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Venecia Intima

Un perenne baile con las aguas. Se funde con el mar, sale de él como si fuera un capricho marino. Venecia permanece como un ensueño sobre las aguas.

Sin duda volar a Venecia por 55 miserables euros es una pecado demasiado tentador como para no caer de forma irremediable. El A320 de Volareweb, se aproximó de forma pausada entre una bruma estival, al atardecer al aeropuerto de Venecia Marco Polo en donde, la calima estaba dando sus últimos coletazos. Empapados de sudor, y rodeados de una turba heterogénea de turistas, mochileros, cruceristas, viajeros…nos dirigimos al Alilaguna, pequeño vaporetto que comunica la ciudad con el aeropuerto, y que cruza la laguna Veneta hasta la plaza San Marcos. Había visitado Venecia otras muchas veces, pero mi fascinación permanecía inmutable, a pesar del calor y el cansancio.

El aspecto de la laguna, era irreal. Anochecía, entre una gama de atolones, grisaceos, y unas aguas procelosas pero serenas. Las garzas volaban de forma pausada sobre las aguas, y se posaban en los postes de amarre de las embarcaciones, que avanzaban de forma tranquila. Mientras un grupito de yanquis atormentaba nuestros tímpanos, se hizo de noche y la barca avanzaba en total oscuridad. Poco o poco las primeras edificaciones se abrieron ante nosotros, semi-sumergidas, en medio de las aguas, como si de una ciudad de fantasía hubiese salido del fondo del mar. Dudo que la Atlántida, presentase un aspecto tan misterioso y cautivador a la vez. Palacios entre las aguas, iglesias, casas, puentes, todo descansando sobre el agua. Poco a poco, las luces se hacen más grandes y Venecia se hace realidad, mientras nuestra barca llega a San Marcos, en donde reinaba una tremenda expectación. Y detrás del decadente, pero renombrado Café Americano, en las pequeñas callejuelas traseras se situaba nuestra cutre pensión Ai do Mori.

VeneciaDespués de la experiencia de haber entrado en contacto con Venecia, como lo hacían los antiguos navegantes, por mar; los lúgubres detalles de la pensión, no merecen ser contados, salvo las empinadas escaleras, que conducían a nuestras “stanze” en el ultimo piso. Tampoco es muy difícil, cerrar los ojos, y conducir nuestra mente a una ensoñación como si en realidad, estuviésemos ascendiendo a una suite del Palazzo Danielli, verdadero capricho hotelero de la ciudad. No era tiempo de esperar, y sentíamos el deseo de fundirnos con la ciudad. Si todas las ciudades del mundo, son mágicas al anochecer, Venecia era algo especial. Alguien, con escasas dosis de sensibilidad puede encontrar, la nocturnidad como un elemento que marca la fealdad y abandono de Venecia, y que pone en relevancia las arrugas, desconchados y suciedades de los canales. Sin duda, Venecia es decadencia, descuido y tipismo; cosa que si todo estuviera primorosamente renovado, no tendría su encanto. La idiosincrasia latina, impone ropa colgada, poca luz, esquinas propias de conspiraciones, e historias secretas; pasos detrás, gatos mirando desde los recovecos, y luz delicada y mortecina. Por algo, es el lugar elegido por miles de parejas para hacer latir con mas fuerza sus corazones. El romanticismo se respira en el ambiente, y no hace falta hacerlo debajo del Puente de los Suspiros, icono del romanticismo ñoño, sino que cada esquina nos hace vulnerables a inflarnos de amor eterno.

La ventana del Ai do Mori, era una de esas con “vistas”, a los desvencijados tejados venecianos. No hay nada mas glorioso que despertarse con las campanas del Campanile que nos daba la bienvenida con una alegre repicar al amanecer. La plaza de San Marcos, presenta una cara más diáfana, y alegre que la noche anterior. La plaza se encuentra abrazando el mar, en perfecta fusión. No es difícil imaginar las velas al viento, de los barcos en los tiempos de la Venecia mercantil y los mercados en donde desembarcaban materias preciosas de Catai u otras tierras. Hoy es un escaparate, no solo de pomposos yates, vaporettos, sino de enormes trasatlánticos que pasan casi rozando la ciudad, de camino al puerto. 

La visión es sobrecogedora. Una doble fila de arcadas, rodean la plaza, frente a la atenta mirada de la fachada gótica de San Marco, y el Palacio Ducal mientras que el impresionante Campanile, cual policía impone su presencia y hasta cuida de la urbe. El ambiente es “molto vivace” como las composiciones, por la vitalidad no solo de las bandadas de palomas, turistas o actuaciones de la calle que deleitan a turistas de alto standing, que se sientan en las terrazas de los cafés de uno de los entornos más estéticos de la tierra. Pero el lujo se paga, sobre todo el tradicional Café Florian, en donde la gente guapa local y turistas adinerados, se dejan ver. Y por supuesto, gafas de sol a doquier, icono chulazo de moda italiana.

