Pues aquí estamos, desembarcados de nuestro crucero con el Costa Mediterranea con toda la penita del mundo mundial. Voy a intentar contarles como nos fue, lo que hicimos y un poco del barco para quien no lo conozca, que yo no lo conocía y encontré muy poca información en los foros.
En primer lugar les cuento el itinerario. Aquí lo tienen:
Cogimos el crucero en febrero, ya casi desde el mismo Diadema… Lo dejamos reservado y un par de semanas después lo confirmamos.
¿Porqué lo cogimos? Por Venecia.
Yo estuve en Venecia hace tiempo (no les cuento cuanto que me calculan la edad…) Fue una estancia de tres días y me encantó.
Mi familia no había estado, y me hacía ilusión llevarles.
La mayoría de los cruceros parten o llegan a Venecia, con lo que para ver la ciudad tienes que llegar un día antes o quedarte un día después. Y a mí eso no me convence.
Bueno, no es que no me convenza, es que yo soy como Ortega y Gasset. No, no de fea… sino de circunstancias… Yo soy yo y mis circunstancias.
Aquí mis circunstancias:
Normalmente mis circunstancias son más numerosas y abarcan de los siete a los 91 años… Aunque esta vez se nos disminuyó el tema por motivos laborales y de salud y nos fuimos los tres solitos.
Pues ahí que nos ven tan sonrientes y guapos, viajamos con tupper de medicación que ni una ambulancia medicada, jajajajajaja.
Que llevo yo los urbasones repartidos por todo el equipaje para “porsi”.
En fin, que no estamos para hacer rafting por los Pirineos. Ni siquiera para cargar con maletas por esos mundos de Dios. Y en esta ruta el barco atraca en Venecia y está hasta las 20:30, lo que te da para visitar la ciudad tranquilamente sin tener que estar maletas puente arriba, vaporetto abajo.
Así que, ya expuesto el porqué de esta ruta, le cuento el viaje.
Día menos uno. Viernes 28 de octubre
Vivimos en Mallorca, y había que llegar hasta Trieste. Saliendo a las seis y media de la mañana, llegábamos a Trieste a las 16:10. El aeropuerto está a 40 minutos del puerto y el embarque era hasta las 18:00. Muy justo. Así que nos fuimos un día antes. Por eso es día menos uno.
Nos levantamos a las tres y media… Sí, a las tres y media… que hay que atravesar media isla para llegar al aeropuerto. Y bien que hicimos, porque con la enormísima cola que tiene Ryanair para dejar el equipaje, llegamos justitos a la puerta de embarque.
El primer vuelo estupendo. Primera etapa superada.
Ah.. que no les he contado.. hago un inciso y les cuento.
INCISO:
El jueves me fui a recoger a mi hija a la escuela. Esto que la veo que sale corriendo hacia mí, tropieza con otro niño, pisa con la pierna torcida y se cae rodando por la rampa agarrándose la rodilla y gritando. No me dio un infarto, porque el corazón lo tengo bien… Pero cuando yo vi allí a la niña en el suelo agarrándose la pierna , llorando y gritando ¡Mami me duele, ha hecho CLAC! Creo que adelgacé tres quilos de golpe.
Así que la última tarde, en vez de terminar los últimos flecos del viaje, la perdimos en urgencias. La miraron, no tenía distensión ni rotura de ligamentos, pero se le hinchó mucho, le dolía y efectivamente hacía CLAC. Ya me vi yo por cuatro aeropuertos con la silla de ruedas. Señor…
Acabo el inciso: Gracias a Dios no hubo silla de ruedas. Sí hubo cojera todo el día y yo con un brazo hecho polvo.. que la niña pesa lo suyo.
Seguimos, llegada a Barcelona.
Caos en el Prat.
Habíamos reservado vuelo con Alitalia: Barcelona -Roma-Trieste.
Al hacer el chequing nos informaron de que habría una hora de retraso en la salida a Roma.
La hora se convirtió en hora y tres cuartos, de los cuales tres cuartos los pasamos dentro del avión. Mucha gente llevaba enlaces y había bastantes nervios, entre ellos nosotros.
Cuando fui a comprobar las tarjetas de embarque hacia Trieste, ¡oh sorpresa! Nos habían cambiado el vuelo (sin decírnoslo) para dos horas después. Fuimos de los pocos que no perdimos el enlace.
Luego supe que la tripulación que iba con nosotros era la misma que nos llevaba a Trieste...
Menos mal que había organizado el viaje para llegar el día antes y dormir en Trieste, porque hubiéramos perdido el barco.
La idea era coger un bus, pero no podíamos con nuestra alma y cogimos un taxi.
Aquí les dejo las tarifas. A nosotros nos cobraron 60€ .Llegamos al hotel a las nueve de la noche y agotados, ya sólo con ganas de cenar y dormir.
El hotel Allbergo dalla Posta, está muy bien situado. A diez minutos andando De la estación de trenes y autobuses y a veinte del barco. El taxi al barco nos costó 8€.
