pues aquí os dejo mis dos ultimas entregas...
GERAINGER
Amaneció nublado. Fue sin lugar a dudas el día más difícil. El Gran Mistral huelga decir que llegó puntual. Estaba en frente del puerto a unos 200 mts. El desembarque se debía hacer en lanchas. La Jefa se comprometió con el transporte a las 8:30. En principio 3 horas de excursión. Desayunamos observando el entorno. Si todos los fiordos imponen, El de Gerainger es extremo porque está encunado entre paredes verticales.
A las 8:15 estábamos todos listos para desembarcar. Aquí tuvimos más dificultades. Porque el desembarque fue lento y el tiempo que disponíamos todos poco. Al final llegamos algo tarde al puerto, pero nuestro transporte estaba esperándonos. Más relajados pudimos contemplar el espectáculo, nuevamente verde, pero las cimas tenían acentuado el blanco de las nieves. Nuestro conductor Ángelo recibió la orden de la jefa con otro ¡GO!
La carretera hacia el monte Dalsnibba parecía por momentos mas estrecha de lo que realmente era. Un camping y unas casitas aisladas, estaban incrustadas en pequeñas terrazas con vistas al fiordo más bonito del mundo. Al poco tiempo llegamos a una zona de descanso… El mirador Flydalsyuvet. Cuando ves las fotos de propaganda, con un día soleado y con buena luz, sueñas con tener la suerte de que te salga un día así. No fue nuestro caso; pero en directo, a pie de precipicio y escuchando las cascadas en surround, no desmerece en absoluto. La piel se me puso de gallina a pesar de tener el polar colocado. El fiordo de Gerainger es estremecedor, podíamos ver el Gran Mistral y otro crucero que acababa de llegar que parecían estar al pairo. Las cimas nevadas, con esas tiras de nieve azucarada que parecían resbalar al precipicio, me recordaban a una gran tarta. El Torrente Flydalsyuvet, que da nombre al paraje, se abocaba con estruendo hacia el camuflado lago que simulaba el fiordo. Por más que abría los ojos, no conseguía captar más detalles, en un colapso de belleza natural.
Las máquinas de fotos nuevamente refulgían por los destellantes flashes.
El paraje estaba preparado para recoger varios buses y dispone de un aseo público para alivio de los viajeros. Los quince minutos de permiso, los habíamos consumido en medio suspiro. Y efectivamente..., con un suspiro profundo y un ay! entre los labios, ascendimos a nuestro bus para continuar el recorrido hasta el Dalsnibba.
La carretera se estrechaba cada vez más mientras desaparecía el verde entre rocas vivas. Subíamos serpenteando mientras por la izquierda nuestro río rompía su cola en la roca negra.
Verde, gris y ahora Blanco. Todo Blanco, como era posible que en apenas unos kilómetros estuviésemos transitando por un paraje de hielo y nieve. Simplemente habíamos ascendido un escalón, ahora circulábamos por un valle blanco en la ladera derecha del Danilsbba. En nuestro frente una montaña de caída vertical hacía de respaldo a un lago helado. El lago Djupvatnet, se diferenciaba claramente por la superficie extremadamente lisa con respecto al entorno. Lo bello es totalmente subjetivo, No había verde, solo roca oscura y blanco. Nuestro día gris nos ayudó a transportarnos a un mundo en blanco y negro. Unas casas de paredes y tejados oscuros al borde del encunado lago nos indicaban un cruce de caminos.
Nos desviamos hacia la izquierda para iniciar un ascenso más angosto. Previamente nuestro conductor tuvo que realizar una parada en un peaje. Se paga por persona, coche y/o bus. Éste peaje estaba incluido en nuestro precio. La carretera desapareció, circulábamos por un camino de zahorra, aunque con una explanación buena, sin baches ni hendiduras.
Otra sorpresa nos aguardaba, el camino discurría por una trinchera de hielo y nieve que sobrepasaba la altura de los autobuses.
