Lo primero tengo que decir antes de nada, es que este crucero en el Celebrity Solstice globalmente ha sido muy positivo. Sin duda alguna el aspecto más destacado ha sido la comida, tanto por presentación de los platos, como por gusto y variedad de los mismos. Otro aspecto relevante fue el propio barco en si, sus instalaciones, distribución de salas y corredores y una decoración que a nosotros nos ha encantado, moderna y de diseño, pero conservando una gran elegancia. Ese diseño de los corredores permitía recorrer la eslora del barco dando la sensación de tener muchos menos que los casi 300 metros que posee. Como puntos destacados incluiría a modo personal el comedor principal Grand Epernay, el Lawn Club con el cesped natural y el atrio principal Grand Foyer. Una de las zonas que más nos gustó fue la piscina cubierta, con sus fuentes de colores, música relajante y el Aqua Spa café para poder picar alguna cosa.
En cuanto al camarote el nuestro era un exterior de luxe con veranda categoría 1B y nos encantó. Amplio , cómodo, bien decorado y con muchos armarios y cajones para guardar toda clase de ropa y objetos, un gran balcón con mesa y dos tumbonas reclinables y un baño espacioso con toda clase de vitrinas y cajones para guardar todo lo necesario y un buen número de amenities. A destacar el sistema interactivo de la televisión del camarote, muy práctico, y el regulador de intensidad de las luces del camarote. Como punto negativo el excesivo rumor del sistema de climatización y a mi parecer el poco aislamiento acústico de la cabina, en la que se percibe bastantes ruidos exteriores.
El servicio que hemos recibido en el comedor principal ha sido excelente por parte de Omar, nuestro camarero y de su asistente Canto y eso a pesar que en los doce días de crucero hemos tenido tres camareros distintos. Nuestro somelier Rubén excelente profesional y sobre todo magnífica persona. Otro tema distinto es el asistente de maitre polaco que demostró poquísima profesionalidad. Todas las noches que cenamos en el Grand Epernay se dedicaba a pasar varias veces por todas las mesas interesándose por la satisfacción de los comensales, como no podía ser de otra manera. Por todas menos por la nuestra, que rodeaba convenientemente, convirtiéndola en una isla ficticia dentro del comedor principal. La razón supongo que sea que nosotros no hablábamos el suficiente inglés para mantener una conversación digna de su rango abolengo. De todas formas debería aprender de nuestro ayudante de camarero filipino, una persona encantadora y profesional, que ya el segundo día nos saludaba en español, se tomó la molestia de aprender alguna palabra más y me hablaba despacio en inglés para que pudiera entenderle. Sin duda un esfuerzo que es de agradecer. Soy plenamente consciente de que viajo en una compañía cuyo idioma oficial es el inglés. Pero lo otro me parece una descortesía. Por no decir que podía haber utilizado de traductor a nuestro camarero Omar, hondureño que evidentemente hablaba castellano. De todas formas esta falta de profesionalidad de este asistente de maitre quedó reflejada por nuestra parte en el cuestionario final de satisfacción y no empañó el alto concepto que nos llevamos de la profesionalidad de una gran mayoría de la tripulación.
Otros detalles de servicio, o no servicio, por parte de la compañía que nos dejó desconcertados nos ocurrieron el último día de crucero. El primero de ellos fue encontrarnos con el mueble bar cerrado con llave a cal y canto. Quizás pensaron que en un episodio de sonambulismo, saquearíamos dicho mueble bar por la noche y no querríamos abonar su cuantía amparándonos en dicha patología, si es que se puede denominar de esa forma. Otro ocurrió al solicitar, como casi siempre, el desayuno en el camarote a través del útil sistema interactivo de la televisión. A los pocos minutos sonaba el teléfono del camarote y una voz amable, pero sorprendida a la vez, me informaba que no podían atender mi petición, pero ponían a mi disposición el buffet hasta las ocho de la mañana. Detalles que nos habían ocurrido en Costa y MSC y que no nos esperábamos que pasarán en Celebrity, más aún cuando no nos sucedieron en NCL. Por último, a la hora del desembarque definitivo, la frase mecánica del personal de seguridad y sobrecargos en el que nos deseaban : “que tenga un agradable día en puerto” en cada una de las escalas, y que en esta vez creí que se transformaría en : “que tenga un agradable viaje de regreso a casa”, se resumió en un silencio y semblante serio en el rostro. Detalles que en mi modesta opinión no son propios de una naviera que presume de ser “premium”.