El hotel es un tres estrellas. Esta bien sin tirar cohetes. Muy pequeñito, la entrada es antigua y el ascensor del tiempo de mi abuela, pero las habitaciones están todas reformadas recientemente. Los dos y la niña con alojamiento y desayuno 106€. Tienen WiFi gratis, televisor, secador y amenities. No hay neverita... Por si tienen que llevar medicación refrigerada, supongo que avisando habrá solución.
Vaya, que para lo que es, está bien.
Cenamos en un restaurante allí cerquita, el primero que encontramos, y a la cama.
A la mañana siguiente desayunamos en el hotel. Un desayuno sencilito, pero tienen de todo, incluso un plato con cosas sin gluten, (primera vez que me encuentro que puedo desayunar algo en un hotel pequeño) y a la calle.
Dimos una vuelta por la zona peatonal hasta el puerto y vimos varias plazas. Es una ciudad bonita para pasear.
Hay un pequeño canal lleno de cafeterías. Era sábado y había un pequeño mercado ecológico, y por el camino nos topamos con James Joyce… Se ve que el hombre solía tomar café por allí con sus amigotes.
Pasado el canal hay varias plazas: la plaza de la Bolsa, la de la Unidad Italiana.. Trieste tiene muchos monumentos y lugares de interés, aunque la verdad es que lo que nosotros queríamos hacer era subir al barco, nos moríamos de ganas. Así que ni a tomar café nos paramos y a la una nos fuimos al hotel a recoger las maletas.
A la una y media cogimos un taxi hasta el barco. 8 euros desde el hotel hasta la estación marítima. Es una estación pequeña, casi no hay que caminar.
Ha sido el embarque más rápido y mejor hecho de los cinco Costa que llevo...
En un cuarto de hora nos recibió Almudena, la asistente española (ya habíamos coincidido en el Diadema), una monitora del Squok club, nos dieron el programa infantil, los papeles de sanidad, luego se los dimos a otro chico y entramos al barco. La foto de rigor en la puerta (que salimos fatal...) la foto para la tarjeta Costa, al camarote a dejar las mochilas y a las dos estábamos en el Buffet. Cero esperas.
La distribución interior del camarote es calcada a los demás camarotes que hemos tenido en Costa. Teníamos una triple. Cama de matrimonio y sofá cama.
Habíamos reservado interior garantizado y nos dieron exterior vista obstruida. La verdad? Genial.
Nos tocó el 4149, detrás de los botes salvavidas, pero entre dos botes. La ventana es tipo balcón y para ser vista obstruida se ve perfectamente el mar y el cielo.
Después de comer nos fuimos a Costa Club a reclamar la tarjeta de mi marido, que se la habían puesto normal. Es ya el segundo viaje que nos pasa igual, lo tienen mal registrado y no le dan tarjeta costa club. Que es una tontería, pero te regalan la botellita de agua. Y oye, a caballo regalado no le desprecies el agua.
Al final se lo arreglaron y le dieron su tarjeta coral, con la que además le toca la foto con el capitán. Otra tontería, pero nos fuimos la mar de contentos.
En el camarote nos encontramos mi botella, unos aperitivos sin gluten, y el diario de a bordo y demás documentación.
Muy bien Costa con el aperitivo... Ya que en el buffet no hay comida sin gluten y llegamos tarde al restaurante a la carta.
Aprovecho para contarles como funcionan las dietas especiales en Costa. Hay que informar al hacer la reserva .
El restaurante Dei Argentieri tiene una zona reservada para dietas especiales que funciona en desayunos y a medio día. Tienes una carta especial y en el desayuno te ponen un plato con galletas, biscotes y cereales.
La zona reservada está en el puente 2 al lado de los ventanales, así que tuvimos mesa reservada al lado de los ventanales todo el crucero. ¡ Genial!
En el Diadema la zona reservada está en el centro del Fiorentino y no ves un pimiento.
En la cena en el restaurante no hay zona reservada. Avisas de que llevas dieta especial y te traen la carta.
Hicimos el simulacro de desembarco, bastante completito. En el Diadema fue un vídeo y después excursión hasta los botes.
Aquí nos citaron directamente en los botes, nos pusieron en filas y nos dieron toda la explicación en inglés, italiano y alemán. Le revisaron los chalecos a todo el mundo (el de mi hija era pequeño y al rato vino en camarista a cambiarlo) y se acabó. Eso sí, si te pillan dando vueltas por el barco durante el simulacro, te riñen y te mandan a los botes. Vimos a una familia de rusos merendando en el buffet, que no hablaban ni media palabra de nada que no fuera ruso. Los pobres camareros sudaban tinta para explicarles que no podían estar allí y se tenían que ir a los botes porque habían embarcado ese día. No hubo manera, al final los rusos se levantaron y se fueron. No a los botes, por supuesto…
Los estuvieron toda la tarde llamando por megafonía en varios idiomas, hasta que por lo menos una hora después a alguna mente privilegiada se les ocurrió llamarlos en ruso… No volvimos a oir el aviso.