No entendía porque no había carretera, la respuesta la obtuve al llegar a la cima. Un rompehielos quitanieves estaba en la cima como retén de seguridad. Una máquina de éstas características y diseñada para comer hielo no parecía que fuese muy cuidadosa con un firme asfaltado. El peaje supongo que sirve para mantener ésta cobertura.
En la cima un viento gélido hizo que los esclavos de la familia Lester y Anny30, que hasta ahora lucían sus mangas cortas, saliesen del bus algo más abrigados. Era la prueba del algodón de que hacía frío. Estábamos en la cota 1500.
Una barandilla nos indicaba el mirador, el límite del abismo. Qué espectáculo natural, podíamos contemplar la cota cero. Allí abajo y a lo lejos estaba el fiordo de Gerainger con nuestro Mistralillo, minúsculo y casi de juguete. Distinguíamos el valle perfecto en forma de V. El agua del fiordo rodeada de verde, con las líneas de la vegetación perfectamente definidas en las laderas del valle. Luego piedra y en las cimas blanco. Pudimos contemplar la carretera serpenteante que ascendía hasta el monte en continuo zigzaguear. A nuestras espaldas todo hielo y nieve. Qué bonito.
Queríamos fotos más atrevidas y rebasamos nuevamente la zona segura para pisar nieve cerca del abismo en un pequeño saliente de roca firme. Nuestras botas de montaña nos ayudaron a no mojarnos los pies y a no resbalarnos. Fue espectacular.
El minutero como siempre corría en nuestra contra. Ángelo quería que parásemos en las casitas del cruce de caminos, pero la jefa le indicó nuevamente go!, teníamos que deshacer el camino y luego continuar hacia el Ornesvingen, el famoso mirador de la carretera del águila. Durante el descenso y antes de llegar al pueblo del Gerainger, nuestro conductor retuvo unos segundos el bus ante una cascada impresionante. Al llegar a Gerainger, pusimos nuestros cronómetros en hora, mentalmente. A las 11:30 era la hora límite para subir todos a bordo.
Llegamos al mirador y nos dimos 5 minutos para esperar que el bus diese la vuelta y hacer las fotos de rigor. Si desde la cumbre del Dalsnibba es espectacular desde éste mirador en la cuota 500 no desmerece nada. Lo definiría como un balcón con vistas al fiordo. Hacia la izquierda contemplamos el Gran mistral y dos cruceros más. La belleza de la estampa con las nevadas cimas acurrucando entre dos manos al fiordo no tiene parangón. El mirador está dispuesto en el recodo del fiordo, al otro lado del recodo se podían ver cascadas de varios cientos de metros en caída vertical directamente al fiordo.
Nuevamente con el tiempo agotado y realizadas las fotos de rigor nos dirigimos como exhalación hacia el barco. Los minutos que nos sobraron los dedicamos a fotografiarnos por parejas delante de un gran troll con nuestro barco al fondo. Nosotros cumplimos, pero siempre debía haber excursiones rezagadas. No zarpamos casi hasta la 13:00. Previamente decidimos tomarnos un refrigerio en el bar de la piscina que nos sirvió de comida, porque no queríamos perdernos el transito por el fiordo entre Gereinger y Hellesylt. Acertamos nuevamente porque las vistas prometían ser espectaculares. Tres bocinazos ensordecedores nos dieron la señal de salida. Al cruzarnos con cada uno de los barcos atracados, nuevos bocinazos marcaban el saludo cordial entre marinos. Un Ferri de la compañía Fjord nos saludo con un bozinazo más humilde, parecía un cascarón al lado del Mistral.
Las cascadas se sucedían una tras otra, a derecha y a izquierda, el Pretendiente, el Velo y las famosas Siete Hermanas; un Torrente de aguas vírgenes que acercaba a una familia hasta el altar del destino. Siete brazos se arrojaban al vacío con el deseo de extasiarnos entre riscos resbaladizos. La lluvia hizo acto de presencia obligando al refugio de gran parte del pasaje, sólo unos intrépidos conscientes de la belleza del lugar se mantuvieron firmes para intentar retener en la memoria ese momento.
