Momento Anit
Curiosidades- Anecdotario
TURISMO SALUD: TUNEZ
Esos dones de las aguas del mar
En un país de mágicos atractivos, un recorrido por algunos de sus mejores spa.
Bañado por el Mare Nostrum, este pequeño país africano sintetiza un trilenio de historia, articulada entre bereberes, fenicios, romanos, andaluces musulmanes exiliados y turcos otomanos. Sobre ese sedimento cultural y bizarro, en 1881 se asentaron los franceses y echaron raíz hasta que, en 1956, Túnez logró su independencia. Y quedó libre pero occidentalizado. Allí, además, saben de placer y bienestar como en pocas partes, tanto que se diseñaron las técnicas de spa que combinan lo mejor de Oriente y Occidente.
Spa, recordemos, significa salute per acqua: salud mediante el agua. Por lo tanto, un spa será legítimo si ofrece hidroterapia; si suma otros tratamientos, estéticos o desintoxicantes, no estará mal. Pero no puede faltar el agua en sus aplicaciones. Maestros en estas artes, tal vez porque "lo que se hereda no se roba", los tunecinos conocen la thalasoterapia -baños terapéuticos con agua caliente de mar- desde los fenicios que sabían del tema por los griegos. Tienen, además, una experiencia secular en termalismo: en Cartago estaban las Termas de Antonino, una de las tres más importantes del Imperio Romano. Y en baños turcos -por razones obvias- son especialistas. Entonces, luego de visitar las maravillas de este país, como broche hedonista, otórguese un premio: un par de días "spaseando".
Hacia Hammamet
A 137 km de Sicilia, la tierra de San Agustín -el obispo de Hipona- y de la actriz Claudia Cardinale (ella nació en La Goleta, un pintoresco pueblo-puerto, donde tiene su casa de veraneo), está Túnez capital, la urbe mayor en la que la comida, el vino y el aceite de oliva son objetos de culto. A estos placeres han sumado la "industria del bienestar" que funciona de maravillas.
A media hora del aeropuerto, por una carretera que cruza viñedos, olivares, campos con naranjos, limoneros y jazmines, está Hammamet -baños, en árabe- la famosa ciudad balnearia de Túnez, sobre la "Costa del jazmín".
Hoy la ciudad enlaza su Kasbah -el fuerte que data de los siglos IX y X- con lo que construyeron los refugiados andaluces en el siglo XV, quienes levantaron una muralla y le dieron al sitio carácter medieval. La ciudad nueva de Hammamet, respetó estas urbanizaciones y se alzó detrás de un vergel perfumado de jazmineros. Este escenario mágico fue irresistible para Sir Wiston Churchill, un paraíso para Oscar Wilde y Paul Klee.
Ahí, en el barrio Yasmine Hammamet, está el hotel Hasdrubal Thalassa & Spa, un cinco estrellas en el que frecuentemente se instala la gran Sophia Loren. El área húmeda cuenta con cabinas de hidromasajes, de hidrocromoterapia (uso de colores para incidir en los estados de ánimo), duchas con distintos efectos, gabinetes para tratamientos con algas y dos piscinas: una cerrada, para tratar la flebitis y rehabilitaciones posoperatorias y otra descubierta. Ambas con agua de mar caliente: aquí se hace y bien, talasoterapia. Eurípides -400 aC.- escribió en su Iphigenia que el mar curaba todos los males de los hombres.
Algas y jazmines
A los hoteles de la extensa costa el agua llega intacta en sus componentes: rica en yodo, ozono y con micropartículas de algas. Mineraliza energéticamente pero también relaja de un modo increíble. A estos baños les agregan flores de jazmín y continúan con masajes ayurvédicos -originales de India- propuestas de la medicina china, reiki, por ejemplo, y masoterapia californiana.
Claudia Cardinale cruza el mar a cada rato y se instala largas temporadas en su casa tunecina de La Goleta, sobre las costas de Cartago en el Golfo de Túnez. Aquí se gozan los placeres del mar. Caminar por la arena y recorrer las playas de La Goleta, Salambo, Amílcar y La Marsa, hasta la infinita Gommarth, es un goce mayor. Y el clímax está en Sidi Bou Saïd, el primer emplazamiento protegido en el mundo, encaramado sobre un acantilado, desde el cual, si el cielo está diáfano, puede verse la costa siciliana.
El pueblo es famoso por sus casas blancas, con balcones y celosías -las mashrabias, desde los que se ve sin ser visto-, y sus puertas azules con aldabas.
Allí se encuentra el emblemático Café des Nattes, famoso lugar de reunión de escritores de la talla de André Gide, Georges Bernanos y el ya mencionado Paul Klee, un fanático de Túnez. Sentarse y contemplar el mar Mediterráneo desde lo alto, mientras se bebe un té a la menta con piñones, es pura dicha. En esta parte, conviene anotar el hotel The Residence, en la playa La Marsa, con un fabuloso spa que también incluye talasoterapia. Una cosa, al menos, queda muy clara. A diferencia de lo que ocurre en Francia -que lidera el negocio del spa con agendas apretadas- en Túnez todo es más relajado y con el toque esencial del dolce fare niente que tan bien nos hace, de vez en cuando a todos.