Bahia de “Ha Long” o Dragón descendiente
Rara vez, encuentro que haya algo que logre fascinarme más que la naturaleza, y que esa fascinación perdure en el tiempo. Además, y sin duda, Vietnam reúne muchos atractivos aparte de los paisajísticos, lo que hace que resulte inolvidable su visita, aunque apenas sean unas cuantas horas…
Si el viaje por tierra de Hanoi a Ha Long es un auténtico viaje “musical” de continuos toques de claxon, de orbitas y pupilas dilatadas por la novedad del itinerario y las sorpresas, pegadas a los cristales del mini van… a ratos cabezadas… por el madrugón… llegar y embarcarse en una nave típica, y navegar por la bahía, es mecerse en un silencio tan placentero y gratificante, que no es que parezca que estas en otro mundo, sino que lo estas.
Asía tiene esa peculiaridad de lo mágico. Prácticamente todos sus habitantes creen ciertamente en la existencia de dioses, o en algo en lo que para nosotros resulta desconocido, y esa tradición no se pierde, y esa espiritualidad se siente. Según cuenta la leyenda, los islotes que se pueden ven en la Bahía, (Bahía de Ha Long, Halong Bay, Bahía de China o del Dragón descendiente) se formaron a consecuencia de las pisadas del dragón, que descendió, enviado por los dioses, y para liberar a los vietnamitas del sometimiento de los invasores chinos. Desde entonces, el mítico animal, vive en las aguas de la Bahía, y de ahí el nombre de la misma “Ha long” es decir, “Dragón descendiente”.
En muchas de las quillas de los barcos que hacen las excursiones por la bahía, coloreado de forma fantástica como solo ellos saben hacer, -para supongo, diferenciarlo de lo terrenal- esta la cabeza del dragón, de forma simbólica y a modo de amuleto. Esos barcos, clásicos de madera, se utilizaban antaño para transportar principalmente el producto básico de la alimentación asiática, el arroz.
Hay otras teorías de la formación de la Bahía y sus formas rocosas, y probablemente de ellas, las ciertas son la geológica y natural. Pero como estamos tan relajados, las historias fantásticas harán que estemos más atentos si cabe, por si vemos al voltear en el próximo islote, a un dragón… o quién sabe qué.
Merece por tanto un paseo en esos típicos barcos de transporte de arroz, adaptados para excursiones de turistas, o expediciones del National Geografic a las grutas, con asientos que se convierten en mesa, y cocinas al aire libre en la popa… por deslizarse en silencio escuchando a un guía local contar historias, con acento español que aprendió en Rusia o Cuba… por estar tan cerca de ese agua de tonos que van desde el transparente verde esmeralda al jade negro, y esas puestas de sol, o la neblina matutina… y por esa humedad caliente y pegajosa… jajjajaja… por la amabilidad con la que te tratan… por esa sencillez tan increíble…
Por la bahía navegan otras embarcaciones diferentes, dignas de postal, como los sampanes de vela roja de origen chino, a las típicas barcas-casa, u otras embarcaciones mas modernas con un motorcito fuera borda, o a remos… que reparten los suministros a los diferentes islotes, y a los barcos turísticos: pescado y verduras de colorines en cestas de mimbre… intercambio indescifrable de sonidos y unos cuantos “millones” de dongs, y ¡Lista la compra! Por ese trasiego de naves, la bahía cerca del puerto no es el lugar mas agradable para bañarse…
En el itinerario de los barcos turísticos por la Bahía, se suelen visitar algunas grutas con formaciones geológicas sorprendentes, y nombres también curiosos. Además, y mediante otras barquitas más pequeñas, o a nado, se puede acceder al interior de algunos islotes y bañarse con tranquilidad, en aguas limpias…- muchos islotes están huecos- y se pueden observar a los diferentes pájaros, o escuchar atentos las diferentes historias de los “seres” que viven en torno a esas aguas… esas excursiones incluyen el almuerzo a base de mariscos, arroz, rollitos, calamares, ensaladas…
habitualmente a bordo del barco, y también recalar en algún islote con playa de arena blanca, para nuevamente bañarse. La mayoría están totalmente deshabitadas y lo único que hay es la arena blanca para dejar la ropa; conviene si se realiza esa excursión, llevar algún tipo de chanclas para bañarse con ellas por si hay piedras, que es lo habitual. Es una sensación parecida a bañarse en un lago, donde no ves el fondo.
Ya en el puerto, la observación de una arquitectura sin apenas interés, o al menos que yo recuerde…resquicios de otras influencias, paisaje ecléctico de casa bajas, edificios modernos y viejos, y hoteles de muy diferentes categorías… casitas de pescadores…restaurantes y tiendas de todo tipo. Paseos en Ciclo Pausse, y poco más.
Lo bello es la bahía que además es patrimonio de la humanidad por la Unesco.
Pero sobretodo, no hay que olvidar, que no hay dos sin tres, y los mejores “Spring Rolls” de Vietnam, y únicos en el mundo, se comen en Bahía de Ha Long, pequeños y crujientes, maravillosos y llenos de fantasía. Imprescindibles para no olvidarla nunca.