El Gran Mistral casi a paso de hombre navegó por el fiordo para colocarse al pairo al abrigo de una mole a la espera de recoger a los cruceristas que embarcarían en Hellesylt.
Sin lugar a dudas habíamos contemplado el fiordo más bello del mundo.
FLAAM
Puntualmente llegamos a Flaam. La previsión era de tener un día relajado. Nuestro tren salía a as 9:45. A las 9:00 ya estabamos en la estación para pagar y recoger nuestro billete previamente reservado. El día se debatía en claros y nubes, más nubes que claros. La jefa compró nuestro billete, algunos Thorpedos regresaron fugazmente al barco para ataviarse mejor. Otros curioseaban en la tienda de souvenirs para las compras posteriores.
A las 9:40 subimos a nuestro tren. Teníamos un vagón reservado. El vagón lo compartimos con otro grupo que también tenía la reserva hecha. Como siempre entramos como un elefante en una cacharrería y con nuestra alegría habitual nos colocamos en nuestros asientos. El jefe de estación dio la salida a su hora e iniciamos el ascenso por el margen derecho del río Flamselvi que descendía por un valle esplendoroso. Aguas bravas y cristalinas nos acompañaban en nuestro ascenso. En un valle encajonado entre altas montañas donde se podía apreciar las cumbres ligeramente nevadas.
Casi sin darnos cuenta cruzamos al margen izquierdo del río, A una zona en mitad de camino llamada Berekvam, En su estación se efectuó el cruce con el tren descendente de Myrdal. Apenas esperamos unos minutos cuando apareció el tren descendente prácticamente vacío. Realizado el cruce, iniciamos la marcha cambiadas las agujas por la responsable de la estación.
Durante el recorrido observas torrentes y cascadas que se entregan al río bravo. Lo mejor estaba por llegar, en apenas 20 Km. Íbamos a ascender 863 metros. Próximos al inicio de la zona más espectacular del recorrido, el tren se detuvo unos minutos. Nuestro vagón se detuvo en el túnel. Una voz nos indicó que podíamos descender para contemplar un espectáculo único. Nos apeamos a un estrecho anden que conectaba con una plataforma acondicionada para observar la cascada de Kjosfossen.
Las cascadas vistas anteriormente no tenían nada que ver con lo que observamos en esa humilde plataforma. Un estruendo de agua discurría con una fuerza brutal bajo nuestros desorbitados ojos. La blancura del agua rota nos dejó hipnotizados durantes breves momentos. Una sorpresa nos aguardaba, varias mujeres aparecieron entre las rocas mientras practicaban una extraña danza con sonidos ancestrales. Con el fin de inmortalizarnos delante de la salvaje y descomunal cascada, todo el pasaje nos agolpábamos a codazos para hacernos las fotos más próximas posibles a la barandilla, que separaba la seguridad de la plataforma con el torbellino de agua. Allí en aquella lejana plataforma te vuelves a sentir minúsculo, oyes, hueles y sientes el poder de la naturaleza y la fragilidad de la vida. La fina lluvia reflejada por las rocas de la cascada nos despertaba del impacto visual.
El sonido de varios toques de silbato nos marco el fin del tiempo concedido. Todos subimos a nuestros vagones e iniciamos la marcha hacia la zona más espectacular. En la zona alta puede observar túneles semiabiertos en el costado en paralelo uno encima del otro. El tren discurría por ellos La dificultad técnica es extrema y no me podía creer radio de vía configurado para superar ese desnivel. Hoy se que se asciende en espiral. Pero allí solo oyes el chirrio de carriles en un agónico ascenso entre túneles de vez en cuando abiertos, superando desniveles del 55 por mil. La fragilidad del hombre es compensada por su ingenio y determinación.
