término se ven las ruinas de una primitiva iglesia.
Después hicimos una de las excursiones más simpáticas de nuestro viaje. Nuestro amigo Gregorio nos llevó en un viejo minibús de la época comunista a visitar la ciudad comunista de Nowa Huta, es lo que él llama el tour comunista. Es una excursión en la que te ambientas desde el primer momento al subir en esa auténtica pieza de museo que él conserva como oro en paño. Hasta hace unos diez años aún se veían algunos coches de aquella época, pero ya prácticamente no se ve ninguno, con lo cual causábamos sensación y todo el mundo nos miraba. Fijaos qué pasada de vehículo (por si alguien tiene dudas es el de color rojo

)
Íbamos encantados ahí dentro, mirándolo y tocándolo todo.
Aquí estamos en la ciudad de Nowa Huta. Es una ciudad construida en la época comunista, tras acabar la guerra, para albergar a los cientos de miles de trabajadores de una siderurgia que hubo que construir. La ciudad se construyó según los más ortodoxos cánones comunistas de la época. El aliciente de esta excursión no es lo que se ve, sino lo que te cuentan de esta ciudad cuando estás allí. Cómo la concibieron y la construyeron las "lúcidas" (léase con toda la ironía que uno sea capaz de poner) cabezas pensantes comunistas.
Sólo os contaré dos detalles a modo de botón de muestra:
En todos los edificios hicieron garajes, faltaría más, pues la ciudad era perfecta, y una vez que estuvieron realizados resultó que nadie tenía coche (tardaban en conseguir coche unos doce años, previo encargo) con lo cual los inmensos garajes estaban vacíos... ¿qué hicieron las autoridades? Muy sencillo, dijeron a la población que como, debido a la guerra fría, estaban bajo amenaza de ataque nuclear por parte de los países occidentales, habían construído las casas con refugios subterráneos antinucleares, con rampas para un acceso rápido ante un inminente ataque.
También, como buena ciudad comunista, construyeron un teatro. Es un edificio con una hermosa fachada y columnas en la entrada. Estaba proyectado que ese teatro tuviese una gran cúpula, pero a alguien se le ocurrió que entonces el edificio se parecería a la Casa Blanca... conclusión: el teatro no tiene cúpula, a ver si iban a pensar que admiraban a los americanos y los querían imitar.
Bueno, pues eso, que fue una excursión muy entretenida y una manera de conocer cómo fue la vida bajo el manto soviético, pues nos enteramos de muchísimas cosas curiosas que nos chocaron mucho.
Aquí estamos en una de las cinco avenidas principales, que salen de forma radial de la plaza principal, para homenajear la estrella soviética de cinco puntas.
Un tanque de la época.
Aquí aparcamos junto a otro coche de la misma quinta que el que llevábamos.
A las afueras de esta ciudad (que por cierto está muy cerquita de Cracovia, de hecho actualmente es un barrio de la misma) estaba esta bonita iglesia de madera, que recordaba a las iglesias vikingas.
Después nos llevaron a comer a este lugar. Es un palacete situado en lo alto de una colina y fue la residencia del comandante de las SS durante la ocupación de Cracovia en la Segunda Guerra Mundial. Ahora es un restaurante, pero sabiendo lo anterior uno ya llegaba a este lugar impresionado.
A su lado hay una curiosa casa.
El palacete no puede estar mejor situado, domina la rivera del Vístula y sus vistas son magníficas, vaya sitio escogió el nazi para vivir.
Aquí tomamos la sopa polaca por excelencia, la sopa zurek, en recipiente de pan ¡qué cosa más exquisita!

Imaginaos coger la sopa rascando a la vez un poquillo con la cuchara en la pared de pan del recipiente... buff... ¡qué manjar de dioses!
Después no pude resistir probar el gulash, lo servían en esta cazuelita con una velita debajo para encenderla y mantener caliente el guiso mientras te lo estás comiendo. No puedo describiros lo bueno que estaba.
Acabamos de comer, ya eran alrededor de las 15,30 h. y desde el salón contemplamos la preciosa puesta de sol tras el Vístula.
La siguiente visita fue a la fábrica de Schindler. En esta fábrica el empresario alemán (y miembro del partido nazi) Oskar Schindler salvó a cerca de 1.200 judíos de morir en los campos de concentración contratándolos a un altísimo precio (hecho que le llevó a la ruina). Al menos, no todos los alemanes fueron malos.
El interior de la fábrica es ahora un museo interesantísimo sobre la vida, costumbres y penurias de la Cracovia de aquella época. Está muy bien montado y ambientado, lleno de fotos, documentos, objetos, reproducciones de salas, medios de transporte, etc... de la época. Merece la pena visitarlo y, si uno tiene tiempo, puede llegar a pasar dos o tres horas sin darse cuenta. La fábrica está junto al gueto judío.
Y para finalizar nuestra estancia en Cracovia, un último paseo por la maravillosa Rynek Glowny.
Como colofón, en el viaje de vuelta en avión tuve la suerte de poder ver cómo atravesábamos la cordillera de los Alpes, cuya contemplación hizo menos triste el retorno, pues las vistas eran de lo más espectacular.
En el centro de la siguiente foto se puede ver un lago helado cubierto de nieve.
Este es mi elemento favorito, no os podeis imaginar lo que me gusta contemplar la nieve.
De repente, un avión pasó bajo nosotros alejándose como una exhalación, casi no me da tiempo a hacerle la foto.
No me digáis que esta combinación de cadenas montañosas encadenadas unas a otras no es bonita. En estos momentos estábamos sobrevolando Austria.
Por último, nuestra entrada a España la hicimos por el cabo de Creus, al norte de la Costa Brava, que se ve en primer término en esta foto. La mancha blanquecina que se ve en el centro de la costa es el pueblo de Cadaqués y a la izquierda se abre el golfo de Rosas. Las montañas nevadas que se ven al fondo son los Pirineos, y el punto más alto es el Aneto. A la derecha está Francia y a la izquierda España.
Y con esto ya se ha acabado el viaje. Espero que os haya gustado tanto como a nosotros. He intentado trasladaros las sensaciones que tuvimos en él, que no pudieron ser mejores. De verdad que Cracovia es un destino de lo más recomendable, y eso que lo hemos visitado en la época más gris y oscura del año, pues en primavera-verano, con todo verde y florido y con muchísimas más horas de luz eso tiene que ser la leche.
Un apunte final, a lo mejor os parece que está de más, pero lo tengo que decir. Después de lo que hemos visto y oído en este viaje, si yo fuese ciudadano alemán no estaría orgulloso de serlo, al contrario, estaría avergonzado y no tendría narices de viajar a Polonia.