Prosiguiendo lo dicho por Keltic, el Normandie, un poco más moderno que el Berengaria y el Titanic, tenía tal lujo que el problema era su mantenimiento en perfectas condiciones pues precisaba, tras cada travesía (o cada dos) estar parado en puerto uno o dos días para el mantenimiento y eliminar todos los pequeños desperfectos causados por el uso sobre materiales tan delicados (por ejemplo, los desconchados de las maderas lacadas producidos por algún golpe involuntario). Esto era una ruina y el barco nunca dio beneficios.
Los grandes barcos de aquella época recibían cuantiosas subvenciones de los estados (especialmente, Inglaterra, Alemania, Francia, Estados Unidos y, luego, Italia) pues los tenían como aparador del país.
Los países que como España que tenian una marina utiliataria, las más de las veces con barcos de segunda mano perfectamente mantenidos (el personal de máquinas español era, entonces, el mejor, con diferencia), para asombro de los técnicos de otros paises (los barcos de las navieras españolas, fuera cual fuera el país de construcción, eran los que menos tiempo estaban parados por averías, aunque fueran barcos de segunda mano -iban y volvían de Filipinas sin parar por averías que era algo insólito en su época).
La generación de barcos posterior al Rex italiano y al Normandie francés fueron ya mucho más funcionales y sencillos (Queen Mary) y no digamos los posteriores a las II Guerra Mundial como el rapidísimo SS United States que tenía una decoración absolutamente espartana y funcional amén que un prodigio tecnológico y de diseño, con una línea preciosa.
Hoy el lujo es otra cosa; ha cambiado la noción de lujo. Sino mira cualquier hotel actual de superlujo. El problema es que la idea de lujo se corresponde con la cultura de cada época por lo que hoy en día, estos barcos tan lujosos de antaño, si navegasen tal cual, los considerarimanos poco menos que inhabitables. Sería como vivir en un parador que continuase manteniendo el diseño y funciones del castillo medieval.
Cada época tiene sus lujos. Disfrutemos los de ahora y admiremos los de antes.
En cualquier caso, el la imagen actual del Titanic es un bluff; tan bluff que nadie habla de sus gemelos Britanic y Olympic. Si el Titanic no se hubiese hundido nadie se acordaría hoy de él, como nadie se acuerda del Berengaria, Mauretania, Ile de France, Rex, Normandie y tantos otros...
De todas maneras, prefiero los barcos actuales pues muchos lujos antes impensables son hoy obligatorios, como el aire acondicionado, baños en todos los camarotes, agua caliente ilimitada, varias piscinas, varios sitios donde comer fuera del restaurante asignado, etc. que antes, ni los mejores barcos ni los más ricos del planeta podían disfrutar.
Cuando subamos a cualquier barco pensemos en las maravillas que nos ofrece. Creo que si tuviesemos que escoger entre la decoración palaciega de la época y los servicios actuales con una decoración entre espartana y un poco hortera, no creo que dudásemos en escoger. Yo al menos, no.
También fijémonos en los precios. Los barcos antiguos tenían una pequeña 1ª clase, una segunda clase no muy grande y una tercera clase inmensa que financiaba a la 1ª que, en todas las navieras, daba pérdidas a pesar de que estaba al alcance de muy poca gente.
Por el precio que hoy pagamos, no podríamos ir antes en las clases superiores, sino en la bodega hacinados.
¡Benditos barcos de hoy!
De todas manera, creo que en no muchos años, compañias como la Venice Simplon Orient Express (VSOE) que explota antiguos vagones de ferrocarril reformados para que, manteniendo la apariencia externa, tengan las prestaciones que hoy esperariamos, hagan alguna réplica. A diferencia de los ferrocarriles de los que se conservan muchos vagones de lujo antiguos, no sucede lo mismo con los barcos.
Para dar una idea, por ejemplo, la VSOE ha montado las cajas de los vagones sobre chasis modernos por lo cual, aunque lleves una máquina de vapor, el tren tiene una suspensión excelente, cuando frena los vagones no van chocando sus topes (no tienen topes pues están unidos por un sistema actual), ni cuando arranca pega tirones, ni cuando frena chirrían los frenos. Todo es suave como en los trenes actuales, pero la decoración y ambiente es el antiguo; es una agradable experiencia bastante falsa pero que yo recomiendo para tomar o bajar del QM2 o QE2 en Southampton. Es caro, la comida no es lo que uno espera, pero la experiencia vale la pena.
Dado el crecimiento de la oferta de cruceros, no me extrañaría que ya estén trabajando en como hacer una réplica del ambiente de la 1ª Clase de algún barco antiguo pero con terrazas, etc. Se que estuvieron trabajando en hacer una réplica del Titanic, cuando la película, pero se dieron cuenta de que la primera clase saldría tan cara que nadie iría y tampoco encontrarían nadie para ir en tercera clase.
Un problema que se encontraban era que la decoración de la época no podría superar las exigencias de seguridad contra incendios en el mar que hoy son obligatorias y que están detrás de muchas soluciones de decoración de gusto, al menos, disctible. Yo no conozco a Joe Farcus, el decorador estrella del Grupo Carnival, pero no sé, hasta que punto, sus decoraciones intentan revivir las exageraciones decorativas de los barcos antiguos pero cumpliendo las actuales medidas antiincendios.
De todas maneras, hay un barco, el Deutchaland de Peter Deilmann, que mantiene el tamaño, la línea y la decoración de los grandes últimos transatlánticos. Ofrece esa experiencia, que aunque más sencilla que la de la primera clase de los barcos del primer tercio del siglo XX, también tiene su punto de nostalgia.
Me olvidaba, también tenemos un original un poco más moderno y menos barroco que es el QE2. Ir en él es también un delicioso viaje en la nostalgia, sobre todo si llegas a pie de barco en el VSOE procedente de Victoria Station. Todo es de otra época, desde la forma de servirte la mesa hasta los clásicos y tradicioneles problemas de fontanería de los baños.