Hay dos simulacros de desembarco para el pasaje, en Trieste y en Venecia. Nos comentaron que no hay más puertos de embarque, salvo en Katakolón que embarcan unos pocos griegos.
Luego una reunión con la asistente española, la encantadora Almudena con la que ya habíamos coincidido en otro Costa.
Esa tarde la pasamos entre visitar el barco y deshacer maletas.
A las 19:45 al espectáculo, un tenor.
Cantaba bien el hombre, pero yo lo encontré sosito. El repertorio no fue muy acertado, pocas arias conocidas... Y nada de acompañamiento, ni bailarines ni vídeos detrás ni nada... A mí me gusta la ópera pero daba pena ver a la gente levantándose. Mi hija directamente se durmió.
Cómo funcionan las cenas:
Hay dos restaurantes incluidos en el precio.
El restaurante Perla del Lago, en el puente 9 Armonía. Servicio de buffet.
El restaurante Degli Argentieri en el puente 2, con turno libre de cenas.
El mismo Restaurante Degli Argentieri en el puente 3, con dos turnos de cenas.
Nos habían asignado el turno libre en Degli Argentieri. Mi instinto me decía que no era buena idea, y nos fuimos al maitre a intentar cambiarlo. Nos dijo que era muy difícil (siempre dicen lo mismo) y que esa noche nos teníamos que conformar.
En principio parece buena idea tener turno libre, porque vas a la hora que más te conviene. En realidad como pudimos ver, es un rollazo. Hay bastante cola para que te asignen mesa, y como la mayoría son italianos, que cenan tarde, si vas a las ocho te dan un aparatito para que te lo lleves de paseo por el barco, y cuando te suena tienes que volver a sentarte. Según nos comentaron, había esperas de más de media hora, con lo que no podías planear nada, porque igual esperabas media hora, que te llamaban y estabas por ahí tomando una cerveza y tenías que salir corriendo.
A nosotros la segunda noche ya nos asignaron mesa en el segundo turno y tan felices.
Foto del menú sin gluten.
Hay otro restaurante de pago, el Club Medusa, bajo reserva.
Y hay pizza y hamburguesa de pago en el puente 9.
La noche de Trieste no es temática. Y estábamos muertos así que nos fuimos a dormir.
Les cuento mi impresión general del barco, luego en cada día intentaré contarles cosas más concretas.
El barco es un Costa con todas las de la ley. Vamos que o te gusta o te duele la vista.
Muchas estatuas, figuras, pinturas y cosas raras por todas partes.
De tamaño se nota mucho la diferencia con el Diadema.
Aquí varias fotos del barco
292 metros de eslora y 32 de manga
Capacidad 2680 pasajeros (íbamos 2300) y 867 tripulantes.
En general es más manejable y caminas menos para todo. También hay menos colas, menos aglomeraciones y menos jaleo. Eso lo notamos especialmente en el embarque que fue espectacularmente rápido.
También se nota mucho en el servicio de cenas. Si en el Diadema estábamos acabando de cenar cerca de las doce, aquí acabábamos a las diez y media. También el sistema de servicio es distinto, traen todos los platos a la vez y los van sirviendo según vas acabando, y como te despistes te quitan el plato sin haber acabado. Literalmente.
¿En que se nota negativamente? En la animación.
Al haber menos gente, algunas actividades no tenían quórum y se suspendían. Así como en el Diadema la piscina cetral era la zona principal de animación diaria y siempre había jaleo, aquí había cositas, pero con diez o doce pasajeros como mucho. Como diría mi hija: Cutre.
El personal muy amable. Mucho menos estresados que en el Diadema y más tranquilos. Demasiado tranquilos diría yo.
O fuimos a los bares, pero un día que quise un cóctel, casi me lo tengo que hacer yo. El camarero se tiró media hora con otro grupo.
Claro que eso también tiene que ver con las nacionalidades, aquí hay de todo. Y los del este no se enteran de nada, enredan por donde van, porque preguntan y preguntan y la mayoría no habla inglés.
Personal que hable español, poco. Mucho brasileño, eso sí, y con esos te entiendes estupendamente.
Nosotros no tenemos problemas de idiomas, así que no notamos nada, pero un día había una chica muy enfadada porque le soltaba un rollo a un pobre camarero filipino que la miraba como si estuviera viendo a Elvis.
Que claro, si le sueltas a un Filipino : “Quiero una tortilla sólo de huevo, sin nada más, hecha con aceite de oliva, no de girasol que soy alérgica, y date prisa que llego tarde a la excursión”
Igual el hombre tenía que haber admitido que no se enteró de nada… En vez de traerle una tortilla de jamón que le devolvieron tal cual porque era intolerante a nosecuantas cosas.
En fin, anécdotas de los viajes. Yo estuve perfectamente atendida en todo momento.
Nuestro camarista David, un diez.
El camarero de desayunos y almuerzos Malvin, otro diez.
Y el de las cenas, de nombre impronunciable, un veinte.
Y con esto y un bizcocho, otro día les cuento Split.