Día 4: Roma.
Roma se encuentra muy lejos del puerto de Civitaveccia. Nunca he visto claro el tener que coger un bus para salir del puerto, otro bus para ir hasta la estación del tren y allí un tren hacia Roma. Encuentro que es demasiado complicado y demasiado tiempo, y prefiero dedicarlo a la visita de la ciudad. Digo esto porque siempre he realizado un traslado organizado.
Mis comentarios para este día están bastante centrados en la visita con una silla de ruedas. La utilizaba mi suegra que camina muy despacito y con dificultad. La visita realizada por personas de movilidad normal hubiera sido muy diferente. Pero sirva también como experiencia si alguna vez llega el caso.
Contratamos un taxi, que por 8 horas nos cobró 450€. Si tenemos en cuenta que cualquier excursión de la naviera fácilmente pasa de los 100€, no podemos considerarlo caro.
Contratamos con
www.rome-airport.net/
www.civitavecchiaport.org/
y fue el que menos nos gustó. El vehículo era una Van grande, pero algo más viejo y un poco menos limpio que las otras. Además no disponía de una banqueta para subir y a nuestras acompañantes les costaba un poco subir y bajar.
Los barcos italianos, contrariamente a los americanos, suelen llegar tarde a los puertos. En nuestro caso fue a las 8:00, lo que implicó que quedáramos en el taxista a las 9:00. Entre unas cosas y otras, llegamos a Roma bien pasadas las 10:00 con algunas complicaciones de tráfico de entrada.
La primera visita fue a la iglesia de San Pedro. No a los museos vaticanos, que tenían una cola increíblemente larga.
Nota sobre la visita a los museos vaticanos: el año pasado los visitamos y lo hicimos contratando una excursión. De esta forma se evitan las colas, ya que los grupos tienen pase preferente. No concibo tener que hacer una, dos o tres horas de cola bajo un sol de justicia. La cola que vimos (a las 10:15 en el mes de abril) tranquilamente tendría más de un kilómetro de larga.
A pesar de estar en abril, el volumen de gente era muy importante.
Para la entrada con silla de ruedas hay habilitada una entrada especial. Se puede localizar en la parte exterior de la columnata de la derecha (a la derecha de la cola normal) Aunque teóricamente solo puede entrar una persona acompañando a la silla de ruedas, lógicamente nos permitieron el paso a todos.
Para llegar a la iglesia hay un ascensor en la zona de las consignas. Esta zona no tiene pérdida, pues está siguiendo recto hacia la iglesia desde la entrada. Aquí además del ascensor hay lavabos. Limpios y con muy poca gente.
La visita de la iglesia no tiene más problema que el volumen de gente que podamos encontrarnos dentro.
Al finalizar la visita fuimos a hacer algunas compras, y después el taxista nos llevó a un restaurante que él conocía (y en el que le daban comisión seguramente) es el “Ristorante Dal Patriota” No es barato (4 personas 160€ dos platos cada uno, con bebidas pero sin postre) aunque comimos muy bien. Comida de calidad, muy cómodos y un restaurante bien decorado. Quizás algo más rápido hubiera estado mejor, pero nos vino bien un descanso. Opiniones al respecto, hay de todo tipo. Cada uno cuenta como le va, y nosotros estuvimos a gusto.
www.dalpatriota.it/
El restaurante está a 50 metros de la Fontana di Trevi, que fuimos a visitar después de comer, y a la que no pudimos bajar con la silla pues no está adaptada. Había mucha gente.
Después fuimos a la Plaza España, donde nos hicimos unas fotos.
Finalizamos en el Coliseo. No entramos, pero creo que la entrada para minusválidos y un acompañante es gratuita. El interior está adaptado y hay ascensores para subir a los diferentes niveles.
Y de vuelta al barco. Fue un día muy completo y bastante satisfactorio.
Roma es una ciudad muy difícil para moverse con sillas de ruedas. Mucho adoquín en el suelo y mal estado de aceras y calles hace que la silla se atasque con frecuencia. Además algunas calles tienen inclinación lateral lo que provoca que tengas que estar constantemente enderezando la dirección de la silla.
Yo, que iba empujando, acabé absolutamente agotado. Después de cenar me fui directamente a la cama sin tomar los cafés y chocolates de rigor.
El trayecto Puerto – Roma no tiene ningún interés especial.