La posibilidad de que un amigo realice un crucero parecido a éste y sus preguntas, me ha motivado para repasar este viaje. Dejo aquí los apuntes que he recopilado para él, por si a alguien más le pueden servir de ayuda:
BOSTON
Para ir y volver del puerto, lo hicimos con taxi. Como alternativa al bus turístico, tomamos el "duck" que yo ya había reservado previamente. Dado que llegamos al punto de partida de éste una hora antes de lo previsto, solicité cambiar el viaje y lo hicimos sin problemas. Después con ayuda de los planos que teníamos, nos pusimos a seguir el "Freedon Trail", el camino de la libertad. No lo completamos, porque estábamos cansados y además, yo me pasé más de una hora caminando "de puntillas". Se me rompió un zapato y, al final, tras más de media hora de búsqueda, pude comprar un par nuevo cerca del Quincy Market. Aprovechamos para comer allí. Siempre siguiendo el mapa, visitamos la casa de Paul Revere y ya poco más. Acabamos al lado del agua. No nos acercamos a la Universidad.
PORTLAND
No hicimos ninguna excursión fuera de la ciudad. Si estás atento, el famoso faro de Casco Bay lo ves en su isla antes de acercarte a Portland y puedes fotografiarlo sin problemas desde el barco mientras navegas. Lo más bonito para mí es el Puerto Viejo y como se atraca allí mismo, al bajar ya puedes empezar a callejear.
BAR HARBOR
Otra pequeña población llena de encanto. Ahí desembarcamos con tenders. Caminando nos acercamos hasta el kiosco de venta de entradas para ir con los autobuses gratuitos a recorrer el parque Acadia. Está situado en un lateral del parque Village Green, cerca del lugar de desembarque. El parque es enorme y hay varios autobuses con recorridos diferentes. El sector más famoso, el Cadillac Muntain ya no lo hacían ellos. Supongo que lo cancelaron ante las presiones de las empresas privadas que sí ofrecían ese tour. Los buses son gratuitos, pero pagas el acceso al parque. En otoño del 2015 fueron 12,00 $ cada uno.. Hicimos la ruta 3, luego la 4 y finalmente volvimos al pueblo con la 5. Puedes bajar y subir del mismo autobús o esperarte a otro de otra ruta en las paradas en las que "se cruzan". El pueblo es bonito y fácil de pasear.
QUEBEC
Estuvimos dos días.
El primero lloviendo, por lo que descartamos las cataratas ese día. Finalmente amaina y aunque nublado, va aguantando. Hemos atracado algo alejados, aunque desde donde estamos tenemos unas vistas preciosas de la ciudad y del castillo Frontenac. Tomamos un shutle que nos deja en el Espace 400, un centro de actividades y, desde allí, cruzamos la calle y nos vamos hasta el Vieux Quebec, caminando, primero por la Ciudad Baja y después tomamos el funicular para subir a la parte alta. 4,50 $ los dos. Sólo efectivo, así que te aceptan gustosísimos los dólares estadounidenses "a la par", por lo que que es interesante agenciarse dólares canadienses si quieres evitar el timo. El Viejo Quebec es precioso y tiene muchas cosas para ver. Como además tuvimos la suerte de que ya estuviese adornado para Halloween, nos encantó. La bajada la hicimos caminando. Había posibilidad de volver a salir por la noche, pero nosotros ya no lo hicimos. Yo me subí después de cenar a cubierta y me dediqué a fotografiar la ciudad iluminada.
Al día siguiente, con mejor tiempo, volvimos con el shutle hasta el Espace 400, después calle adelante pasando por delante del Mercado hasta la Gare du Palais. La estación se identifica fácilmente. Allí compramos los billetes de ida y vuelta de autobús hasta Montmorency. Se compran en el super de la estación. El bus era el 800 y la parada está cerca de la estación saliendo por la fachada principal (si vas caminando desde el shutle, seguro que entras por la trasera). Coste de los billetes en 2015, 11,60 $ los dos. Creo recordar que bajamos al final, así que no hay pérdida. Como accedemos por la parte superior del parque (y de la cascada) dejo a los valientes que bajen todos los tramos de escaleras y los sucesivos miradores. Nosotros, creo recordar que bajamos tres o cuatro y volvimos a subir. Tras "el esfuerzo" nos volvimos a la entrada del parque y en la terraza del bar-restaurante que hay allí, nos tomamos una cerveza. Después, vuelta al autobús.
CHARLOTTETOWN
El pueblo es nada y menos. En el puerto, hay varios taxis. Dimos con Benjamin, un taxista mejicano nacionalizado canadiense que nos ofrece un tour compartido con otra pareja. Así, con un guía que va alternando el castellano y el inglés, nos cuesta 120,00 $ a cada pareja , más 10,80 $ por pareja que pagamos de entrada en la granja de Ana, de las Tejas Verdes, el personaje literario en torno al cual gira esta ciudad. El tour dura cuatro horas. Instalados cómodamente en el taxi, damos una buena vuelta, visitando un par de playas y el pueblo pesquero de North Rustico, nos enseña las cestas con las que se capturan las langostas y acabamos en la granja de Ana, mejor dicho, la granja donde vivió su creadora, la escritora canadiense Lucy Maud Montgomery, transformada hoy en museo. Cuando Benjamin nos devuelve a la ciudad ya son las 14,00, así que acabamos de ver lo poco que hay en el pueblo y vuelta al barco.
SYDNEY (Isla de Cape Bretón)
Otra pequeña población volcada en la industria del turismo de cruceros. La terminal es preciosa y sirve como mercado artesanal. El tiempo es lluvioso. No hay servicio público, así que no nos movemos de la ciudad. No hemos localizado ni bus ni taxis. Sé que al zarpar para nuestra próxima escala se ha de pasar frente a la fortaleza de Louisbourg, pero la verdad es que no la vemos ni en la distancia. De todas formas, el pueblecito es agradable y el paseo bordeando el mar, también (lástima de día lluvioso).
HALIFAX
Esto ya es una ciudad. La pena es que con cuatro cruceros en el puerto, los lugares turísticos estaban saturados. Shutle para salir de la zona de atraque hasta la terminal, llena de tiendas. Ciudad volcada al mar. Su frente marítimo es muy bonito y se puede recorrer a pie, al igual que su centro histórico. Subimos hasta la ciudadela (aunque no entramos). De camino, nos sorprende el cañonazo de las 12,00. Aunque lo había leído, ya no me acordaba. Susto. Tras rodearla en parte nos acercamos a los jardines públicos y regresamos también caminando hasta la terminal. La ciudad homenajea a Samuel Cunard, nacido allí y fundador de la Cunard Lines. La despedida fue melancólica. Era la última escala y un gaitero solitario vestido con falda escocesa tocaba bajo la lluvia mientras zarpábamos.