Petra, “La ciudad perdida del desierto” o “Ciudad Rosa” (Jordania)
Algo tan sencillo como una piedra da nombre a este lugar tan fascinante. A veces me pregunto como se puede llegar a perder algo así…
“La ciudad perdida del desierto, o ciudad rosa”, estuvo un tiempo perdida, como otras ciudades y grandes imperios… como la ciudad de Tikal… Machu Pichu… y otras asiáticas… perdida.
Sin embargo, algo tan excepcional no podía quedar en el anonimato porque ya en su momento de creación, significo un enclave estratégico para las caravanas comerciales del norte y sur de Asía, de la India, de África, e incluso del mediterráneo. Esa localización estratégica en parte era debida gracias a la orografía del terreno y la posibilidad de suministro y almacenamiento de agua, tan importante para la supervivencia, y más aún, rodeada esa zona, de desierto y valles “salados”. Digo valles “salados” porque el guía nos dijo que muy probablemente eso antes había sido mar.
Calesitas para gente con dificultad para andar
Esa misma agua inclusive, y junto con los demás fenómenos meteorológicos y una climatología extrema en temperaturas, hizo posible las maravillosas composiciones pétreas en las que están esculpidos esos templos… y en si también le da el conocido sobrenombre de “Ciudad Rosa” debido al alto contenido de hierro, cobre y otros métales y minerales, rojos, que juntamente con otros, y la luz natural, dan las característicos tonos rosáceos. Las atractivas líneas transversales que forman bonitas cenefas, nos indican la fecha en la que se formaron, de donde venía el viento, y hacía donde corría el agua, aunque verdaderamente eso fue hace tantísimo tiempo…que supongo que los que Edomitas, primeros habitantes hebreos de Petra, también tienen algo que ver con ese sobrenombre. Petra fue capital del reino Nabateo, (que eran nómadas) y reinaron por un largo periodo, de origen arameo (se Syria), mesopotámico, y por tanto bíblico…hasta que llegaron los romanos… entre tanto, la lucha, el poder, la fe…
Imagino que el explorador que lo descubrió el siglo pasado, sintió un placer enorme al ver aquel edificio nada más pasar el estrecho cañón; el Siq, de mas de un kilómetro de longitud, y en algunos puntos hasta de unos 200 m. de una altura, con unas canalizaciones a lado y lado por donde se suponía que corría el agua…ese paseo es un estimulo muy grande. Al no haber nada que distraiga nuestra atención a ambos lados, supone una sorpresa ver que hay algo magnifico esperándonos al final.
Canalización de agua en el Siq.
Primera vista del Tesoro
Y comienza a verse algo más de claridad, y de pronto aparece algo…ese algo es el “Tesoro”. Verlo entre las paredes del Siq es precioso, pero subir por los escalones de piedra y tocar esas columnas perfectamente rectas y enormes es algo… bufff… ¡Maravilloso! Uno se pregunta cosas, una y otra vez. Luego el interior es más austero, y sencillamente geométrico, pero igual de singular o más aún.
El tesoro