"Amos p'allá" con la 6ª entrega de los viajes de Gulliver
Capitulo 6º
Santorini
El día amaneció agradable de temperatura, aunque algo nublado, pero no se veía claro que fuera a llover, evidentemente aprovechamos la salida del sol desde la cubierta 12 y luego de mis dosis de cafeína con el Almirante Alcor, nos turnamos para ponernos a la cola en el teatro Ibiza, con el fin de conseguir numeración rápida para los tenders que tenían que bajarnos al pie del funicular, o al rabo del burro, por poner un ejemplo.
Mientras tanto el barco atracaba dentro del antiguo cráter volcánico que ahora semi-caído y hundido en el mar forma esa media luna que se extiende de sureste a noroeste, dejando un islote en el centro entre este islote y el puerto atracó nuestro Mistral. Además contamos con la fortuna de ser el único crucero esa mañana en Santorini, estupendo para evitar colas en el teleférico y la masificación típica de otros lugares.
Para los curiosos Santorini es la única isla griega con nombre latino, este nombre se lo dieron los comerciantes venecianos en honor a Santa Irene de Tesalónica, de donde proviene su nombre.
Después de recoger el famoso númerito que nos daba turno para el tender, sentados en la platea del teatro, nos dió tiempo de charlar durante unos minutos, para acto seguido ir a coger nuestro transporte. El trayecto cortito pero agradable te va acercando a la costa con relativa rapidez, dándote tiempo de ir observando el pequeño puerto, la famosa subida en zig zag escalonada, que une a pie o en burro el puerto con la población (Thira) que se encuentra arriba de todo en el mismo borde del antiguo cráter.
Una vez bajamos del tender, nos dirigimos a la taquilla del teleférico donde en grupos de 4 iniciamos el vertiginoso ascenso, no por rapidez, que si que lo es, sino por el desnivel que salva, que es bastante importante. Llegando arriba, ya te reciben las omnipresentes tiendas de turistas, y teniendo como opción derecha Noroeste y hacia arriba o sureste adentrándonos en Thira optamos por la segunda; Las calles son las típicas que se ven en estas islas, estrechas y de casitas con paredes blancas, y los tejados en granate, azul eléctrico, e incluso ocres, los pavimentos de piedra natural ribeteada con pintura blanca, dan una imagen idílica de estos lugares. La parte "alta" de la ciudad es casi peatonal, a excepción hecha de algunas calles adecuadas para el uso de trafico, pero con bastante estrechez.
El paseo cerca del balcón natural que forma la población a lo largo del antiguo cráter es espectacular, por aquí y por allá, hay vistas extraordinarias, sin olvidar los rincones propios de las calles, iglesias, y monumentos.
Llegando a la zona transitable por vehículos de Thira, los expertos lingüistas que llevamos con nosotros, contratan unos taxis, que por una módica cantidad acceden a llevarnos a Oia (Ia, como la conocen ellos), no sin antes hacer una pequeña pausa por la indisposición momentánea de Nuria.
El trayecto es relativamente corto, pero nos lleva unos 20 minutos, pues la carretera es absolutamente revirada, ya que transita por el borde de la formación; Desde el taxi es posible contemplar la parte este de la isla, poco poblada, pero salpicada en muchos sitios por casas que se ven desde lo alto, e incluso alguna urbanización.
Llegados a Oia (Ia) nos bajamos en una plaza, y los taxistas, según lo pactado nos esperaran durante aproximadamente 30 minutos, tiempo justo, pero suficiente para echar un vistazo e inflarse a hacer fotos, ya que desde aquí ( Esta población esta situada exactamente el el extremo noroeste de la media luna), las vistas abarcan prácticamente la totalidad del antiguo cono volcánico, dejando las casas colgadas en el borde a la izquierda y el mar abierto con el centro del cono, volcánico y los restos de las paredes del cráter hundido su alrededor, los blancos de las casas, conjuntamente con sus tejados de colores, las paredes naturales escarpadas oscuras y el mar con tonos celestes y azules marinos, dan juego a no querer marcharse de allí hasta el anochecer, pues las puestas de sol deben de ser extraordinarias, si algún día vuelvo intentaré estar al amanecer o al anochecer por allí.
Aquí y en uno de los pocos balcones grandes que hay en Ia, justo frente a una iglesia coincidimos con el resto de los albatros, momento que aprovechamos para inmortalizarnos en unas fotos.
Bueno pues con la intención de hacer esas fotos con las que ilustro mis relatos y que tan agradablemente reciben halagos por parte vuestra, cortito de tiempo echo a correr cuesta arriba para llegar a una antigua fortificación que domina toda la vista y conseguir unas foticos decentes. Pero casi tiene que venir a buscarme la policía, pues la verdad es que me costo bastante irme de allí.
No sabia donde parar, la cantidad de sitios propicios para hacer "grandes" fotografías es enorme, cada vez que disparas una, a través del mismo visor ves otro lugar donde colocarte, y como os imaginareis, me marche bastante apenado de no tener 4 o 5 horas de "trabajo feliz". La vuelta a la plaza donde estaban los taxis a pesar de ser cuesta abajo, evidenció lo embobado que estaba con las vistas, pues se me hizo larga de lo que llegamos a caminar en tan poco tiempo.
De vuelta a los taxis y en mi macarrónico Inglés, fui capaz de hacerle entender al taxista que me llevara a algún lugar a medio camino de Thira, donde sacar algunas buenas fotos, pero la verdad después de las vistas de Ia, la cosa no valió la pena. Nos reunimos con el resto del grupo en Thira, e iniciamos el recorrido "turístico" de tiendas y rincones.
Las mas felices evidentemente las mujeres del grupo, ya que cuando se habla de tiendas les brillan los ojillos de manera que iluminan toda la cale, jajajaja. Después de recorrer unas cuantas calles y comprar recuerdos para uno mismo, para la familia, amigos, conocidos y por si se nos olvida a alguien ¡¡esto tambien!!, llegamos a la plaza de la catedral, donde hay una tienda de arte bastante curiosa con único tema el mar. en la misma plaza aparte de la catedral hay tambien otra iglesia y se puede ver tambien el campanario de la iglesia católica.
Thira sigue extendiéndose hacia el sureste, pero aquí hacemos un alto y nos dividimos, mientras que unos cuantos siguen de visita, otros (entre los que me cuento) nos sentamos en una terracita colgada en el acantilado, donde como es evidente "nos la meten doblada" pues el sitio es pequeño pero magnifico.
Después del refrigerio y empezando a lloviznar, nos volvemos a reunir vía teléfono móvil, y desandamos camino hasta el pie del teleférico, donde nos separamos, unos bajando al barco y otros (como este que os escribe) subiendo en dirección contraria a la que llevábamos, para intentar ver lo máximo posible antes de nuestra partida. Finalmente y acuciados por nuestras mujeres, ya con ganas de volver, tocamos retirada y felices pero cansados descendemos de nuevo, donde coincidimos nuevamente en la cola del tender con los restos del grupo que iban volviendo.
Y aquí llegamos al final del relato de Santorini, dejando para el final la ultima escala y final de nuestro viaje El Pireo- Atenas.
Luego si tengo tiempo de retocar suficientes fotos os las colgare.