Continúo con la escala de la isla Fiji...
De nuevo a la barca, camino de vuelta y nuevos rápidos aunque esta vez al ir a favor de corriente no fueron tan impresionantes. Parada en el poblado de Raiwanga para ver la ceremonia de bienvenida conocida como “ceremonia kava” que os contaré en una próxima entrega. Continuará….
Para presenciar la ceremonia kava tenemos que descalzarnos y entramos en una gran cabaña rectangular donde nos esperan los distintos jefes de varios poblados vecinos. Uno de los nativos trae el licor de la ceremonia (raíces machacadas y fermentadas del árbol de la pimienta) en el interior de una gran caña de bambú que vierte en un recipiente de madera en forma de cuenco. El jefe del ceremonial introduce unos trapos que se empapan del líquido y con sus manos estruja los trapos para escurrir el líquido en unos tazones de coco. Antes de que te den el tazón debes dar una palmada y después de beberlo (quién fue capaz de probarlo) debes dar otras tres palmadas. Yo me hice la despistadilla para no probarlo porque el trajín que se traía con las manos bien metidas en el recipiente no me animaba a aventurarme a probar el líquido. Los que lo probaron dicen que estaba amarguísimo.
Después de varias danzas rituales, nos sirvieron una comida (arroz, espinancas, pollo rarísimo, patatas picantísimas, pasta….) Yo preferí dedicar más atención a los postres y disfruté de papayas, piñas y melón.
Mientras que estábamos en la ceremonia cayó una lluvia torrencial y cuando terminó nos dejó una maravillosa y luminosa tarde.
De vuelta a la capital (Suva) nos dieron una vuelta por la ciudad que es bastante fea y sucia. El nivel de vida es muy bajo y el recuerdo de lujo que se suele tener de esta isla está en los resort a los que llega el turismo.
Y para la despedida volvimos a disfrutar de la banda de música que nos entretuvo cerca de una hora; todo el pasaje asomado en cubiertas y terrazas ondeando los pañuelos para despedirnos. Un bonito y emocionante espectáculo.