Han pasado ya casi diez años de este viaje, pero lo recuerdo como si fuera ayer. La enfermedad y el posterior fallecimiento de un familiar nos forzaron a cancelar el maravilloso crucero de 14 días que teníamos reservado para los fiordos. Yo me resistía a quedarme sin viaje aquel año y como el crucero solo tenía una fecha de salida en junio no pudimos retomarlo. Como en septiembre tenía de nuevo vacaciones, buscamos un nuevo destino.
Elegimos
Croacia
, movidos por la curiosidad que una simpática alumna croata (a la que le enseñaba español por aquel entonces) había despertado en mí. Me había regalado un folleto precioso del país, una taza de Dubrovnik y un condimento para la comida,
vegeta (como nuestras pastillas de caldo, pero mejor). Lo primero que me llamó la atención fue el encanto medieval y romántico de Dubrovnik y me dije que allí nos íbamos. Luego, en el folleto de la agencia descubrí alguna imagen de Eslovenia y juré que tampoco me lo quería perder. Así que contratamos un circuito de 15 días por ambos países.
La experiencia fue fascinante. Qué país tan desconocido (hablo de hace diez años, claro): la monumentalidad de
Zagreb, la capital; la espectacular joya del Palacio de Diocleciano en
Split; la naturaleza en estado puro en el
Parque Nacional de los Lagos de Plitvice, Patrimonio de la Humanidad, donde de buena gana nos hubiéramos quedado un par de días más para recorrer todos los lagos… Me esperaba poco de
Zadar, pues la visita programada no superaba el par de horas, pero fue la que más disfruté y me quedé con ganas de más. No lo puedo evitar: me seduce todo lo que huele a medieval. Y ya el colofón: tres días en
Dubrovnik, la
perla del Adriático, que, desde luego, no nos decepcionó.
Pero me han pedido que hable concretamente de Zadar, esa desconocida que ahora vuelve a ser la protagonista de una escala de crucero.
Llegamos a Zadar tras pasar una calurosa e intensa mañana en el Parque Nacional de los Lagos de Plitvice. La distancia es de de dos horas en coche.
Históricamente, la ciudad de Zadar fue conquistada por los romanos para convertirla en colonia de veteranos en el siglo I a.C., época de la que se conserva su trazado reticular. Fue capital de Dalmacia durante siglos, desde Bizancio, pero el paso del tiempo acabó por diluir su protagonismo.
El centro histórico, amurallado desde época romana, está emplazado sobre una alargada península, y aunque su lateral está unido por un puente peatonal con la parte nueva de Zadar, conviene entrar por las viejas puertas de la urbe, recorrer el Decumanus y visitar el foro romano, en torno al cual se levantaron los principales monumentos: la catedral, la iglesia prerrománica de San Donato, la de Santa María o el actual Museo Arqueológico.
(Como he dicho, ya han pasado diez años. Entonces no tenía cámara digital, así que he escaneado las fotos que más o menos muestran la ciudad, pero he añadido fotos de la web que muestran mejor la visita).
Nosotros viajamos siempre por carretera, así que llegando en crucero el orden de visitas que aquí se relatan debe cambiar. Si os agenciáis un plano de la ciudad, no será difícil trazar una ruta diferente.
Entramos a la ciudad por la
Kopnena Vrata (Puerta de Tierra), una entrada renacentista de tres vanos, adornada con los escudos de armas,
Sv Krzevan a caballo y el imponente león veneciano de San Marcos sobre el arco central. Hay más puertas, pero sin duda esta es la más bonita.
Los vestigios más antiguos de las murallas romanas se encuentran próximos a las puertas del este, a partir del puente peatonal.
Una escalinata a mano derecha, desde la Puerta de Tierra, te lleva a
trg Pet Bunara, plaza conocida por las cinco bocas de los pozos octogonales enfilados sobre una cisterna, que datan de 1575.
En la plaza de al lado,
Trg Petra Zoranica, se colocó en 1769 una columna corintia del foro romano.
Desde esta plaza empezamos el paseo por el que fuera el
Decumanus romano, que hoy se denomina Plaza de Juan Pablo II.
En su inicio se halla la
iglesia de San Simeón del siglo XII, que perdió todo su estilo románico después de las reformas que se le realizaron con el motivo del traslado de los restos del santo en el siglo XVII.