Por fin llegamos a Myrdal un paraje desértico que aparentemente no tiene nada, sólo la conexión del tren de Oslo.
Otra voz nos indicó que había 20 minutos hasta que saliese el tren. Bajamos del tren con libertad para dar una vuelta. Nos dimos cuenta enseguida que nos habíamos confundido. El tren salía de regreso en 5 minutos. Los nervios volvieron a salir a flor de pie. Estamos desperdigados. Adicionalmente teníamos que comunicarnos con el maquinista para que nos parase en la Estación de Hareina. Afortunadamente, fuimos capaces de introducirnos todos en el tren de regreso y gracias a un esclavo de la familia Lauvife pudimos transmitir al maquinista la información necesaria.
El descenso fue más relajado y disfrutamos más del paisaje. En ésta ocasión compartimos el tren con un nutrido grupo de turistas Orientales. La parada de Kjosfossen las disfrutamos nuevamente y nos volvimos a sobrecoger
El tren se detuvo tres veces más. Una para recoger a un personaje curioso, un montañero del siglo pasado, con barbas blancas y la mochila de Amunsen, otra para hacer el cruce de trenes necesario y la última dos estaciones antes de llegar a Flaam, Hareina, la estación donde teníamos previsto apearnos.
Con todo el grupo bajo del tren, nos despedimos agitando los brazo al pasaje del tren que desaparecía de nuestra vista con lenta monotonía. Vimos la Iglesia de Flaam del siglo XVII, una pequeña pero coqueta iglesia de madera. Firmamos en el libro de honor, como no podía ser de otra manera, aunque nos equivocamos al datar el evento. Nos sorprendió la tranquilidad del lugar, el sosiego que se respira. A pesar de nuestro alboroto, de las casas aisladas no salió nadie para interesarse quienes eran los intrusos que estaban invadiendo su intimidad. Esa fue la sensación, invadir la intimidad a pesar de pasear por una carretera en dirección a Flaam.
Queríamos ver la cascada de Brekkenfossen. Todos intentamos el ascenso pero enseguida nos dimos cuenta que era un ascenso duro. Así que solo unos intrépidos continuaron el ascenso, el resto retrocedió sobre sus pasos y continuaron el paseo hasta flaam. La información de los mapas que cogimos en la oficina de turismo no era precisa. Tenía cierta dificultad. Los que subimos, apreciamos de cerca otro espectáculo increíble pero no pudimos estar mucho tiempo porque el tiempo apremiaba.
En Flaam nos reagrupamos nuevamente para hacer las compras de rigor. Otros miembros del grupo realizaron un safari por el fiordo, Ataviados con trajes especiales que proporcionaba la empresa. Según nos contaron, también fue maravilloso aunque solo pudieron ver una foca. Pero les acercaron hasta unas cascadas que rompían en el fiordo, parece ser que valió la pena el safari por el espectáculo natural contemplado.
Todos en el barco pudimos disfrutar de nuestra partida de flaam a traves de uno de los ramales del fiordo Sognefjorden, el Aurlandsjforden. Considerado el fiordo más largo y profundo del mundo, el Sognefjorden es un fiordo de 200 km de longitud y casi mil metros de profundidad en algunos puntos. A mi juicio uno entre los más bellos.
Tengo más cosas para contar pero entran en el terreno de las experiencias personales del viaje y del grupo, por lo tanto son privativas. Sólo voy a contar una cosa. La última noche la Jefa nos invitó a una copa de cava, levantó su copa y brindó por todos. De sus palabras recuerdo las primeras y que sirvieron de inspiración para hacer éste relato.
“todo comenzó en un sueño, un sueño entre las brumas, que apenas era perceptible…”
Gracias Jefa por ayudarnos a compartir tus sueños. Gracias a los Thopedos por compartir con alegría un viaje de ensueño.
Los sueños son solo sueños, pero a mi también me gusta soñar y de tanto en tanto, contar mis sueños.
Gracias.