No hay nada mejor que callejear, a golpe de helados, focaccias y demás delicadezas culinarias. Y a pesar de que el calor merma nuestras ansias viajeras, no cuesta mucho meterse en situación y vivir con intensidad cada esquina, recodo y escena. Cada canal nos parece el más hermoso, cada encuadre el perfecto, y cada monumento insuperable. Hay que dosificar las emociones, para no caer en la fatiga. Cualquier esquina, es ideal para una cabezada revitalizante que nos permita continuar la marcha. Venecia es algo más que un compendio perfecto y cautivador de palacios, iglesias, puentes, monumentos, y uno de los cascos históricos más perfectos del mundo. Sin duda, lo que le confiere un aspecto insólito, es su ligazón con Neptuno, su aspecto acuático; aguas que son su ruina y su salvación a la vez. Es del todo normal, que la ciudad sea una pura filigrana monumental, ya que durante muchos años, los ricos comerciantes venetos la mimaron, adornaron y convirtieron en el centro de poder más importante del Mediterráneo.

Por otro lado, su situación dentro de la Laguna Veneta, la hicieron casi inexpugnable. Si en condiciones normales, el arte y la sensibilidad rezuma desde cada fachada multicolor, este factor agua la hace única. El agua lo domina todo, lo invade todo, y toma cada una de sus esquinas como botín de guerra. Agua que además de su tipismo, confiere a la ciudad problemas insalvables como la escasa salubridad de sus canales, el daño permanente a sus estructuras, las mareas altas, la incomodidad urbana que impide cualquier funcionamiento racional. Sin embargo, el agua guarda celosamente su tesoro y se funde a la ciudad en un baile de vida y muerte.

La primera impresión es que una enorme inundación ha invadido la urbe, pero sin embargo, creo que la impresión más fundada es que Venecia flota en inestable equilibrio sobre las aguas, a veces con increíbles equilibrios de muchas inclinadas y desgastadas fachadas. Sin embargo, los venecianos, se crecen ante las dificultades, y han sabido adaptar el ritmo urbano al agua, y donde había buses, hay renqueantes y suturados vaporettos, taxis acuáticos, los bomberos llegan en barco, la policía en rápidas motoras, y el trafico “acuático” es incluso regulado por semáforos.

Sin duda un urbanismo único, y muy pausado, que hace que la vida en Venecia transcurra tan lenta como las oscilaciones del agua que lame las monumentales piedras. Hay vistas gloriosas como el puente de la Academia, casi en la boca del gran canal, y en donde se contempla la Iglesia de la Santa Croce, que debe verse cuando su mármol blanco se tiñe de rojo al anochecer, o la vista de San Giorgione desde la Plaza San Marco; y por supuesto, el Canal de la Giudecca con la fila de casitas típicas, al otro lado de la orilla. Pero Venecia es saturación de estética, allí donde mires. Cada parte posee su propia personalidad. San Marco, es la zona pija, turística y bulliciosa de la ciudad, donde dominan las pequeñas tiendas especializadas de cristal, papel, los delicatessen, los coquetos y pijos cafés y los mercados de fruta. La visión desde el Puente Rialto, con infame y sobrenatural historia, por la cual los Venecianos lo construían, y el diablo lo destruía, hasta tomar el alma de la familia de su arquitecto final, nos muestra un espacio abierto y muy animado.

VeneciaDursoduro es la zona más bohemia y cultural mientras, el tipismo local se puede ver en Campoloungo, en donde se respira como realmente viven los venecianos. Si Venecia es magia. La Isla de Burano, representa una refrescante sorpresa ya que poco se asemeja a la urbe. Antigua isla de pescadores, y aldea de canales idílicos, sus casitas multicolores, iluminadas por los últimos rayos del día, me hacen recordar una caja llena de gominotas o chucherías. Parece mentira que tan cerca del bullicio, el entorno sea tan pacifico, bucólico y relajado a la vez. El segundo día de nuestro mini viaje fue dedicado a la vecina y romántica Verona. La ciudad no es famosa por ser la urbe de la potente familia Scaligeri, su arena operística o su impresionante casco histórico, sino por la turistada de ser la ciudad de Romeo y Julieta. Pero no debemos llamarnos a engaño. El famoso y más fotografiado balcón del mundo; el de Julieta, no corresponde a la realidad, sino que el edificio fue una antigua posta medieval.

Sin embargo, el hecho de que Shakespeare haya retomada un historia de amores y desamores, y la haya hecho inmortal fue la excusa perfecta para que las avispadas autoridades turísticas, hayan montado un tinglado insuperable. Sin embargo, Verona tiene los suficientes recursos para ser una meta turística de primer orden; un casco histórico muy conservado, la arena, plazas compactas llenas de palacios, el Castillo y Puente Scaligero, la curiosa catedral, vestigios de sus murallas, y sobre todo un ambiente selecto y deliciosamente provinciano. No obstante, Venecia nos esperaba para despedirnos, y meternos de nuevo en su mágica noche. Con sus canales iluminados por la luna, sus gondolieri, su ropa colgada en los barrios populares y su placidez dormida. Cuesta acostarse, y nos quedaríamos toda la noche vagando por cada una de sus esquinas. Sin embargo, el día siguiente nos ofreció todavía las ultimas oportunidades para relajados paseos en Vaporetto, y para ver a la “dama acuática” desde su elemento natural: el agua.

Venecia 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Venecia

 

 

Modificado por última vez en Domingo, 30 Diciembre 2012 00:25
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